martes, 12 de octubre de 2010

CAMPANARIO DEL OMBLIGO-COMENTARIO Y TRADUCCIÓN AL CATALÁN POR PERE BESSÓ

Pere Bessó, poeta y traductor español






CAMPANARIO DEL OMBLIGO-COMENTARIO Y TRADUCCIÓN AL CATALÁN POR PERE BESSÓ



Querido poeta:

Hoy prefiero este tratamiento que no es distanciador sino dignificante para quien bien oficia. En verdad he gozado con la lectura de “Campanario del ombligo”, texto descaradamente sensual y, más aún, erótico. Que el título, antesala y pórtico del poema, trabe tal metáfora es digno de estudiar. Una metáfora arriesgada entre lo monumental y lo diminuto: ¿qué semejanza o contigüidad aportan el uno al otro para que el lector descubra por ley de asentimiento tal metáfora? A de B. Plano real y plano simbólico. ¿Pero un campanario del ombligo? Éste, amigas y amigos, es el riesgo con el que trata cada noche el poeta. La ruptura de la lógica de uso, por la lógica transracional del sentido que se libera. ¿No dijeron acaso nuestros clásicos –incluyo los modernos, José lezama Lima- que el cuerpo de la amada es una catedral? Basta con leer el poema y se comprende que García Lorca o Aleixandre, más allá de la comparación, vieran, sentidos avizor, que el cuerpo era águila o toro. Y acá no se trataba meramente de acudir a beneficio de inventario a los animales totémicos, como sí es el caso del gato de la cita de Carlos Barral, poco pródigo a semejantes excesos de aireamiento íntimo. Un gato, por cierto, que se debate de la noche al alba entre las puntas de sus patas (uñas) y las puntas de los senos de Eos o Ios, la diosa de la Aurora, un alba animificada y tan femenina como los albores de la poesía.
Pero volvamos al hilo de Ariadna y a los tibios infiernos de André Cruchaga. Un ombligo capaz de llamar in media res a la protuberancia, a las señales deleitosas, parada y fonda, bien puede ser considerado no sólo el centro umbilical del cuerpo, sino –sigamos la metágora lexicalizada- el ombligo del mundo. Y es un ombligo que clama en el desierto del poeta. Y no la primera vez que en alguno de sus poemas. (Sería curioso hacer una lectura de los entresijos del cuerpo y de la piel que André Cruchaga canta). Un ombligo que es también metáfora de género próximo, como lo es el vientre del arbusto o del montículo, metáforas o imágenes preclaras que no necesitan mayor aviso. Un ombligo que llama a cumplir religiosamente como tal. Un campanario que guarda en su interior la campana del clamor evangélico. Un campanario que no sólo debemos referenciar junto con campana y badajo, sino también con campánula; es decir con el menudo badajillo crepuscular, ni más ni menos que, en mi opinión, el clítoris de la amada. Arriesgo, lo sé. Pero la saliva del poeta es mi mejor testigo en esta escritura del deseo o lo que se ha convenido en llamar, desde la perspectiva de género, escritura del cuerpo.
Y está claro que, a partir de la senda del interior del poema que con la metáfora iniciática se vislumbra, podemos gozar el viático carnal. Y es así como encontramos un tratamiento simbólico a todas luces del mejor erotismo. Y lo grandioso es que André Cruchaga construye a partir de estructuras lexicalizadas por doquier: leemos el ‘portillo’, por ejemplo, y nos viene a la mente esa expresividad de las gentes sencillas con que denominan la entrada a la caverna del goce. Leemos la deleitosa y dulce ‘sal marina’ del goce y sabemos cómo en el común mortal sal y sudor se emparentan, etc. Y así nos encadenamos en la morosidad de la caricia junto a los ayes, perdón, trinos de las aves que organan (orgañan, orgasman). Así lo quería, por ejemplo, el maestro Gonzalo de Berceo en el prohemio de los Milagros de Nuestra Señora. Y así la membresía adicta del poeta amigo volverá los ojos al bosque, pero también al mar, sin necesidad de trasegar en la noche del delirio el ámbito de la intimidad propia. No resultará ocioso, pues, que el clímax aparezca en el poema como ritmo de acantilado y clamor de incendio. Un clímax al que se aboca el poeta resuelto en el nido de la fronda más oculta, súbitamente iluminada. Y la campana tañe y repica. Y el ombligo se da a los últimos y más altos jadeos.
Permítaseme, para acabar, la expresión al uso de la tierra serrana que guardo para otros menesteres: “¡Aguas por todas las tablas!”
Mis saludos plenos de afecto y cordialidad, poeta amigo.
Pere Bessó.

València, 12 Octubre 2010.






