sábado, 4 de septiembre de 2010

EL REPIQUE DEL DESGARRAMIENTO Y HOMENAJE EN VIAJAR DE LA CENIZA DE ANDRE CRUCHAGA

Luis Alberto Ambroggio, [Fotografía de Nicole Chávez]


Luis Alberto Ambroggio
Academia Norteamericana de la Lengua Española



EL REPIQUE DEL DESGARRAMIENTO Y HOMENAJE EN VIAJAR DE LA CENIZA DE ANDRE CRUCHAGA


Viajar de la Ceniza/Voyage à travers les Cendres (El Salvador: 2010, 93 pags.). Este conjuro de emociones de un auténtico artesano y promotor de la poesía, es un preludio, un presagio, un morir por adelantado la muerte de otro, de un ser profundamente querido, en este caso específico el de su madre, personificación con nombre y apellido de la ternura. Se siente como un repetido desagarramiento elegíaco, con el repique y su eco, de imágenes, de geometrías de espejos, que expresan de muchos modos y al mismo tiempo de un mismo modo, el sentimiento del yo poético, al tocar íntimamente la humanidad de la experiencia que está viviendo y, de esa manera, nos toca a todos. Con los versos epigráficos del poema XIII de Sólo la voz de Hugo Lindo:

Y esto es vivir, Manzana del Mar Muerto,
Fragancia de la tarde,
Tersura de la piel,
Vibración del espamo:
Esto es vivir.
Morir cada minuto,
Viajar de la ceniza a la ceniza
Oculto, sí, pero infalible y poderoso.

Nos introduce Cruchaga a la experiencia de esa muerte, después de la cual pareciera no existir otra. Esa muerte que nos equilibra y nos va escribiendo en la vida; tema que recoge en el título de dos de sus poemas, ecos de glosas populares, “La mayor parte de la muerte siento” y “Quien vive, muere”. Algo así como lo que consiguió Dylan Thomas en su poemario Autumn Sequel, expresando y sintiendo el fondo vital de la relación entre la vida y la muerte, resignado a la pobreza lingüística que experimentaba ante el hecho de la muerte. Pero André Cruchaga, “el poeta que habla con la muerte”, recurre con su maestría del arte poético, a todos los artificios del lenguaje, a la amplia gama de posibles referentes, imágenes, metáforas y alteridades para poetizar esta difícil vivencia de “La muerte que venía”. La describe en el poema:

Luciérnaga de sangre coagulada. Viento helado
Bajo el suplicio de una luz sin caracoles.
Bosque de cipreses apagados. Bosque negro
Negro silencio del polem multiforme.

Asombro negro. Negra gaviota del crepúsculo.

Haces callar con la lengua muda de los candelabros
Esa voz ardiente de las alas.

Los poemas que siguen exploran las aproximaciones experimentadas ante la inminencia de la muerte como acontecimiento en desarrollo, como evento revelador y transformante, encarnado en la figura materna, en quien está basado y a quien está dedicado este poemario “con certeza de amor intemporal”. A partir de “El mismo rostro” (¿Alguien puede detener la menuda sílaba de lo fugaz,/Y el aroma del beso cuando llueve alelíes?), “El cordero de la muerte” (Se vuelve trino de escombros… ), “Ceniza eres, ceniza de todos”, “Fruto de la tierra”, “Lamentaciones de mi madre” (Inertes ya mis alas, la tentación del abismo), “Respiración final” (Raíz muriendo, tierra gris de la jornada), “Boceto de la muerte”, “Eternidad efímera”, “Ensayo de una visión”, “Cenizas misteriosas”, “La vida como un vuelo” (De la vida a la muerte solo hay un paso;/…/Al final un fuego insomne desvela la niebla/…/La voz ida se convierte en asombro;/Y el cuerpo en remota memoria de pupilas…), “Resplandor ultimo” (Otra vez he de bajar al abismo del tiempo/…/Y hoy es ceniza lo que fue carne y hueso…), “Lección simbólica” (Yo la vi luminosa desde mi infancia/.../Su luz se cierra silenciosa), “Certeza inconfesable”, “Casa sola”, “Pasado inútil”, “La vida fluye río abajo”, “Elegía última”, “Honda luz”, “Dialéctica del tránsito” (El viaje de golpe y sin sandalias/Quema el surco de andar sobre las aguas). “Canción sin oído”, “Verdad presentida”, poemas que en su mayoría acaban significativamente con puntos suspensivos.

