sábado, 1 de octubre de 2011

PUNTUALITAT DE LA NIT/PUNTUALIDAD DE LA NOCHE. COMENTARIO Y TRADUCCIÓN PERE BESSÓ.


He sigut durant anys, un nom entre tants noms:
davall dels cels que gasten el seu mateix ferment, la nit com un arbre
gegant, rostre cec invisible en el col•loqui,
on només bateguen litorals buits. On els dies són estrelles
nàufragues, herència d'entropessades en la gola.
Imagen tomada de Miswallpapers.net




PUNTUALITAT DE LA NIT/PUNTUALIDAD DE LA NOCHE. COMENTARIO Y TRADUCCIÓN PERE BESSÓ.




Aunque graves razones personales me impiden trabajar en tus textos como debiera, sigo leyéndote noche a noche con el deleite que sólo la madrugada alcanza. Te envío el poema traducido, después de haberlo hecho mío, en el sentido más desposeído, pero no paradójico. Tú me entiendes. El poema ha comulgado conmigo, como la dosis inversa de la lectura puntual, nocherniega, noctámbula. Y, claro, Ella no faltará a la cita. La noche, tema mayor de la lírica, que tú sostienes con tu riquísimo y coherente armazón conceptual, trufado de un aparato retórico-formal exquisito y que señalan la maniera tan tuya de trabajar la escritura, el artefacto del poema. Porque es el tuyo un poema de buen trabado lirismo. Un poema que permite leerse de un tirón, sin reposo, tal cual llega la noche para después, más sosegadamente, ir advirtiendo los juegos ocultos. Una vez que percibimos -sentimos- cómo André anima la Noche, el lector consciente advertirá las dos caras de la misma: la de la noche que llega, pero también sus huidas. Una noche, amante fiel, transcrita desde el borbotar de imágenes que se entrelazan y ensamblan para lograr el tono obscuro que celebra el texto. Sólo deseo destacar un elemento muy productivo en la poética de Andre Cruchaga: los ojos. Unos ojos que la noche rompe para ubicar el paisaje de las sombras. Unos ojos asociados sorpresivamente, por ejemplo, a una metáfora de hondo calado transracional: paraguas de ceniza. Y es que la asociación hay que preverla: se abre y se cierra un paraguas como se abren y se cierran los ojos. Por ese camino que un lector exigente debe cumplir, puede ensoñar, con la ayuda del poema, la sal, la mar, el pozo, los párpados y tantos elementos recurrentes para colegir -curioso que en el poema no se nombre aun estando en la retaguardia, la lluvia (aunque una lluvia de cenizas se presienta)- que ni siquiera nos cobija el árbol gigante de la Noche...

Mislata, Valencia, septiembre 30 de 2011-09-30




PUNTUALITAT DE LA NIT




Sempre arribes d'hora, sense repòs, armada de premeditades
ombres, puntual com l'esfera dels fanals en plena intempèrie;
omplis la meua boca de paraules fosques, trenques els meus ulls per a posar
paraigües de cendra, abandons i ossos esberlats.
Tot és així d'indefens en el paladar que acumula paraules
incertes. Batega la nit en la fotja de les hores, en aquesta lentitud
de viure dins de masmorres, de fer camins amb la sal
de les pestanyes, de defugir el cos entre corbs i teranyines.

—No hi ets. Mai no estàs filant l'horitzó amb d'altres colors
que no siga el color de les burilles desfent la seua espiral d'abelles;
Vespreja als vaixells i, també, en els peixos de la vida:
llavors cauen les enfiladisses al pou que els ocells han fet
als racons de les cantonades, en el niu perllongat que els braços
deleren. Aquestes ales fatigades envelleixen en l'ara de les parets,
i, encara que sobtoses, abasten cert vol,
gasten el seu cor en la feixuguesa que penja de les hores sense objecció.
He sigut durant anys, un nom entre tants noms:
davall dels cels que gasten el seu mateix ferment, la nit com un arbre
gegant, rostre cec invisible en el col•loqui,
on només bateguen litorals buits. On els dies són estrelles
nàufragues, herència d'entropessades en la gola.