CAMPANARI DEL MELIC



alba rosada sobre el gris de un gato,
con las puntas nocturnas de los pechos
CARLOS BARRAL



En el fons, la saliva perllonga les baixes aigües del finestró. Plantar
Ninetes en la redonesa del paper, avançar en la grossària del vent,
Madurar el refilet en cada espai de la carícia.
Aquest campanari de tebi brancall, tiba la rotació dels rellotges,
Mossega el bufit redó del temporal.
Per a quan la sang bade els seus llençols, el dia serà costella
En aquest desvetlament de filosa finestra. I vindran els perfums petrificats
En las mans. I la llengua jugant a l’abisme.
Hem recorregut kilòmetres de tendresa. Migdies de cuixes.
La sal, líquida, recorre com una hamaca la pell i la pluja del secret.
Per sort les aigües del llit no ens perden,
En l’assedegat rusc de l’espessura.
Entre l’índigo de les veles, les arestes de l’escuma al litoral,
—el pètal en la pipa del bosc,
La insomne aurora de les bragues, la fèrtil nineta de la set,
L’altre jo en el dolmen del toro. En el monticle que afronta l’aurora.
Estic. Estem en l’ona nord de les onades. En el ritme penya-segat
De la roca, en el clam elevat a incendi.
Fa passos l’aigua en la flama. Vaixell de sang la font ígnia
De l’hora en la llum de l’horitzó.
No arriba la nit ni el dia s’extingeix. Només és ona i vol el mar
Del pàlpit en la seua brisa circular d’illa.
El verdor s’endreda en les ninetes. El verd exhalat de la talaia,
La garsa ascendida a munt de fulles,
L’efluvi immens de l’escriptura en el melic.
S’escruixen els arcans trencats del velam. El llot del firmament.
Aquesta vermella intuició de l’ànsia. Aquest viril ofici en la randa.
I no és per a menys el manglar en el miratge.
I no és per a menys, l’horitzó erràtic, després que s’enfunda
El guix en la mossegada del paisatge.
I no és per a menys, la imatge i els símbols: la llum hostial de l’eura,
El ventall lunar al peu de la cal•ligrafia. Al peu del ràfec del pa.
En el torrent de la taula o el tamborinet duplicat
D’aigües i fanals incandescents.
Aquesta mena de campanari salta entre les gavines del pit.
Blanc i negre, palpebres i pesca en la fuga, fumerals i xarxes,
Trens blaus als ulls. Trens de colors confosos.Vaixells salats.
Ocres tutelars en la boca.
Lents olis dels fanals en l’espill del psalm trafegat.
Aigües totes en l’aeroplà líquid del jardí, en l’ull de les quartelles,
En el verd niu del fil, en la nineta absorta de la fronda.

Baratària, 03.XI.2010



CAMPANARIO DEL OMBLIGO




alba rosada sobre el gris de un gato,
con las puntas nocturnas de los pechos
CARLOS BARRAL



En el fondo, la saliva prolonga las bajas aguas del postigo. Plantar
Pupilas en la redondez del papel, avanzar en el grosor del viento,
Madurar el trino en cada espacio de la caricia.
Este campanario de tibia ramazón, tensa la rotación de los relojes,
Muerde el soplo redondo del temporal.
Para cuando la sangre quiebre sus sábanas, el día será costilla
En este desvelo de filosa ventana. Y vendrán los perfumes petrificados
En las manos. Y la lengua jugando al abismo.
Hemos recorrido kilómetros de ternura. Mediodías de muslos.
La sal, líquida, recorre como una hamaca la piel y la lluvia del sigilo.
Por fortuna las aguas del lecho no nos pierden,
En la sedienta colmena de la espesura.
Entre el índigo de las velas, las aristas de la espuma en el litoral,
—el pétalo en la pipa del bosque,
La insomne aurora de las bragas, la fértil pupila de la sed,
El otro yo en el dolmen del toro. En el montículo lindando en la aurora.
Estoy. Estamos en la ola norte del oleaje. En el ritmo acantilado
De la roca, en el clamor elevado a incendio.
Hace pasos el agua en la llama. Barco de sangre la fuente ígnea
De la hora en la luz del horizonte.
No llega la noche ni el día se extingue. Sólo es ola y vuelo el mar
Del pálpito en su brisa circular de isla.
El verdor se enreda en las pupilas. El verde exhalado de la atalaya,
La garza ascendida a hojerío,
El efluvio inmenso de la escritura en el ombligo.
Estremecen los arcanos rotos del velamen. El lodo del firmamento.
Esta bermeja intuición del ansia. Este viril oficio en el encaje.
Y no es para menos el manglar en el espejismo.
Y no es para menos, el errátil horizonte, después que se enfunda
La tiza en la mordida del paisaje.
Y no es para menos, la imagen y los símbolos: la luz hostial de la yedra,
El abanico lunar al pie de la caligrafía. Al pie del alero del pan.
En el torrente de la mesa o el taburete duplicado
De aguas y faroles incandescentes.
Esta suerte de campanario salta entre las gaviotas del pecho.
Blanco y negro, párpados y pesca en la fuga, chimeneas y redes,
Trenes azules en los ojos. Trenes de colores confundidos. Barcos salados.
Ocres tutelares en la boca.
Lentos óleos de los faroles en el espejo del salmo trasegado.
Aguas todas en el aeroplano líquido del jardín, en el ojo de las cuartillas,
En el verde nido del filo, en la pupila absorta de la fronda.