Como señala María Eugenia Caseiro en su prólogo al poemario, “el autor esgrime sus cuitas empleando una suerte de enumeración casi iterativa a lo largo de los textos” que le trae a la mente “el soneto 6 de Hernández, cuyo verso final resume las desazones de este trabajo de Cruchaga: ¡cuánto penar para morirse uno!.”

Si en la afirmación canónica de que todos los poemas son o poemas de amor (eros) o poemas de muerte (thanatos), este poemario es una unidad de ambos en una lamentación polisémica del amor herido por la lenta, irrevocable experiencia de la muerte. Luego de la “Noche final” (que el poeta escribe en la Voz de su madre): Ya he olvidado los recuerdos/Paredes sin memoria bordan los ladrillos/…/La soledad de los espejos calla en su abismo,/Las pupilas rasgan el ámbito de la Nada/…, llega el desenlace el “Día 28 de Mayo”: Se ha ido hoy con ese pálido frío de lo inasible;/Su corazón ha callado…/Hoy te me has ido como se va el campanario/Del Alba…/Es partir sin gozo y avivar la sed con cicatrices;/Desgarrar la entraña en el dintel de la esperanza/Y abrir el silencio de una luz muda sin guitarras… Pero el poeta recupera en los poemas finales la vida y el amor después de la muerte: Hoy estás entre pájaros de luz;/…/íHoy estás toda de nuevo, como un surtidor/De la caricia! (del poema “Ahora la luz vuelta cielo”) y La tumba vacía es sólo un pájaro sobre la piedra (del poema “Vencimiento de la muerte”), enraizados e iluminados en la fe bíblica de la inmortalidad y resurrección, cerrándose el poemario con un regalo poético al autor en francés bajo el título “La fleur dans las cendres”, que nos remonta a la alegoría del Ave Phoenix. Con el texto y los paratextos, la esfera se cierra y se abre, en la unidad dinámica de este poemario sensible, profundo y que involucra a la audiencia, al lector en la experiencia de lo poetizado: a partir de la última página se presiente que ya es otro el repicar de los versos hacia el futuro, el amor que vence a la muerte eternamente, como lo discutí previamente en el ensayo “La muerte del tiempo” del poemario El testigo se desnuda (Madrid: 2002). Repiques filiales ahora de versos que son un homenaje a su madre que es “Ahora la luz vuelta cielo”. André Cruchaga una vez más consiguió literaria y humanamente en Viajar de la Ceniza lo que siempre ha sostenido: “Todo poema auténtico, nace de la emoción, del sentimiento, de los valores sustentados por el poeta en su trance de materializar la vida interior: los gozos o los desgarramientos” y se multiplica por dos, en la reencarnación al francés de esta edición bilingüe.

Washington, DC, 4 de setiembre de 2010.


©Luis Alberto Ambroggio
ACADEMIA NORTEAMERICANA DE LA LENGUA

miércoles, 11 de agosto de 2010

ECO DAMUNT DE LA PEDRA DE L’ESCUMA/ECO SOBRE LA PIEDRA DE LA ESPUMA

De bategar i fondre’m estic cansat. De suar la foscor estic
Cansat. De recordar sense aixopluc està feta aquesta orfenesa
De les sabates. Els carres cecs engoleixen el meu alé.
El rovell mossega la porta de la carn. L’enderroc és un catecisme
Propens al bulliment de les baldes.
Fotografía de Jerry Uelsmann








ECO DAMUNT DE LA PEDRA DE L’ESCUMA
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó








And I forget
Just why I taste
Oh yeah, I guess it makes me smile
I found it hard
It was hard to find…
NIRVANA, [SMELLS LIKE TEEN SPIRIT]