Res no és tan puntual i precís com el rellotge d'aigua en la mar
que soscava els ulls, i escriu llegendes cegues i s'endinsa
en l'alé amb força furibunda; en cada mort que em deixa
la nit, els mesos sense retard, ombres llevades al poema,
larves gestant ombres en matèria i temps.
És possible que un dia trenque les ales, el soroll, el passa-muntanyes
dels camins, el cigarret que relata els meus racons;
és possible perforar la ferida del granit que esberla l'alé,
la molsa que fa llunyana la claror.

Sovint tan sols és possible la intempèrie tacada de violència,
la dificultat de fer soroll en la garrotxa, damunt de les verdures
podrides en mocadors, ombres buscant la seua ferida.
En aquesta llenya del terra habiten els voltants del caos amb tots
els seus matisos: pàgines nuvolades, esvanides amb els matins,
torrencials vísceres del desordre, altures invertides
de sobretaula, escales de doble vertigen.

Hi ha fugides, també, en cada puntualidad de la nit;
diluvis esperant la següent hora, poemes oblidats en la pell,
aguaits rajant mapes, a la vorera dels cementeris,
teulats on naufraga l'arc de Sant Martí, mesos amb sobrecàrrec
de puntades, trinxeres sense palpebres.
Quan el rumb és un tren incert, són preferibles les veredes:
Ara udola el niu de les parpelles, els resquills de la nit
llampeguen en la boca, en la taca de la tempesta.

Baratària, setembre de 2011




PUNTUALIDAD DE LA NOCHE




Siempre llegas puntual, sin descansar, armada de premeditadas
sombras, puntual como la esfera de los faroles en plena intemperie;
llenas mi boca de palabras oscuras, rompes mis ojos para poner
paraguas de ceniza, abandonos y desquebrajados huesos.
Todo es así de indefenso en el paladar que acumula palabras
inciertas. Late la noche en la foja de las horas, en esta lentitud
de vivir dentro de mazmorras, de hacer caminos con la sal
de las pestañas, de sortear el cuerpo entre cuervos y telarañas.

—No estás. Nunca estás hilando el horizonte con otros colores
que no sea el color de las colillas deshaciendo su espiral de abejas;
atardece en los barcos y, también, en los peces de la vida:
entonces caen las enredaderas en el pozo que los pájaros han hecho
en los rincones de las esquinas, en el nido prolongado que los brazos
Anhelan. Estas alas fatigadas envejecen en el altar de las paredes,
y aunque de pronto, alcancen cierto vuelo,
gastan su corazón en la torpeza que cuelga de las horas sin reparo.
He sido por años, un nombre entre tantos nombres:
bajo los cielos que gastan su propio fermento, la noche como un árbol
gigante, ciego rostro invisible en el coloquio,
donde sólo laten litorales vacíos. Donde los días son estrellas
náufragas, herencia de tropezones en la garganta.

Nada es tan puntual y preciso como el reloj de agua en la mar
que socava los ojos, y escribe leyendas ciegas y se adentra
en el aliento con fuerza furibunda; en cada muerte que me deja
la noche, los meses sin demora, sombras levadas en el poema,
larvas gestando sombras en materia y tiempo.
Es posible que un día rompa las alas, el ruido, el pasamontañas
de los caminos, el cigarro que relata mis rincones;
es posible perforar la herida del granito que rompe el aliento,
el musgo que hace lejana la claridad.

A menudo sólo es posible la intemperie manchada de violencia,
la dificultad de hacer nido en la breña, sobre las verduras
podridas en pañuelos, sombras buscando su herida.
En esta leña del suelo, habita la cercanía del caos con todos
sus matices: páginas nubladas, desvanecidas con las mañanas,
torrenciales vísceras del desorden, alturas invertidas
de sobremesa, escaleras de doble vértigo.

Hay huidas, también, en cada puntualidad de la noche;
diluvios esperando la siguiente hora, poemas olvidados en la piel,
acechanzas chorreando mapas, al borde los cementerios,
tejados donde naufraga el arco iris, meses con sobrecargo
de puntadas, trincheras sin párpados.
Cuando el rumbo es un tren incierto, son preferibles las veredas:
Ahora aúlla, el nido de los párpados, las esquirlas de la noche
Relampaguean en la boca, en la mancha de la tormenta.