Barataria, 03.XI.2010

viernes, 8 de octubre de 2010

ESCENAS EN LA CALLE-POEMA DE ANDRÉ CRUCHAGA-ESPAÑOL-CATALÁN. TRADUCCIÓN Y COMENTARIO DE PERE BESSÓ

Pere Bessó, poeta y traductor español





TRADUCCIÓN Y COMENTARIO POR PERE BESSÓ:


Querido André:

Te agradezco la dedicatoria de un poema como éste. Particularmente, porque está en una de las vertientes de tu material poético, pero en el poema Escenas en la calle, más explícito, y en el que te prodigas. En efecto, esa vertiente dolorosa de denuncia de la que habría que hablar in extenso, ya que siéndolo en parte, no es una denuncia social al uso de los poetas comprometidos en un mensaje político alternativo de transformación. Social, cívica. No. En tus poemas hay mayor profundidad y ese ahondamiento es dolor íntimo a la manera de los clásicos. Lo he apuntado en más de una ocasión. Un dolor alto; es decir, un dolor hondo: te duele la patria, como le dolía a Cervantes o Quevedo la suya. Hay, pues, un reconocimiento de raigambre, una explosión dolorida que sabe que uno no es, no puede serlo parcialmente. La conciencia radical de que uno no es, si no es pueblo. Es esta constatación que se torna ontológica el ámbito lírico del poeta capaz, amigo mío, de acudir al tratamiento lírico descriptivo que escoge, y no al azar, el papel de las escenas. “Escenas” que recuerdan la inmediatez de la prosa periodística, si se quiere, pero hay más, mucho más a la manera de las escenas de Ramón de la Cruz o Larra. Y, si mucho estiramos, el tratamiento de la escena dramática a la manera del mejor Valle-Inclán, o las notas de viaje del joven Azorín, republicano, desordenado, individualista y anárquico, si quieres, pero un prodigio, también, de lo que llamamos como pura convención personalidad de escritura, estilo. En ese hacinamiento de lugares y personajes que toda escena ‘costumbrista’ debe retratar, describir o, al menos, apuntar, André, amigo, has salido esplendoroso. Brilla tu ironía, tus disfemismos, tu tratamiento de los fantasmas personales y colectivos, pero hay, también, dolor y, a la vez, amor compasivo de acendrado lirismo por tu patria. Todo el poema es radical, en el sentido de su étimo radix, de raíx. Nada ociosa, pues, la cita. Al pelo: no hay que bajarse sino a las calles de San salvador para encontrarse con el topos del descenso a los infiernos. André, como un nuevo canto de lira del poeta órfico nacional, da testimonio. Y permite que haya escogido unos versos nucleares, porque repito que el sentido de totalidad del poema, verso a verso, evita caída alguna o desgana al lector:

Ahora vivimos una época de gansterismo local. —Alguien nos dice
Que es parte del folclor nacional, como el día dedicado a las pupusas,
A las carreras de cinta, al jueves de ceniza con su confeti.
No es extraño, en pleno centro de San Salvador, caminar entre ríos
De espesa orina, polución de discursos, manicomio de semáforos,
Peleas callejeras o huir de un delincuente en una parada de buses.
Por eso uno no puede respirar con los ojos cerrados,
Ni gozar de las musas entre el paisaje de humo de las calles,
Ni peinarse con el espejito mágico de la virgen María.
Uno ve a niñas, todavía, dando chiche a bebés en las cunetas, junto
A la vecindad de las moscas, los canillitas, y los amigos de lo ajeno:
Constituyen escenas oscuras en la transparencia de los ojos, digo.