De bategar i fondre’m estic cansat. De suar la foscor estic
Cansat. De recordar sense aixopluc està feta aquesta orfenesa
De les sabates. Els carres cecs engoleixen el meu alé.
El rovell mossega la porta de la carn. L’enderroc és un catecisme
Propens al bulliment de les baldes.
Què hi ha darrere d’aqueix eco de l’escuma damunt de la pedra?
—Maromes on no es poden penjar hamaques, ni tan sols
La promesa puntual dels espills.
En el llim de la consciència, no hi ha llei diàfana que valga,
Ni agonia més perversa que els miralls.
Mosseguem l’embut de les promeses estranyes, —aqueixa sort de voler
Filtrar les síl·labes en el fum, en l’escuma,
Com si la mà pogués florir per sí mateix.
La vida, sovint, és una mena de telefonia muda: una pedra
De fangoses transpiracions, una mà sense dits, una bassa de llits
No compartits. Una enruna de sal sense enhorabones.
—Valga’m, almenys, la fortuna d’ésser viu:
No sempre desentranyem la reciprocitat de magatzems i armaris de paret;
No sempre trobem la música adient en els crisantems.
No sempre l’emoció és germana del bon auguri.
Caminem a peu i descalços damunt dels ixcanals.
Damunt del còdol que ens aguaita en secret, damunt de la pedra agrest
Que repeteix i duplica les parets, damunt del cuir adobat del llot
Indesxifrable. Damunt d’allò que mai s’enllumena, encara que caiga el llamp
I trenque amb les temples i el tafetà de les pestanyes.
Devem renunciar fins i tot a la volença de la nit. Als missatges
Destinats a nosaltres al coixí. —És necessari desconfiar
De tot: de l’ull cec i pertorbat dels records, del fluir de la ràfega
Davant de la nostra casa: —és a dir, d’aqueixa ràfega que trenca l’ànima
I et fa vulnerable en la intempèrie.
Ara dec descreure de la polida taula i ara, del miccionar
A la gatzoneta o a cel ras, damunt de les fumaroles del fum o les onades.
Mai no sabem si l’escuma és una postil·la damunt de la pedra,
O un simple ornament del quequeig de les enfiladisses del pit.
Mai no acabem de capir l’hora domèstica del zodíac,
El desencert transversal dels rellotges,
El plural armari dels laberints,
—aqueixa forma d’abandonar-se en la precarietat total de la serradura. Mai
No se sap, al capdavall, cap a on se’n van els ecos d’allò viscut,
Cap a on el menjadiners dels reductes,
La declaració de l’afeixugament,
Aquesta manera d’abdicar en la flama de la pluja, amb les mans buides.
De sobte, ja no podem esperar dies millors, ni renàixer
En els somnis. Ja no es pot confiar en l’altaveu del subconscient.
Ja no quan tot el misteri el consumeix la gran nit del sentit
I queda desvelat el mausoleu o la catacumba.
Barataria, 11.VIII.2010








ECO SOBRE LA PIEDRA DE LA ESPUMA








And I forget
Just why I taste
Oh yeah, I guess it makes me smile
I found it hard
It was hard to find…
NIRVANA, [SMELLS LIKE TEEN SPIRIT]