Barataria, 12.X.2011

domingo, 25 de septiembre de 2011

REBEL•LIA/REBELDÍA-COMENTARIO Y TRADUCCIÓN: PERE BESSÓ


Les ombres són com el rovell: devem allunyar-nos dels rellotges
oxidats, de l’horitzó opac, de les banderes mortes
que albiren a través de les finestres.
Imagen tomada de Miswallpapers.net





SÓLO LA REBELDÍA ENCUMBRA
REBEL•LIA/REBELDÍA-COMENTARIO Y TRADUCCIÓN: PERE BESSÓ





Rebeldía. No podemos dormir quietos ante los signos de la barbarie. Estamos ante una nueva glaciación, pero ésta absolutamente distinta y marcada por la ausencia de ideología y de valores. La señal del Poder, y baste. Ante este nuevo signo de la llegada de los nuevos bárbaros -menos literaria (Kavafis, DH Lawrence) que efectiva- de nuestra civilización sólo podemos acrecentar los gestos -trazos- de la conciencia a través de la escritura. Sólo ella desde la sinceridad nos salva de la vejación y la inmolación, porque sólo ella nos advierte:

Las sombras son como la herrumbre: uno debe alejarse de los relojes
oxidados, del horizonte opaco, de las banderas muertas
que asoman a través de las ventanas.
Uno debe ponerse a salvo porque la escoria es persistente,
si se equivoca el camino desembocamos en los cementerios


El último verso, sin embargo, arremete contra la dejadez, la blandura y aquello de que sea lo que Dios quiera:

A veces, sólo la rebeldía nos empina hacia el horizonte.

Y observemos el matiz: no nos empuja sino que nos alza, nos eleva, endereza y empina. Loado horizonte sea el de los rebeldes.




REBEL•LIA





Una corona de trens s’enrosca en les temples, sagnen els reguers
dels mapes, cruixen les àncores de les branques en els seus metalls rebels;
a voltes és l’únic que ens salva davant de la domesticitat:
el subconscient salta, mossega les dents de la cendra, beu
del migdia, amb els seus embocadors purulents.
Sent que és l’únic que ens salva quan tenim la immolació
davant de nosaltres, el pols trencat en absència d’arc del cel;
el dol camina fos pels carrers, sagnen les portes
inaccesibles de la pols, la caiguda malalta del cel,
amb la seua vella arna de calendari, amb graneres de mirades sinistres.

Davant del fum, la rebel•lia de les aigües per a rentar els ciments
de les parets, el vestíbul de les estàtues, la celofana de les mirades,
els forats de les culleres,
les hamaques arremolinades en la foscor.
Davant del borinot de l’estrèpit i la vexació, l’arma possible
per a combatre és la rebel•lia, no el cel cremat de les parpelles,
no el triangle equilàter dels paracaigudes, ni la simfonia en gris
major del fogó, el radi tallat de la circumferència,
no l’ofec agenollat en el núvol de la boirina del cigar.

Les ombres són com el rovell: devem allunyar-nos dels rellotges
oxidats, de l’horitzó opac, de les banderes mortes
que albiren a través de les finestres.
Devem deslliurar-nos de perill, perquè l’escòria és persistent,
si errem el camí desemboquem als cementeris;
la llum ha sigut sempre una plantació de butxaques: precedeix
a la possessió del firmament, pertany als cavalls llostrejats
en la boca, a l’art d’interrogar l’ombra de les campanes.

Indagar és qüestió de caminar en el desert:
no podem dormir quiets enmig de la barbàrie,
ni agenollar-nos sobre les cendres de les funeràries. L’única possibilitat
és no domesticar l’escriptura, ni sucumbir a las circumstàncies;
cada dia és necessari posar el temps en el quiròfan,
escabotar la bava de les tombes,
resistir la inseguretat explorant cada desarrel,
agafar seriosament els anys de camins foscos, les mans inverses
del pàlpit, la llunyania que sovint es perd en les teules.

A cada jardí el seu hivern de formigues, allò subtil aparentement
per bé que siga còpia del caos, asil de la penombra, equipatge de fullarca.
Aixi com així, no es poden obrir les portes: és necessari
enderrocar-les, fins que sagnen les baldes i el dia cante
i el camí s’allibere de garrotxa i el coixí, riu sense murs.
A voltes, només la rebel•lia ens dreça cap a l’horitzó.