Escenas obscuras en plena calle –nos es arriesgado la alusión al poema negro, (black pulp poem) un elemento sobre el que la crítica a la escritura del poeta habría de incidir de manera seria y contundente-, y a la luz meridiana del día, ante la transparencia de los ojos claros, la mirada neta del poeta que se duele en su soledad de amor solidaria y compartida. Léase el poema en voz alta y comprenderá el lector la contundencia del clímax de los tres versos finales. Y quizás se comprenda, una vez más, la honda significación que Cruchaga recupera con la inserción renovadora del topos virgiliano de la 'alta noche'.

Un abrazo, Amigo Cru, y reitero mi agradecimiento por la dedicatoria de este poema, lo que me ha inducido a pergeñar esta breve y personal anotación. Y, como siempre, acompáñete mi traducción de tu poema a mi lengua literaria, el catalán.

Pere



ESCENAS EN LA CALLE




A Pere Bessó


Demás están túnica y manto,
—Para bajar a los infiernos,…
FRANCISCO GAVIDIA




Uno ve hoy en día, ángeles y demonios en las calles. Lluvias como aserrín
Desparramado a lo largo de las aceras. Niños de Atocha, Satos Rosarios,
Ramos de flores domésticas, trompos, capiruchos, yoyos,
Hacinamientos en los mercados, la ciudad subiendo su caspa religiosa
Para volver a la inocencia, quitar los pecados,
Aunque el resto de la semana, a excepción de los domingos, se pierdan
Las normas de urbanidad, el amor al prójimo,
El auxilio al menesteroso.
Los domingos guardamos en una nevera la espuma del espejo,
Por aquello del escarnio y la imagen de uno en el vecindario.
Por un momento pensé que uno no envejecía tan pronto, pero resulta
Que estaba equivocado: uno envejece cargando el deudo de suciedades
Que otros tiran en la calle.
Por si fuera poco, repetimos las encíclicas como urracas.
Envejecemos con la cara desvivida de la respiración, añorando
Una mecedora para escuchar mejor el zumbido de las moscas.
En el signo de los tiempos presentes dejan de ser importantes las normas
De urbanidad, aunque la biblia se exhiba desde un balcón
Con gallardetes y los perros ladren al vecino que pasa o se acerca.
Desde las imágenes satelitales del Sistema meteorológico es posible
Ver el río que destruye el himen de los pétalos,
Los patios de las casas, los animales de corral, las huellas del Bicentenario
Con todo y sus dioses, semidioses y héroes.
Debo confesar que aquellos oficios antiguos ya no existen.
Ahora vivimos una época de gansterismo local. —Alguien nos dice
Que es parte del folclor nacional, como el día dedicado a las pupusas,
A las carreras de cinta, al jueves de ceniza con su confeti.
No es extraño, en pleno centro San Salvador, caminar entre ríos
De espesa orina, polución de discursos, manicomio de semáforos,
Peleas callejeras o huir de un delincuente en una parada de buses.
Por eso uno no puede respirar con los ojos cerrados,
Ni gozar de las musas entre el paisaje de humo de las calles,
Ni peinarse con el espejito mágico de la virgen María.
Uno ve a niñas, todavía, dando chiche a bebés en las cunetas, junto
A la vecindad de las moscas, los canillitas, y los amigos de lo ajeno:
Constituyen escenas oscuras en la transparencia de los ojos, digo.
Aunque en realidad, nunca he encontrado fantasías plenas
En los escombros cotidianos de la ciudad por más que me esfuerce.
Algo de todo esto se lo lleva el viento o lo distribuye en la ciudad.
De hecho esta es parte de la felicidad que vivimos diariamente.
Ya para nosotros no es imposible vivir en medio del hampa. Es parte
De la luz inventada por nuestras alas. Es parte de la esencia transfigurada
Piedra fundacional del excremento de los estadistas,
Alta noche donde aprendemos el anonimato…