De latir y fundirme estoy cansado. De sudar la oscuridad estoy
Cansado. De recordar sin refugio, está hecha esta orfandad
De los zapatos. Las calles ciegas tragan mi aliento.
La herrumbre muerde la puerta de la carne. El escombro es un catecismo
Propenso al hervor de las aldabas.
¿Qué hay detrás de ese eco de la espuma sobre la piedra?
—Maromas donde no se pueden colgar hamacas, ni siquiera
La promesa puntual de los espejos.
En el limo de la conciencia, no hay ley diáfana que valga,
Ni agonía más perversa que los espejismos.
Mordemos el embudo de las promesas extrañas, —esa suerte de querer
Filtrar las sílabas en el humo, en la espuma,
Como sí, como si la mano pudiese florecer por si sola.
La vida, a menudo, es una suerte de telefonía muda: una piedra
De fangosas transpiraciones, una mano sin dedos, una balsa de lechos
No compartidos. Un escombro de sal sin parabienes.
—Válgame, al menos, la fortuna de estar vivo:
No siempre uno desentraña la reciprocidad de almacenes y alacenas;
No siempre uno encuentra la música apropiada en los crisantemos.
No siempre la emoción es hermana del buen augurio.
Caminamos a pie y descalzos sobre los ixcanales.
Sobre el guijarro que nos espera en sigilo, sobre la piedra agreste
Que repite y duplica las paredes, sobre el cuero curtido del lodo
Indescifrable. Sobre lo que nunca se alumbra, aunque caiga el rayo
Y rompa con las sienes y el tafetán de las pestañas.
Uno debe renunciar has a la querencia de la noche. A los mensajes
Destinados a uno en la almohada. —Hay necesidad de desconfiar
De todo: del ojo ciego y perturbado de los recuerdos, del fluir de la ráfaga
Frente a nuestra casa: —es decir, de esa ráfaga que rompe el alma
Y te hace vulnerable en la intemperie.
Ahora debo descreer de la atildada mesa y altar, del miccionar
En cuclillas o a cielo raso, sobre las fumarolas del humo o el oleaje.
Uno nunca sabe si la espuma es una apostilla sobre la piedra,
O un simple adorno del tartamudeo de las enredaderas del pecho.
Uno nunca termina por entender la hora doméstica del zodíaco,
El desatino transversal de los relojes,
El plural armario de los laberintos,
—esa forma de abandonarse en la precariedad total del aserrín. Nunca
Se sabe, después de todo, hacia dónde van los ecos de lo vívido,
Hacia dónde el tragamonedas de los reductos,
La declaración del agobio,
Esta manera de abdicar a la flama de la lluvia, con las manos vacías.
De pronto, uno ya no puede esperar días mejores, ni renacer
En los sueños. Ya no se puede confiar en el altavoz del subconsciente.
Ya no cuando, todo el misterio lo consume la gran noche del sentido
Y queda desvelado el mausoleo o la catacumba.
Barataria, 11.VIII.2010
_________________
André:Un poema que da de sí. Un poema que se debate, se ovilla y desovilla para volver de modo recurrente a la visión tormentosa de la vida. Una visión personal, muy tuya y que acaba por ser paradigma de tu poesía. Y, como siempre, un poema largo de a trallazos en que principio y fin se identifican substancialmente. Así, las coordenadas del mausoleo o la catacumba -últimamente reaparece con frecuencia esa vida interior soterrada, subterránea- del verso zaguero se alinean con los vaivenes y remolinos de la superficie en el título más que significativo por su aporte en haz exo. Y habría que atenerse en la búsqueda de una larga tradición en donde el símbolo matriz de la "piedra" cobra vida: eco, palpitación, rumor. Y, si bien la piedra animada, puede responder a la reverberación de la caracola -el teléfono del juego de niños que el poeta se reivindica-, la presencia metonímica del mar está servida. Una piedra, como se temía, por ejemplo Rubén Darío, la piedra sensitiva. Al fin y al cabo, el maestro no hacía más que revirginizar la lexia expresiva de base metafórica: "el corazon de piedra". Pero ahora no sólo es piedra que palpita, capaz de sentir y sufrir, es piedra que lleva y trae las olas -las ondas- el rumor profundo del mar.

Si somos capaces de "comprender" -ley de la aceptación, Bousoño dixit- mediante los complejos mecanismos transracionales, por ejemplo, el ámbito de las analogías y la base panteísta que las sustentan, ya no tendremos por qué quedarnos siempre en el análisis del poema -y del sentido- de sesgo surrealista, al menos no cabrá hablar de manera socorrida del surrealismo academicista. Pero ése es otro cantar, una etiqueta que siendo rica queda demasiado estrecha para la definición totalizadora de poema en André Cruchaga.