Baratària, setembre de 2011





REBELDÍA





Una corona de trenes se enrosca en las sienes, sangran las acequias
de los mapas, crujen las anclas de las ramas en sus rebeldes metales;
a veces es lo único que nos salva frente a la domesticidad:
el subconsciente salta, muerde los dientes de la ceniza, bebe
del mediodía, con sus tragantes purulentos.
Siento que es lo único que nos salva cuando tenemos la inmolación
frente a nosotros, el pulso roto en ausencia de arco iris;
el luto anda derretido en las calles, sangran las puertas
inaccesibles del polvo, la caída enferma del cielo,
con su vieja polilla de calendario, con escobas de miradas siniestras.

Ante el humo, la rebeldía de las aguas para limpiar los cimientos
de las paredes, el vestíbulo de las estatuas, el celofán de las miradas,
los agujeros de las cucharas,
las hamacas arremolinadas en la oscuridad.
Frente al moscardón del estrépito y el vejamen, el arma posible
para combatir es la rebeldía, no el cielo quemado de los párpados,
no el triángulo equilátero de los paracaídas, ni la sinfonía en gris
mayor de la hornilla, el radio sajado de la circunferencia,
no el ahogo arrodillado en el nubarrón de la neblina del cigarro.

Las sombras son como la herrumbre: uno debe alejarse de los relojes
oxidados, del horizonte opaco, de las banderas muertas
que asoman a través de las ventanas.
Uno debe ponerse a salvo porque la escoria es persistente,
si se equivoca el camino desembocamos en los cementerios;
la luz ha sido siempre una plantación de bolsillos: precede
a la posesión del firmamento, pertenece a los caballos amanecidos
en la boca, al arte de interrogar la sombra de las campanas.

Indagar es cuestión de caminar en el desierto:
no se puede dormir quieto en medio de la barbarie,
ni arrodillarse sobre las cenizas de las funerarias. La única posibilidad
es no domesticar la escritura, ni sucumbir a las circunstancias;
cada día es necesario poner el tiempo en el quirófano,
cercenar la baba de las tumbas,
resistir a la inseguridad explorando cada desarraigo,
tomar en serio los años de caminos oscuros, las manos inversas
del pálpito, la lejanía que a menudo se pierde en las tejas.

A cada jardín su invierno de hormigas, lo aparentemente sutil
aunque sea copia del caos, asilo de la penumbra, equipaje de hojarasca.
Así por así, no se pueden abrir las puertas: hay necesidad
De derribarlas, hasta que sangren las aldabas y el día cante
Y el camino quede libre de breña y la almohada río sin muros.
A veces, sólo la rebeldía nos empina hacia el horizonte.

Barataria, septiembre de 2011

lunes, 12 de septiembre de 2011

PEDRA DAMUNT PEDRA, LA SOLEDAT SENSE TREVA/PIEDRA SOBRE PIEDRA, LA SOLEDAD SIN TREGUA-COMENTARIO Y TRADUCCIÓN DE PERE BESSÓ


Sempre preferírem els hiverns deshabitats,
el deliri de les funeràries, anul•làrem el poder de les finestres:
hi ha paraules confuses que llepen la saliva, dies incorregibles,
excepte que siguen per a escriure epitafis en les tombes.
IMAGEN TOMADA DE mISWALLPAPERS.NET




Querido André:


Piedra sobre piedra, la palabra o el silencio. Esa es la eterna condena en la que nos sumió el dios alfarero, por mucho que el gran Ginsberg tratara de zafarse de la misma, tras la máscara del personaje zafio y burlón (de ahí tu segura elección de la cita).
Del poema, amigo Andrés, me quedo con la recuperación del jarro en donde tras la expulsión del Edén guardamos el agua, el pan, la miel, todo embutido de orza y, cómo no, las palabras. Un jarro que es vida, aun cuando se quiebre, consienta, raje o rompa.
Un jarro que vale en su mansedumbre de ciencia cierta lo que el mito desparramará inútilmente en caja de Pandora. Las muescas de la Vida y las señales de la Muerte:

Como todo, también las palabras mueren
en boca de quien las pronuncia con facilidad o falsedad,
quedan en el aire, etéreas, cuando se quiebra
el jarro que las contiene o las deshace el agua
cuando el agua se convierte en antorcha sinuosa.


