sábado, 13 de junio de 2015

ANDRÉ CRUCHAGA, POETA

Balcón del vértigo, 2014 (DPI)




ANDRÉ CRUCHAGA, POETA




Ricardo Llopesa




Dice Elisabeta Botan que “André Cruchaga es uno de los poetas que viven con claridad la conciencia”. Yo diría con ella que la poesía de Cruchaga es la conciencia de su tiempo. Su poesía representa la fugacidad de la existencia, la fuga del vivir cotidiano en las cosas, en el cielo, en el vuelo del pájaro. Es la mirada que rapta lo efímero para quedar petrificada en las palabras. Ese destino de su poesía bien podría ser otro, pero el poeta eligió el ritmo del universo para plasmar la mirada. Esa que nace del ojo, y otra que nace de la conciencia.
            El compromiso de todo poeta es dejar testimonio de su tiempo, de la época que le toca vivir. El conflicto de la realidad es un conflicto interior del poeta. Roque Dalton tuvo el genio de percibir la transformación que vivió El Salvador en los años de la guerrilla y, mucho antes, en los albores del modernismo, Francisco Gavidia percibió los cambios que se avecinaban, descubriendo la fragmentación del verso alejandrino francés. En ambos casos, la visión del poeta es la del iluminado que percibe el espíritu que le ha tocado vivir. Ahora, en otro tiempo, nuevo porque las claves son distintas, la poesía de Cruchaga pretende aprehender el maremagnum que vivimos, donde todo parece confuso, pero no lo es. La poesía de Cruchaga es esa interpretación de nuestra época. Es la poesía en estado caótico, pero donde todo está ordenado, como el caos urbano de la ciudad.
            Los poemas de “Balcón del vértigo” siguen la técnica del verso largo y libre, intenso y vertiginoso a imagen y semejanza de nuestras vidas. Aunque Cruchaga está clasificado entre los poetas surrealistas contemporáneos, pienso que la poesía de Cruchaga parece surrealista, porque sus poemas están escritos desde la mirada del hombre moderno que rompe las huellas gramaticales del pasado, convirtiendo la escritura en zigzagueante y hasta irracional, porque es una interpretación del razonamiento moderno. Decía Lemmonier, durante los años locos de la bohemia francesa del fin de siglo, que sólo era posible alcanzar la reforma de la poesía utilizando palabras nuevas. Darío siguió ese camino, por eso sus palabras tienen un brillo diferente a sus contemporáneos. Pienso que la poesía de nuestro tiempo sólo se explica a través del atropello de las palabras, con la finalidad de alterar la semántica de la idea, que es la esencia del caos ordenado que vivimos.
            Vivimos el imperio de lo efímero, para decirlo con palabras de Lipovetsky. Es la cultura de la fragmentación y lo esporádico, de lo que pasa como el viento, con el día, como el calendario. La cultura es una negación de la cultura, porque el poeta está en busca de su propio presente. Cruchaga, en “Balcón del Vértigo” se hace eco de este vivir agitado en un mundo convulsionado, donde todo da la sensación de vértigo. Caminar a la hora del mercado por cualquier calle salvadoreña produce, irremediablemente, esa sensación de caos absoluto, que es el vértigo. No me voy muy lejos. Tomo de ejemplo los primeros versos del primer poema, titulado “Señuelo del dintel”, donde dice:

            Con mis ojos de autista juego eternamente a la respiración
            de los instantes. Los dos colores del arco iris musitan
            en mi herida, Así veo los cuervos sobre el tapete de las nubes.

            No necesitamos más para comprender que su poesía se construye con un material muy distinto a la tradición. Pareciera que la poesía de Cruchaga no tuviera precedentes en su país, si tenemos en cuenta que el abrazo del modernismo fue un apretón tan fuerte que duró mucho tiempo, como dijo Anderson Imbert.