***La cita de Nirvana resitúa los ecos a través de la música del sentido. Una dimensión que le permite al amigo Cruchaga alargar los plazos a través del humor ácido -bromera de espuma- sin tratar de soslayar cierto descreimiento. Olvidarse de por qué saboreamos. Tarea difícil, tanto como lamer una piedra esperando que el friegue del ápice de la lengua nos envíe las señales oportunas: las respuestas papilares que certifiquen que estamos vivos.
Pere Bessó

domingo, 1 de agosto de 2010

PA EN L’OMBRA DE LA FOLLIA/PAN EN LA SOMBRA DE LA LOCURA

Es preferible así, no ver en la claridad, sino en la sombra gris o negra
Del pan imposible de los paraguas. El pan del fuego luce amarillo.
Vagos túneles acarician el crepúsculo, vagas manos humean
En el horno de los sueños, —en el tejado olvidado de los sombreros
Que están en reposo o muertos de cansancio.
Imagen tomada de la red








PA EN L’OMBRA DE LA FOLLIA








Quisiera estrenar la vida cotidianamente
practicar el simultaneísmo estético-accional
y oprimir todas las mañanas
el resorte de horizontes dispares…
GUILLERMO DE TORRE







Es preferible així, no veure en la claror, sinó en l’ombra grisa o negra
Del pa impossible dels paraigües. El pa del foc lluu groc.
Túnels vagues acaronen el crepuscle, vagues mans fumegen
En el forn dels somnis, —en el teulat oblidat dels capells
Que resten en repòs o morts de cansament.
És una follia estar seré contemplant el calendari amb varices;
És una follia pensar el pa amb la nitidesa de l’arc del cel.
És una follia riure’s, encara suplesquen d’alguna manera les vitamines.
La gatzara és racional: corromp la intimitat de l’interior
Dels cantons, la porta del tedi, enmig del tedi dels carrers.
És una follia el pa sense respiració. O respirar només la idea
En una nit de llunes desordenades.
Cap a quin temps de peixos amargs ens duu l’hora d’excessius
Genolls, la immisericòrdia de la farina, abstracta multiplicació
De no sé quin diluvi, matemàtica absurda de la intempèrie.
Sempre restar ha estat una proesa. Ser, un compliment major enmig
Del bosc. No del bosc, sinó del llogaret que ens menja l’alegria.
No del pa, sinó de la fam com un filferro envellit.
No del dia, sinó de la cendra llarga del firmament, durable com
La pústula impossible de guarir. Certa com el dia o una placenta insomne.
Però, i què d’aquesta irreparable racionalitat, cadàver inevitable
I insepult, damunt del que hem de cavalcar amb la brida de les illades
A ple pulmó. Hi ha dies que són menys utòpics que les anques
D’una granota amb salsa anglesa Mccormick i maonesa i tomates
I cebes i celiandre. També hi ha paraules més afortunades que els
Periòdics, que el vertader gaudi de mossegar les estrelles.
Hi ha silencis vibràtils en el pa envellit en bosses plàstiques.
La claror desapareix quan la fam s’encabrita en la muntura
De les lloses. En l’escala sorpresiva de la panolla.
Al cap i a la fi em sembla obscé el lleny convertit en carbó, —aquesta ombra
Voraç de sempre, el perpetu ull cremant-se en el bastó de la set.
Sovint les parets consumeixen tota la molsa de les temples.
El pa oxidat per la confusió, l’albir herètic dels contraris,
La pellofa de segó sense sucre al coixí,
Aquesta follia del cine mut de Chaplin, l’esclafit habitual i sinuós
De les penitenciaries, els espills trencats en la memòria.
De res no em serveix la farina invertebrada dels cadàvers. Ací descansen
Els dards de les ungles, les mosques com cometes armats.
De res no em serveix el trellat en aquesta idiotesa de felina femta.
Baratària, o1.VIII.2010









PAN EN LA SOMBRA DE LA LOCURA








Quisiera estrenar la vida cotidianamente
practicar el simultaneísmo estético-accional
y oprimir todas las mañanas
el resorte de horizontes dispares…
GUILLERMO DE TORRE