Un abrazo, amigo.
Pere




PEDRA DAMUNT PEDRA, LA SOLEDAT SENSE TREVA




Tengo suerte de tener los cinco dedos en la mano derecha
suerte de hacer pipí sin que me duela mucho
suerte que los intestinos se muevan…
ALLEN GINSBERG




Pedra damunt pedra l’ossada que obrí el pit.
El vent cremat dels morts, la cara perduda en la taula,
—tu, com un raïm enfilant-se al pit,
Rius foscos ixint de l’alé. Fórem forjats per a viure
en soledat permanent, amb la nit d’hora de les marees,
amb la vella creença de les parpelles tancades
per a no ser testimonis de l’alegria,
per a esvair-nos en l’infortuni dels llençols.
Sempre les aigües de la soledat afonant els ulls,
aquelles violes que en acabant es convertiren en cendra somnàmbula,
la roba que sempre li quedà curta als somnis.

Sempre preferírem els hiverns deshabitats,
el deliri de les funeràries, anul•làrem el poder de les finestres:
hi ha paraules confuses que llepen la saliva, dies incorregibles,
excepte que siguen per a escriure epitafis en les tombes.
En tot aquest temps ens menjà el no-res, és dir,
el semen del buit damunt de l’heura de les cames;
la crueldat del silenci amb les seues parets secretes;
els ulls humitosos impossibles de direcció.
Perdérem tot allò que guanyàrem amb l’eco de les campanes.

(Parlem del món ara de retorn al nostre bolic.
De retorn per a què, o per a qui,
quan la inflació ens ha fet desadaptats,
quan les xarxes socials ens duen fins al fàstic
fins al punt de la desesperança. Com fundar un nou regne
entre tant monstre, ah, Zenó de Citi, Heràclit, Hegel?
Ací la mudança diària del foc, ah, Diògenes de Babilònia,
Escipió, de què ens serveix l’estoicisme
en temps en què el foc crema les parpelles,
i l’home és menjat pels megaemporis,
fundats per a enaltir el bruc de la Bossa de Valors
de qualsevol país del món? Des de trones sagrades
se’ns parla de fortalesa i resignació, des dels areòpags
se’ns invita a carregar felizçment la culpa a perseverar en la disfressa.)

Com em dol la ciència quan pense
en la Sodoma del suor vessat en l’ombra blanca del melic,
el pretèrit amb els seus ecos encalats, quan parlàvem,
malgrat l’ebriesa del fred, sense cap drap,
ací, al llit. —Com tot, també les paraules moren
en boca de qui les pronuncia amb facilitat o falsedat,
resten en l’aire, etèries, quan s’esberla
el gerro que les conté o les desfà l’aigua
quan l’aigua es torna torxa sinuosa.
Cadascú juga al deliri del que vol:
per bé que la salmorra trenque dia rere dia l’espill,
malgrat la palpitació grisa de les soledats, camins d’endolats
ganivets sostinguts per la llengua…

Baratària, setembre de 2011





PIEDRA SOBRE PIEDRA, LA SOLEDAD SIN TREGUA




Tengo suerte de tener los cinco dedos en la mano derecha
suerte de hacer pipí sin que me duela mucho
suerte que los intestinos se muevan…
ALLEN GINSBERG




Piedra sobre piedra el esqueleto que abrió el pecho.
El viento quemado de los muertos, la cara perdida en la mesa,
—vos, como un racimo trepando en el pecho,
oscuros ríos saliendo del aliento. Fuimos forjados para vivir
en soledad permanente, con la noche temprana de las mareas,
con la vieja creencia de los párpados cerrados
para no ser testigos de la alegría,
para desvanecernos en el infortunio de las sábanas.
Siempre las aguas de la soledad hundiendo los ojos,
aquellos alelíes que luego se convirtieron en sonámbula ceniza,
la ropa que siempre le quedo chica a los sueños.

Siempre preferimos los inviernos deshabitados,
el delirio de las funerarias, anulamos el poder de las ventanas:
hay confusas palabras que lamen la saliva, días incorregibles,
salvo que sean para escribir epitafios en las tumbas.
En todo este tiempo nos comió la nada, es decir,
el semen del vacío sobre la yedra de las piernas;
la crueldad del silencio con sus paredes secretas;
los ojos húmedos imposibles de dirección.
Perdimos cuanto ganamos con el eco de las campanas.