Barataria, 08.X.2010




ESCENES AL CARRER


A Pere Bessó


Demás están túnica y manto,
—Para bajar a los infiernos,…
FRANCISCO GAVIDIA


Es veuen hui en dia, àngels i dimonis als carrers. Pluges com serradures
Esbargides al llarg de les voravies. Infants d’Atocha, Sants Rosaris,
Rams de flors domèstiques, trompitxols, capirots, jo-jos,
Garberaments als mercats, la ciutat pujant la seua caspa religiosa
Per a tornar a la innocència, llevar els pecats,
Per bé que la resta de la setmana, a excepció dels diumenges, es perden
Les normes d’urbanitat, l’amor al proïsme,
L’auxili al necessitats.
Els diumenges guardem en una nevera l’escuma de l’espill,
Per allò de l’escarn i la imatge d’un mateix en el veïnatge.
Per un moment pensí que no s’envellia tan aviat, però resulta
Que estava equivocat: envellim carregant el parent de brutícies
Que uns altres tiren al carrer.
Per si no hi haguera prou, repetim les encícliques com garses.
Envellim amb la cara desviscuda de la respiració, enyorant
Una agronxadora per a escoltar millor el brunzir de les mosques.
En el signe dels temps presents deixen de ser importants les normes
D’urbanitat, encara que la bíblia s’exhibesca des d’un balcó
Amb gallardets i els gossos lladruguen el veí que passa o s’acosta.
Des de les imatges de satel•litals del Sistema meteorològic és possible
Veure el riu que destrueix l’himen dels pètals,
Els patis de les cases, els animals de corral, les empremtes del Bicentenari
Amb els seus déus, semidéus i herois, i tot.
Dec confesar que ja no hi ha aquells oficis antics.
Ara vivim una època de gangsterisme local. —Algú ens diu
Que és part del folklore nacional, com el dia dedicat a les truites de farina i dacsa,
A les carreres de cinta, al dijous de cendra amb el seu confeti.
No és estrany, en ple centre San Salvador, caminar entre rius
D’espés pixum, pol•lució de discursos, manicomi de semàfors,
Baralles carrereres o fugir d’un delinqüent en una parada de bus.
Per això no es pot respirar amb els ulls tancats,
Ni gaudir de les muses entre el paisatge de fum dels carrers,
Ni pentinar-se amb l’espillet màgic de la verge Maria.
Veiem nines, encara, alletant bebés en les cunetes, junt
Al veïnat de les mosques, els venedors de periòdics, i els amics de l’alié:
Constitueixen escenes fosques en la transparència dels ulls, dic.
Tot i que, en realitat, mai no he trobat fantasies plenes
En els enderrocs quotidians de la ciutat per molt que m’esforce.
Una part de tot açò se l’emporta el vent o la distribueix en la ciutat.
De fet aquesta és part de la felicitat que vivim diàriament.
Ja per a nosaltres no és impossible viure enmig de la briva. És part
De la llum inventada per les nostres ales. És part de l’essència transfigurada
Pedra fundacional de l’excrement dels estadistes,
Alta nit on aprenem l’anonimat…

Baratària, 08.X.2010

sábado, 4 de septiembre de 2010

EL REPIQUE DEL DESGARRAMIENTO Y HOMENAJE EN VIAJAR DE LA CENIZA DE ANDRE CRUCHAGA

Luis Alberto Ambroggio, [Fotografía de Nicole Chávez]


Luis Alberto Ambroggio
Academia Norteamericana de la Lengua Española



EL REPIQUE DEL DESGARRAMIENTO Y HOMENAJE EN VIAJAR DE LA CENIZA DE ANDRE CRUCHAGA


Viajar de la Ceniza/Voyage à travers les Cendres (El Salvador: 2010, 93 pags.). Este conjuro de emociones de un auténtico artesano y promotor de la poesía, es un preludio, un presagio, un morir por adelantado la muerte de otro, de un ser profundamente querido, en este caso específico el de su madre, personificación con nombre y apellido de la ternura. Se siente como un repetido desagarramiento elegíaco, con el repique y su eco, de imágenes, de geometrías de espejos, que expresan de muchos modos y al mismo tiempo de un mismo modo, el sentimiento del yo poético, al tocar íntimamente la humanidad de la experiencia que está viviendo y, de esa manera, nos toca a todos. Con los versos epigráficos del poema XIII de Sólo la voz de Hugo Lindo:

Y esto es vivir, Manzana del Mar Muerto,
Fragancia de la tarde,
Tersura de la piel,
Vibración del espamo:
Esto es vivir.
Morir cada minuto,
Viajar de la ceniza a la ceniza
Oculto, sí, pero infalible y poderoso.

Nos introduce Cruchaga a la experiencia de esa muerte, después de la cual pareciera no existir otra. Esa muerte que nos equilibra y nos va escribiendo en la vida; tema que recoge en el título de dos de sus poemas, ecos de glosas populares, “La mayor parte de la muerte siento” y “Quien vive, muere”. Algo así como lo que consiguió Dylan Thomas en su poemario Autumn Sequel, expresando y sintiendo el fondo vital de la relación entre la vida y la muerte, resignado a la pobreza lingüística que experimentaba ante el hecho de la muerte. Pero André Cruchaga, “el poeta que habla con la muerte”, recurre con su maestría del arte poético, a todos los artificios del lenguaje, a la amplia gama de posibles referentes, imágenes, metáforas y alteridades para poetizar esta difícil vivencia de “La muerte que venía”. La describe en el poema:

Luciérnaga de sangre coagulada. Viento helado
Bajo el suplicio de una luz sin caracoles.
Bosque de cipreses apagados. Bosque negro
Negro silencio del polem multiforme.