Es preferible así, no ver en la claridad, sino en la sombra gris o negra
Del pan imposible de los paraguas. El pan del fuego luce amarillo.
Vagos túneles acarician el crepúsculo, vagas manos humean
En el horno de los sueños, —en el tejado olvidado de los sombreros
Que están en reposo o muertos de cansancio.
Es una locura estar sereno contemplando el calendario con varices;
Es una locura pensar el pan con la nitidez del arco iris.
Es una locura reírse, aunque suplan de algún modo las vitaminas.
El bullicio es racional: corrompe la intimidad del interior
De las esquinas, la puerta del tedio, en medio del tedio de las calles.
Es una locura el pan sin respiración. O respirar sólo la idea
En una noche de lunas desordenadas.
¿Hacia qué tiempo de peces amargos nos lleva la hora de excesivas
Rodillas, la inmisericordia de la harina, abstracta multiplicación
De no sé qué diluvio, matemática absurda de la intemperie.
Siempre estar ha sido una proeza. Ser, un cumplido mayor en medio
Del bosque. No del bosque, sino de la aldea que nos come la alegría.
No del pan, sino del hambre como un alambre envejecido.
No del día, sino de la ceniza larga del firmamento, durable como
La pústula imposible de curar. Cierta como el día o una placenta insomne.
Pero, y qué de esta irreparable racionalidad, cadáver inevitable
E insepulto, sobre el que hay que cabalgar con la brida de los ijares
A todo pulmón. Hay días que son menos utópicos que las ancas
De una rana con salsa inglesa Mccormick y mayonesa y tomates
Y cebollas y cilantro. También hay palabras más afortunadas que los periódicos, que el verdadero gozo de morder las estrellas.
Hay silencios vibrátiles en el pan añejado en bolsas plásticas.
La claridad desaparece cuando el hambre se encabrita en la montura
De las losas. En la escalera sorpresiva de la mazorca.
Al final me parece obsceno el leño convertido en carbón, —esta sombra
Voraz de siempre, el perpetuo ojo quemándose en el bastón de la sed.
A menudo las paredes consumen todo el musgo de las sienes.
El pan oxidado por la confusión, el albedrío herético de los contrarios,
El afrecho sin azúcar en la almohada,
Esta locura del cine mudo de Chaplin, el estallido habitual y sinuoso
De las penitenciarias, los espejos quebrados en la memoria.
De nada me sirve la harina invertebrada de los cadáveres. Ahí descansan
Los dardos de las uñas, las moscas como cometas armados.
De nada me sirve la cordura en esta idiotez de felino estiércol.
Barataria, o1.VIII.2010
___________________
APOSTILLA, POR PERE BESSÓ
De nuevo te eleva, amigo Cru, el onirismo surrealista resuelto en un vasto campo asociativo generador de metáforas en haz a partir de una palabra tan sencilla y honesta como pan. Un pan, nuclear, simbólico nutriente del poeta que acaba siendo cascarilla del salvado o fiemo de gato.

Querido Cru, has de saber que mi papá me contaba que en la postguerra, dada la pobreza y carestía, era común el pan de cascarilla o el pan de cortezas de naranja o de peladuras de patatas...

Un 'pan' que asocias al alimento de los sentidos y, en particular, al de la vista, aunque sea cocido en el horno de los sueños y referente de milagros multiplicadores de panes y peces. Vuelves, pues, a una temática que nunca abandonas, sinó que la iteras y haces compulsiva, en ocasiones, como cuando recreas el cojín donde apoyas esos remedos de la locura. Eso permite todas esas premisas insistentes como una salmodia en cine mudo. Me encantó, amigo, esa imagen evocadora de Chaplin con la que identificas escenas de cine y poemas, mudos y solidarios a la vez. La escena de los presos queda en la memoria del niño que nunca dejamos de ser. Porque, en definitiva, Cru, anidamos a la sombra de hermosos túneles sin salida, salvo la memoria.

Un poema, pues, que remite al dicho castellano irreverente, al que hay que darle el envés: Con tu pan te lo comas.