Post scriptum (edición castellano-rumano)

            Yo pienso que el poeta escribe un libro en su vida, que es la suma de todos. Eso me ocurre cada vez que entro en las páginas de un nuevo libro de Cruchaga, como es el caso de “Postscriptum”, que junto al antes citado data de 2014. Por supuesto, que me refiero a la forma y el estilo, que son el mayor logro del poeta. Y Cruchaga es poeta.

domingo, 7 de junio de 2015

DIGRESSIONS

Imagen cogida del FB de Pere Bessó




DIGRESSIONS 




Al voltant de les ombres també gira l’infinit, tota ràfega esgarrapa
en les ungles de les estàtues; en el nus de gent que es fa en les places, reconec
la nostàlgia: sempre m’afone en el fons de tantes cicatrius.
El que mai no es diu és el que sovint soscava la consciència.
En els plors la lleugeresa ineludible de l’aigua, la carn tanmateix inversemblant
del vaixell impermeable del crepuscle.
En les baldes de les genealogies no caben les casualitats, ni les baldufes
cegues encallades en la boca, ni els fardells de mendicitat en les voravies,
ni els prurits del seté dia en els escapularis.
Jutge ja inabastable aquella tempesta d’esperma al voltant de l’irremeiable.
Vaig sempre amb aqueix deliri embalsamat de lluernes i trens;
Algú furgarà per mi les destil·leries del somnambulisme,
l’almanac de l’escalfred, els dies innombrables de la sal entre les meues mans.
Les vegades que he desfermat nus de l’alé.
Davall de la gespa o la molsa, el meu cor tallat de pedres estranyes.
El terror d’aquests dies també és visible als excusats.
(En la gola de l’imminent no habita la solemnitat de les epifanies,
sinó el colp del fem en el musell, el pòlip de la por en l’olfacte.)

Hi ha paraules com sabates que no caben en les mans.
Hi ha peixos que bracegen en l’ombra dels ulls fins mossegar la gratuïtat
del sexe; sovint les alternances són un frau i no van enlloc.

Poema d’ANDRÉ CRUCHAGA traduït en català per PERE BESSÓ



DIGRESIONES



Alrededor de las sombras también gira el infinito, toda ráfaga escarba
en las uñas de las estatuas; en el nudo de gente que se hace en las plazas, reconozco 
la nostalgia: siempre me hundo en el fondo de tantas cicatrices.
Lo que nunca se dice es lo que a menudo socava la conciencia.
En el sollozo la levedad insoslayable del agua, la carne sin embargo inverosímil
del barco impermeable del crepúsculo.
En las aldabas de las genealogías, no caben las casualidades, ni los trompos
ciegos empantanados en la boca, ni los fardos de mendicidad en las aceras,
ni los pruritos del séptimo día en los escapularios.
Juzgo ya inasible aquella tormenta de esperma alrededor de lo irremediable.
Voy siempre con ese delirio embalsamado de luciérnagas y trenes;
Alguien hurgará por mí las destilerías del sonambulismo,
el almanaque del escalofrío, los días incontables de la sal entre mis manos.
Las veces que he desatado los nudos del aliento.
Debajo del césped o el musgo, mi corazón tallado de piedras extrañas.
El terror de estos días también es visible en los retretes.
(En las fauces de lo inminente, no habita la solemnidad de las epifanías,
sino el golpe del estiércol en el hocico, el pólipo del miedo en el olfato.)

Hay palabras como zapatos que no caben en las manos.
Hay peces que bracean en la sombra de los ojos hasta morder la gratuidad
del sexo; a menudo las alternancias son un fraude y no van a ninguna parte.
Barataria, 03.VI.2015

viernes, 22 de mayo de 2015

FORCEJAMENT DE L’OMBRA

Imagen cogida del FB de Pere Bessó




FORCEJAMENT DE L’OMBRA




Vull amagar les paraules i el forcejament de les ombres que ens agermanen.
Són massa espills per a la ignició dels ulls, massa edictes
Per al ramat: ningú no dorm, al capdavall, entre ungles i fams i plors.
Hi ha una dentadura sorda per al nosaltres.
Justament als carrers, el llenguatge de la por, l’atri erm, el cresol cobert
de sutge, el secret de la cendra en les temples com una altra rara densitat 
                                                                                                                        [de l’udolament.
Els ossos de les ombres furguen en la meua memòria.
Naufrague en la sintaxi de les fissures.
Enlloc no deixa d’agonitzar el despullament del llenguatge: les parets
Ens susciten calendaris de por; els ossos, diademas d’irrealitat.
Som comensals sense ressuscitar d’aquest paisatge afonat i sense llegums.
(Jo no sé quina ment il·luminada podrà escurar els lavatoris d’aquesta masmorra 
feridora sense manubris. Qui desfaça la boira cremada de la mitjanit.
Qui desinfecte la casa, qui anul·le els olors pudents del circ.
Qui escupesca el rostre de la metzina.)
De sobte, hem de pensar en tantes promeses, en el pou macabre
I la seua força de congesta: en la llum mortuòria d’algun cresol,
Els cossos com pàgines en desús. D’on ens arribà aquest planter amarg,
i els seus tatuatges feixucs? —Galopa el desamor.
Davant dels meus ulls, les ombres amb les seues fosques perversitats; un mira el país, i la llàgrima encendreix els ulls i la duresa ens llepa amb la seua llengua ombrívola.