Asombro negro. Negra gaviota del crepúsculo.

Haces callar con la lengua muda de los candelabros
Esa voz ardiente de las alas.

Los poemas que siguen exploran las aproximaciones experimentadas ante la inminencia de la muerte como acontecimiento en desarrollo, como evento revelador y transformante, encarnado en la figura materna, en quien está basado y a quien está dedicado este poemario “con certeza de amor intemporal”. A partir de “El mismo rostro” (¿Alguien puede detener la menuda sílaba de lo fugaz,/Y el aroma del beso cuando llueve alelíes?), “El cordero de la muerte” (Se vuelve trino de escombros… ), “Ceniza eres, ceniza de todos”, “Fruto de la tierra”, “Lamentaciones de mi madre” (Inertes ya mis alas, la tentación del abismo), “Respiración final” (Raíz muriendo, tierra gris de la jornada), “Boceto de la muerte”, “Eternidad efímera”, “Ensayo de una visión”, “Cenizas misteriosas”, “La vida como un vuelo” (De la vida a la muerte solo hay un paso;/…/Al final un fuego insomne desvela la niebla/…/La voz ida se convierte en asombro;/Y el cuerpo en remota memoria de pupilas…), “Resplandor ultimo” (Otra vez he de bajar al abismo del tiempo/…/Y hoy es ceniza lo que fue carne y hueso…), “Lección simbólica” (Yo la vi luminosa desde mi infancia/.../Su luz se cierra silenciosa), “Certeza inconfesable”, “Casa sola”, “Pasado inútil”, “La vida fluye río abajo”, “Elegía última”, “Honda luz”, “Dialéctica del tránsito” (El viaje de golpe y sin sandalias/Quema el surco de andar sobre las aguas). “Canción sin oído”, “Verdad presentida”, poemas que en su mayoría acaban significativamente con puntos suspensivos.

Como señala María Eugenia Caseiro en su prólogo al poemario, “el autor esgrime sus cuitas empleando una suerte de enumeración casi iterativa a lo largo de los textos” que le trae a la mente “el soneto 6 de Hernández, cuyo verso final resume las desazones de este trabajo de Cruchaga: ¡cuánto penar para morirse uno!.”

Si en la afirmación canónica de que todos los poemas son o poemas de amor (eros) o poemas de muerte (thanatos), este poemario es una unidad de ambos en una lamentación polisémica del amor herido por la lenta, irrevocable experiencia de la muerte. Luego de la “Noche final” (que el poeta escribe en la Voz de su madre): Ya he olvidado los recuerdos/Paredes sin memoria bordan los ladrillos/…/La soledad de los espejos calla en su abismo,/Las pupilas rasgan el ámbito de la Nada/…, llega el desenlace el “Día 28 de Mayo”: Se ha ido hoy con ese pálido frío de lo inasible;/Su corazón ha callado…/Hoy te me has ido como se va el campanario/Del Alba…/Es partir sin gozo y avivar la sed con cicatrices;/Desgarrar la entraña en el dintel de la esperanza/Y abrir el silencio de una luz muda sin guitarras… Pero el poeta recupera en los poemas finales la vida y el amor después de la muerte: Hoy estás entre pájaros de luz;/…/íHoy estás toda de nuevo, como un surtidor/De la caricia! (del poema “Ahora la luz vuelta cielo”) y La tumba vacía es sólo un pájaro sobre la piedra (del poema “Vencimiento de la muerte”), enraizados e iluminados en la fe bíblica de la inmortalidad y resurrección, cerrándose el poemario con un regalo poético al autor en francés bajo el título “La fleur dans las cendres”, que nos remonta a la alegoría del Ave Phoenix. Con el texto y los paratextos, la esfera se cierra y se abre, en la unidad dinámica de este poemario sensible, profundo y que involucra a la audiencia, al lector en la experiencia de lo poetizado: a partir de la última página se presiente que ya es otro el repicar de los versos hacia el futuro, el amor que vence a la muerte eternamente, como lo discutí previamente en el ensayo “La muerte del tiempo” del poemario El testigo se desnuda (Madrid: 2002). Repiques filiales ahora de versos que son un homenaje a su madre que es “Ahora la luz vuelta cielo”. André Cruchaga una vez más consiguió literaria y humanamente en Viajar de la Ceniza lo que siempre ha sostenido: “Todo poema auténtico, nace de la emoción, del sentimiento, de los valores sustentados por el poeta en su trance de materializar la vida interior: los gozos o los desgarramientos” y se multiplica por dos, en la reencarnación al francés de esta edición bilingüe.

Washington, DC, 4 de setiembre de 2010.