Y es que no hay otro, y no hay vitaminas, sólo acaso, ay, ensalada de cilantros.
PereBessó

domingo, 25 de julio de 2010

POSTIL•LA AL PEU D’UNA ELEGIA/APOSTILLA AL PIE DE UNA ELEGÍA

Res no resta d’aquelles racions de llum, llevat dels llacs de les ninetes.
El riure fou menja sense pietat del temps.
A la demència punxant, li plouen cards, enfebrides nits
De paraules, dies sense prosòdia que no poden donar primers auxilis,
Ni un per què de le hores defallides
Grabado de André Masson








POSTIL·LA AL PEU D’UNA ELEGIA







Igual que largos ecos que a lo lejos se confunden
en una tenebrosa y profunda unidad,
vasta como la noche y como la claridad,
los perfumes, los colores y los sonidos se responden.
CHARLES BAUDELAIRE








Res no resta d’aquelles racions de llum, llevat dels llacs de les ninetes.
El riure fou menja sense pietat del temps.
A la demència punxant, li plouen cards, enfebrides nits
De paraules, dies sense prosòdia que no poden donar primers auxilis,
Ni un per què de le hores defallides
En la raó penúltima del lletreig. Possesa la pedrera de l’enigma
Entre els llavis, el mar que, cavall, es tornà peltre, ferradura
Sense comportes, coll groc de latrines oblidades.
A la llinda la vibració inefable de les culleres. —la llum que fou
Gramàtica i intel·ligència, la llum que semblà totpoderosa enmig
De les aigües, la llum que ara és misèria d’embut.
Sempre hi hagué goig per la vicissitud i l’avidesa sense sentit
Del rovell, per la concavitat de traus i botons, pel coll
Gris de les frontisses, i la mitja nuesa de les alforges.
Res no ens resta del món, llevat del suïcidi, —la branca de l’esperma
En el fèretre, la saviesa consumida en el cresol de mitjanit
Amb el seu badall de ritu tranuitat.
Al peu de les sabates mai no fou solemne el llenguatge.
Sempre les distàncies han desbaratat els meus sentits fins a
Cegar els camins transitats pels braços.
Mai no sabí si gaudeix la rosada en la pinta dels llumins, el pa urgent
Del vent, el marasme del bulliment en el soterrani dels paraigües.
Sóc un poeta trist, sense el·lipsis, ni hipèrboles, sense pronunciamients,
Només aquest fil agònic de les paraules,
Només el palpebreig de la sal que obri la meu porta. No tinc cap
Salconduit que em done monedes per a la meua butxaca, ni tota l’aigua
Per a llavar el rovell acumulat en les vèrtebres.
Damunt de les parets s’alcen, cegues cambres sense gavetes,
Manuals sense boques, mobles de fàstic i arna embriagada.
—Cap a on descórrer l’ombra del badall, el port sense fronteres,
La perversitat del costum homicida, les entrades de l’esbufec?
Als vestíbuls espera el cavall de la mort: no és un joc
El parrac en els temps de menjar, cap al llit amb passadissos
Sòrdids, sostenent en allò pròfug, l'angoixa.
Sé que hi ha necessitat de llànties o torxes per a transitar per
Aquest màstic de l’acabament, per aquest hivern de hienes,
Per aquesta hamaca del desvetlament. —Serem, —tu i jo— la postil·la
Enmig de l'eixam, aqueix terreny mutilat de la fugida,
Aquell ermot desarmat de les balances, aquest mapamundi confinat
De les ombres, la soga al coll de la canella.
Mai no tornarem a ser els mateixos després de la nostra pèrdua.
Baratària, 26.VII.2010









APOSTILLA AL PIE DE UNA ELEGÍA








Igual que largos ecos que a lo lejos se confunden
en una tenebrosa y profunda unidad,
vasta como la noche y como la claridad,
los perfumes, los colores y los sonidos se responden.
CHARLES BAUDELAIRE