Poema d’ANDRÉ CRUCHAGA traduït al català per PERE BESSÓ




FORCEJEO DE LA SOMBRA




Quiero ocultar las palabras y el forcejeo de las sombras que nos hermanan.
Son demasiados espejos para la ignición de los ojos, demasiados edictos
para el rebaño: nadie duerme, después de todo, entre uñas y hambres y llanto.
Hay una dentadura sorda para el nosotros.
Justo en las calles, el lenguaje del miedo, el atrio baldío, el candil cubierto
de hollín, el sigilo de la ceniza en las sienes como otra rara densidad del alarido.
Los huesos de las sombras hurgan en mi memoria.
Naufrago en la sintaxis de las fisuras.
En ninguna parte deja de agonizar la desnudez del lenguaje: las paredes
nos infunden calendarios de miedo; los huesos, diademas de irrealidad.
Somos comensales sin resucitar de este paisaje hundido y sin legumbres.
(Yo no sé qué mente iluminada podrá lavar los lavatorios de esta mazmorra hiriente 
sin manubrios. Quién deshaga la bruma ardida de la medianoche.
Quién desinfecte la casa, quién anule los olores malolientes del circo.
Quién escupa sobre el rostro de la ponzoña.)
De pronto, tenemos que pensar en tantas promesas, en el pozo macabro
y su fuerza de ventisquero: en la luz mortuoria de algún candil,
los cuerpos como páginas en desuso. ¿De dónde nos vino este almácigo amargo,
y sus agobiantes tatuajes? —Galopa el desamor.
Frente a mis ojos, las sombras con sus oscuras perversidades; uno mira al país, y la lágrima enceniza los ojos y la dureza nos lame con su lengua sombría.
Barataria, 17.V.2015

sábado, 16 de mayo de 2015

VIAJE PÓSTUMO/ VIATGE PÒSTUM

Carátula de Viaje póstumo, André Cruchaga




VIAJE PÓSTUMO/ VIATGE PÒSTUM
 Cruchaga, A. (2014) El Salvador: Imprenta Rilcadone.


 José Siles González CEU Facultad Ciencias de la Salud. Universidad de Alicante Cómo citar este artículo (reseña) en edición digital: Siles González, J. (2015). Viaje Póstumo/ Viatge pòstum (Reseña). Cultura de los Cuidados (Edición digital) 19, 41. Disponible en: http://dx.doi.org/10.14198/cuid.2015.41.21> Correspondencia


Por José Siles González


 Se nos presenta la edición en castellano y valenciano de una obra del poeta salvadoreño André Cruchaga cuya traducción ha estado a cargo de Pere Bessó filólogo y catedrático de lengua y literatura española. André Cruchaga es profesor de humanidades y como núcleo enriquecedor de su actividad docente, ha desarrollado una importante y extensa obra poética que ha sido galardonada con diferentes premios literarios y ha traducido a diferentes idiomas: francés, rumano, holandés, vasco, valenciano, etc. Entre sus obras destacan: Alegoría de la palabra (1992), Visión de la muerte (1994), Enigma del tiempo (1996), Roja Vigilia (1997), Rumor de pájaros (2002), Pie en tierra (2007), Caminos Cerrados (2009), Viajar de la ceniza (2010), Cuaderno de ceniza (2013), Balcón del vértigo (2014), Post scriptum (2014), etc. Además ha publicado sus poemas en las revistar literarias más prestigiosas de España y América Latina.