©Luis Alberto Ambroggio
ACADEMIA NORTEAMERICANA DE LA LENGUA

miércoles, 11 de agosto de 2010

ECO DAMUNT DE LA PEDRA DE L’ESCUMA/ECO SOBRE LA PIEDRA DE LA ESPUMA

De bategar i fondre’m estic cansat. De suar la foscor estic
Cansat. De recordar sense aixopluc està feta aquesta orfenesa
De les sabates. Els carres cecs engoleixen el meu alé.
El rovell mossega la porta de la carn. L’enderroc és un catecisme
Propens al bulliment de les baldes.
Fotografía de Jerry Uelsmann








ECO DAMUNT DE LA PEDRA DE L’ESCUMA
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó








And I forget
Just why I taste
Oh yeah, I guess it makes me smile
I found it hard
It was hard to find…
NIRVANA, [SMELLS LIKE TEEN SPIRIT]







De bategar i fondre’m estic cansat. De suar la foscor estic
Cansat. De recordar sense aixopluc està feta aquesta orfenesa
De les sabates. Els carres cecs engoleixen el meu alé.
El rovell mossega la porta de la carn. L’enderroc és un catecisme
Propens al bulliment de les baldes.
Què hi ha darrere d’aqueix eco de l’escuma damunt de la pedra?
—Maromes on no es poden penjar hamaques, ni tan sols
La promesa puntual dels espills.
En el llim de la consciència, no hi ha llei diàfana que valga,
Ni agonia més perversa que els miralls.
Mosseguem l’embut de les promeses estranyes, —aqueixa sort de voler
Filtrar les síl·labes en el fum, en l’escuma,
Com si la mà pogués florir per sí mateix.
La vida, sovint, és una mena de telefonia muda: una pedra
De fangoses transpiracions, una mà sense dits, una bassa de llits
No compartits. Una enruna de sal sense enhorabones.
—Valga’m, almenys, la fortuna d’ésser viu:
No sempre desentranyem la reciprocitat de magatzems i armaris de paret;
No sempre trobem la música adient en els crisantems.
No sempre l’emoció és germana del bon auguri.
Caminem a peu i descalços damunt dels ixcanals.
Damunt del còdol que ens aguaita en secret, damunt de la pedra agrest
Que repeteix i duplica les parets, damunt del cuir adobat del llot
Indesxifrable. Damunt d’allò que mai s’enllumena, encara que caiga el llamp
I trenque amb les temples i el tafetà de les pestanyes.
Devem renunciar fins i tot a la volença de la nit. Als missatges
Destinats a nosaltres al coixí. —És necessari desconfiar
De tot: de l’ull cec i pertorbat dels records, del fluir de la ràfega
Davant de la nostra casa: —és a dir, d’aqueixa ràfega que trenca l’ànima
I et fa vulnerable en la intempèrie.
Ara dec descreure de la polida taula i ara, del miccionar
A la gatzoneta o a cel ras, damunt de les fumaroles del fum o les onades.
Mai no sabem si l’escuma és una postil·la damunt de la pedra,
O un simple ornament del quequeig de les enfiladisses del pit.
Mai no acabem de capir l’hora domèstica del zodíac,
El desencert transversal dels rellotges,
El plural armari dels laberints,
—aqueixa forma d’abandonar-se en la precarietat total de la serradura. Mai
No se sap, al capdavall, cap a on se’n van els ecos d’allò viscut,
Cap a on el menjadiners dels reductes,
La declaració de l’afeixugament,
Aquesta manera d’abdicar en la flama de la pluja, amb les mans buides.
De sobte, ja no podem esperar dies millors, ni renàixer
En els somnis. Ja no es pot confiar en l’altaveu del subconscient.
Ja no quan tot el misteri el consumeix la gran nit del sentit
I queda desvelat el mausoleu o la catacumba.
Barataria, 11.VIII.2010








ECO SOBRE LA PIEDRA DE LA ESPUMA








And I forget
Just why I taste
Oh yeah, I guess it makes me smile
I found it hard
It was hard to find…
NIRVANA, [SMELLS LIKE TEEN SPIRIT]