Nada queda de aquellas raciones de luz, salvo los lagos de las pupilas.
La risa fue comida sin piedad por el tiempo.
A la demencia punzante, le llueven cardos, enfebrecidas noches
De palabras, días sin prosodia que no pueden dar primeros auxilios,
Ni un porqué de las horas desfallecidas
En la razón penúltimas del deletreo. Posesa la cantera del enigma
Entre los labios, el mar que, caballo, se tornó peltre, herradura
Sin compuertas, amarillo cuello de letrinas olvidadas.
En el umbral la vibración inefable de las cucharas. —la luz que fue
gramática e inteligencia, la luz que pareció todopoderosa en medio
De las aguas, la luz que ahora es miseria de embudo.
Siempre hubo gusto por la vicisitud y la avidez sin sentido
De la herrumbre, por la concavidad de ojales y botones, por el cuello
Gris de los goznes, y la media desnudez de las alforjas.
Nada nos queda del mundo, salvo el suicidio, —la rama de la esperma
En el féretro, la sabiduría consumida en el candil de medianoche
Con su badajo de rito trasnochado.
Al pie de los zapatos nunca fue solemne el lenguaje.
Siempre las distancias han desbaratado mis sentidos a tal punto
De cegar los caminos transitados por los brazos.
Nunca supe si goza el rocío en la peineta de los fósforos, el pan urgente
Del viento, el marasmo del hervor en el sótano de los paraguas.
Soy un poeta triste, sin elipsis, ni hipérboles, sin pronunciamientos
Más que este hilo agónico de las palabras,
Más que el parpadeo de la sal que abre mi aorta. No tengo ningún
Salvoconducto que me dé monedas para mi bolsillo, ni toda el agua
Para lavar la herrumbre acumulada en las vértebras.
Sobre las paredes se levantan, ciegas habitaciones sin gavetas,
Manuales sin boca, muebles de hastío y embriagada polilla.
—¿Hacia dónde descorrer la sombra del badajo, el puerto sin fronteras,
La perversidad de la costumbre homicida, los zaguanes del resuello?
En los vestíbulos espera el caballo de la muerte: no es un juego
El andrajo en los tiempos de comida, hacia la cama con pasadizos
Sórdidos, sosteniendo en lo prófugo, la congoja.
Sé que hay necesidad de lámparas o antorchas para transitar sobre
Este almácigo del acabamiento, sobre este invierno de hienas,
Sobre esta hamaca del desvelo. —Seremos, —vos y yo— la apostilla
En medio del enjambre, ese terreno mutilado de la huida,
Aquel páramo desarmado de las balanzas, este mapamundi confinado
De las sombras, la soga al cuello de la canela.
Jamás volveremos a ser los mismos después de nuestro extravío.
Barataria, 26.VII.2010




Que ya es jodido, Cru, la rama del esperma en el féretro. Vaya apostilla! Y vaya uso de cita de las correspondencias baudelaireanas! Ni siquiera algún haz de luz, alguna ola de maren esa continua transgresión del vivir en precario en la escritura. Miseria de embudo, dices. Poeta triste, sin elipsis, hipérboles ni pronunciamientos, dices. Bueno eso ya es más que discutible -o matizable, de la nuance, mon ami!- en ti, poeta de la salmodia y la acumulación como efectos disuasorios más que como puro ornamento.

Pero te diré más: no hay vuelta atrás. No hay paraíso al que volver desde la "gramática" y la "inteligencia". Qué más quisiéramos en ocasiones que volver al poeta niño y poder deletrear cada palabra de cada verso y de cada poema. Quizás así podríamos recuperar la alquimia de que hablaba l'enfant terrible, el amante de Les voyelles; quizás así podríamos recuperar el perfume de la carne joven y el sahumerio fuerte y narinal del almizcle de puta vieja. Ay, la Fanfalo del poeta del Albatros. Aquella mujerzuela capaz de filosofar entre copas de absenta: "el recuerdo no es más que un nuevo sufrimiento"...

Y sigues -vate, orate fratres- con tu sentido de la sal. En la doble acepción de percepción y pellizco o dedal de. La sal bíblica o sal marina contra los hierbajos, julios y cizañas que amenazan el poema. Tu sal no sólo es mantenimiento, sino también perversión, conjuro y confín. Sal para el vestíbulo de la casa; sal para el cojín orejero de los sueños; sal para la tapa del féretro; sal para el frontispicio y belfos de caballo de la mar del poema.

Un abrazo.

Pere Bessó,
Valencia, España, 25.VII.2010