André Cruchaga es un poeta de gran altura que puede provocar cierta hipoxia y desvanecimiento en los lectores desprevenidos que no están acostumbrados a caminar por senderos contiguos a los grandes desfiladeros donde habita, en la profundidad abisal, la palabra con mayúsculas. La palabra como sentimiento que es imagen y que se funde con aromas telúricos de tiempos imperecederos: la metáfora al servicio de una creatividad combativa sostenedora de esa clase de dignidad se sustenta en la observación de la realidad; un entorno envolvente cuyo caos es tan subterráneo y trascendente que se intangibiliza en la superficie insustancial y rutinaria de una vida cotidiana fabricada para convertirnos en inconscientes. Sí, el poeta salvadoreño, con su verso inflamado que todo lo ilumina, nos despierta y avisa del creciente auge del pensamiento automático que acaba transformando nuestra existencia en un devenir superfluo entre horarios lineales de comidas, cenas, idas y venidas al trabajo y largas sentadas frente al sedante televisor.

El poeta Cruchaga emplea herramientas como el simbolismo y la metáfora para rescatar trozos de conciencia faenando poéticamente en los caladeros de un ultra-realismo cargado de dolor e incertidumbre: paso incontrolable del tiempo, envejecimiento, muerte, despropósitos del ser humano que acaba transformando lo más hermoso en pura miseria…, inexistencia; pero mediante su poesía profundiza en los temas centrales de la vida como la misma muerte (asalariada por la vida para sus propios fines…, especialmente el postrero y definitivo):.Así en “Muerte” nos avisa de que es la medida de todas las cosas:

Muero cada día cuando resbalo en la cuerda floja del tiempo, este aliento carece ya de sombreros cae la respiración hasta los tobillos, ¿qué me queda después de lamer los excrementos? (Morir antes que mueran las palabras es la mejor solución). Morir como se embriaga el tejado… “ (Cruchaga, 2014: 192)

Cruchaga es un poeta que no hace concesiones a la galería y reinterpreta la realidad desnuda del discurrir de la vida como metáfora de navegación existencial donde todo está en conexión:
Navegación “A través del barro, las manos tallan las distancias: esos pasos lentos del desvelo, las sombras diurnas del relámpago, la piedra de la fatiga donde deslumbran tantas instantáneas (…)” (Cruchaga, 2014: 164).

También se detiene el poeta en las secuelas del paso del tiempo y la manifestación de un inevitable arte, El olvido:

“Sueño ya el olvido y las extrañezas en vísperas de relojes caducos. El horizonte es irreparable en las postrimerías de la edad (también los mostradores huesudos de las talabarterías, los disfraces cumplidos de los funerales sobre el mundo infinito del desquicio)(…)”

Es Cruchaga un poeta atento a los sentimientos que le provocan sus capacidades perceptivas y lo refleja magistralmente en “Olfato”:

“Cuando el árbol de repente abre sus dominios, el olfato implora al pájaro etéreo del cierzo, -volveré a trepar al vendaval de la noche, a su dosis de trementina, a su embriaguez de escritura muerta”.

En el poema que da título al poemario “Viaje póstumo”, el poeta se sitúa en una posición álgida de anticipada nostalgia para despedirse sin desistir de estar y dejando constancia de lo que pensará y hablará cuando ya no pueda pensar ni hablar:
“Que la luz hunda su imagen en mi lápida. Animada y visible al mismo tiempo. Más allá de lo anónimo y el olvido, soy ciudadano de este país. Pon una rosa sin aldabas sobre mi cruz, un pétalo tan solo hacia el horizonte como vos una calle que desafíe al tiempo (…)”

Por todo esto y mucho más presente en su dilatada obra, André Cruchaga es un poeta de gran altura que puede llegar a provocar cierto vértigo en los lectores desprevenidos que tal vez estén más acostumbrados a la poesía de salón donde emerge de forma rebuscada y artificiosa lo amable, feliz y bienaventurado que es ese bicho bipedestador que es el hombre. No, no están acostumbrados a caminar por senderos contiguos a los grandes desfiladeros donde habita, en la profundidad abisal, la palabra con mayúsculas…, la única capaz de aprehender y transmitir cuestiones tan esenciales como la auténtica y contradictoria realidad del ser humano.