De latir y fundirme estoy cansado. De sudar la oscuridad estoy
Cansado. De recordar sin refugio, está hecha esta orfandad
De los zapatos. Las calles ciegas tragan mi aliento.
La herrumbre muerde la puerta de la carne. El escombro es un catecismo
Propenso al hervor de las aldabas.
¿Qué hay detrás de ese eco de la espuma sobre la piedra?
—Maromas donde no se pueden colgar hamacas, ni siquiera
La promesa puntual de los espejos.
En el limo de la conciencia, no hay ley diáfana que valga,
Ni agonía más perversa que los espejismos.
Mordemos el embudo de las promesas extrañas, —esa suerte de querer
Filtrar las sílabas en el humo, en la espuma,
Como sí, como si la mano pudiese florecer por si sola.
La vida, a menudo, es una suerte de telefonía muda: una piedra
De fangosas transpiraciones, una mano sin dedos, una balsa de lechos
No compartidos. Un escombro de sal sin parabienes.
—Válgame, al menos, la fortuna de estar vivo:
No siempre uno desentraña la reciprocidad de almacenes y alacenas;
No siempre uno encuentra la música apropiada en los crisantemos.
No siempre la emoción es hermana del buen augurio.
Caminamos a pie y descalzos sobre los ixcanales.
Sobre el guijarro que nos espera en sigilo, sobre la piedra agreste
Que repite y duplica las paredes, sobre el cuero curtido del lodo
Indescifrable. Sobre lo que nunca se alumbra, aunque caiga el rayo
Y rompa con las sienes y el tafetán de las pestañas.
Uno debe renunciar has a la querencia de la noche. A los mensajes
Destinados a uno en la almohada. —Hay necesidad de desconfiar
De todo: del ojo ciego y perturbado de los recuerdos, del fluir de la ráfaga
Frente a nuestra casa: —es decir, de esa ráfaga que rompe el alma
Y te hace vulnerable en la intemperie.
Ahora debo descreer de la atildada mesa y altar, del miccionar
En cuclillas o a cielo raso, sobre las fumarolas del humo o el oleaje.
Uno nunca sabe si la espuma es una apostilla sobre la piedra,
O un simple adorno del tartamudeo de las enredaderas del pecho.
Uno nunca termina por entender la hora doméstica del zodíaco,
El desatino transversal de los relojes,
El plural armario de los laberintos,
—esa forma de abandonarse en la precariedad total del aserrín. Nunca
Se sabe, después de todo, hacia dónde van los ecos de lo vívido,
Hacia dónde el tragamonedas de los reductos,
La declaración del agobio,
Esta manera de abdicar a la flama de la lluvia, con las manos vacías.
De pronto, uno ya no puede esperar días mejores, ni renacer
En los sueños. Ya no se puede confiar en el altavoz del subconsciente.
Ya no cuando, todo el misterio lo consume la gran noche del sentido
Y queda desvelado el mausoleo o la catacumba.
Barataria, 11.VIII.2010
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André:Un poema que da de sí. Un poema que se debate, se ovilla y desovilla para volver de modo recurrente a la visión tormentosa de la vida. Una visión personal, muy tuya y que acaba por ser paradigma de tu poesía. Y, como siempre, un poema largo de a trallazos en que principio y fin se identifican substancialmente. Así, las coordenadas del mausoleo o la catacumba -últimamente reaparece con frecuencia esa vida interior soterrada, subterránea- del verso zaguero se alinean con los vaivenes y remolinos de la superficie en el título más que significativo por su aporte en haz exo. Y habría que atenerse en la búsqueda de una larga tradición en donde el símbolo matriz de la "piedra" cobra vida: eco, palpitación, rumor. Y, si bien la piedra animada, puede responder a la reverberación de la caracola -el teléfono del juego de niños que el poeta se reivindica-, la presencia metonímica del mar está servida. Una piedra, como se temía, por ejemplo Rubén Darío, la piedra sensitiva. Al fin y al cabo, el maestro no hacía más que revirginizar la lexia expresiva de base metafórica: "el corazon de piedra". Pero ahora no sólo es piedra que palpita, capaz de sentir y sufrir, es piedra que lleva y trae las olas -las ondas- el rumor profundo del mar.

Si somos capaces de "comprender" -ley de la aceptación, Bousoño dixit- mediante los complejos mecanismos transracionales, por ejemplo, el ámbito de las analogías y la base panteísta que las sustentan, ya no tendremos por qué quedarnos siempre en el análisis del poema -y del sentido- de sesgo surrealista, al menos no cabrá hablar de manera socorrida del surrealismo academicista. Pero ése es otro cantar, una etiqueta que siendo rica queda demasiado estrecha para la definición totalizadora de poema en André Cruchaga.

***La cita de Nirvana resitúa los ecos a través de la música del sentido. Una dimensión que le permite al amigo Cruchaga alargar los plazos a través del humor ácido -bromera de espuma- sin tratar de soslayar cierto descreimiento. Olvidarse de por qué saboreamos. Tarea difícil, tanto como lamer una piedra esperando que el friegue del ápice de la lengua nos envíe las señales oportunas: las respuestas papilares que certifiquen que estamos vivos.
Pere Bessó