(Hablamos del mundo ahora de regreso a nuestro petate.
De regreso para qué, o para quién,
cuando la inflación nos ha vuelto desadaptados,
cuando las redes sociales nos llevan hasta el hastío
al punto de la desesperanza. ¿Cómo fundar un nuevo reino
entre tanto monstruo, ah, Zenón de Citio, Heráclito, Hegel?
Aquí la mudanza diaria del fuego, ah, Diógenes de Babilonia,
Escipión, ¿para qué nos sirve el estoicismo
en tiempos en que el fuego quema los párpados,
y el hombre es comido por los megaemporios,
fundados para enaltecer el panal de la Bolsa de Valores
de cualquier país del mundo? Desde púlpitos sagrados
se nos habla de fortaleza y resignación, desde los areópagos
se nos invita a cargar felizmente la culpa a perseverar en el disfraz.)

Cómo me duele la ciencia cuando pienso
en la Sodoma del sudor vertido en la sombra blanca del ombligo,
el pretérito con sus encalados ecos, cuando hablábamos,
pese a la ebriedad del frío, sin ningún trapo,
aquí, en el lecho. —Como todo, también las palabras mueren
en boca de quien las pronuncia con facilidad o falsedad,
quedan en el aire, etéreas, cuando se quiebra
el jarro que las contiene o las deshace el agua
cuando el agua se convierte en antorcha sinuosa.
Cada quien juega al delirio de lo que quiere:
pese a que la salmuera rompa día a día el espejo,
pese a la palpitación gris de las soledades, caminos de enlutados
cuchillos sostenidos por la lengua…

Barataria, septiembre de 2011

domingo, 28 de agosto de 2011

ELS PEUS AL LLINDAR-TRADUCCIÓN PERE BESSÓ


De tant caminar, fatigat, arribe al llindar, recobre el pregon
alé de les portes, tants llavis abstrets a l’aguait
d’una guitarra, les mans que deleren consumar la vesprada,
la salvació de la galdufa, l’infant que fórem sempre fins i tot en el sufocament.
Imagen tomada de Miswallpapers.net





ELS PEUS AL LLINDAR




¿Qué buscaba mi afán entre la noche?
¿Quién me libró del sigiloso viaje?
MARGARITA PAZ PAREDES




De tant caminar, fatigat, arribe al llindar, recobre el pregon
alé de les portes, tants llavis abstrets a l’aguait
d’una guitarra, les mans que deleren consumar la vesprada,
la salvació de la galdufa, l’infant que fórem sempre fins i tot en el sufocament.
Arribe. Estic a temps de posar els peus a terra,
tocar ferm, capells i paraigües, córrer invicte darrere del llenguatge,
les paraules vinents en l’aire.
Tanque l’escuma erràtica de l’alé, opte per l’aire de l’evidència:
m’acompanya la confiança d’allò viscut, l’hort del silenci,
les llavoretes que he anat guardant als racons de la memòria;
així és com han perdurat els vitralls,
la meua vida silvestre, estovalles que les lluernes erigeixen com a gespa.
Sovint el llindar té imans d’eternitat, respirs
deslligats,
lúcides ombres com un armari amb ocells.

(Al capdavall, sempre hi ha mancances:
l’aposta del coixí que a voltes romp els pensaments
benignes, l’escòria que de sobte ens dóna el seu esclafit agre,
l’ardiment dels lòbuls davant del plany.
En aquest temps no sé si serà possible abastir la plenitud del gaudi,
saltar el terraplé de la por, el safareig del fang, embriagar
allò palpable de nous rellotges, resistir la temptació de la cendra.
cada paraula té, sovint, crespons de fèretres,
badies de menudall on només creix la garrocha i l’ull sense pissarres.
Dec suposar que la misèria a voltes es torna inaudible
Davant de l’albarda de l’huracà, estrèpits de roca a mallades.)

—Tracte de posar les coses en ordre abans que es faça de nit:
preferesc sempre la xafegada de l’aurora,
a tanta tempesta urgida de morts, a tanta purulència en el fluid
de la finestra; és molt més gratificant pensar en el ble
dels trens, en el parpelleig del pètal en els antulls.
A tant camí fet, la sang s’ha lliurat al vol:
així, llavors, sóc capaç d’albirar el joc de l’aire,
la meua mateixa utopia que no té gens d’extrahumà, sinó lectures
en el quadern dels parcs, íntim cristall dels desigs.
Al fons de la casa habitada, el tabal de les violes,
al turbant dels llumins, el pou on cavilen els llampecs.

Al fons, al llindar, l’endevinalla de les meues sabates,
l’hora que m’acompanya en l’hamaca amb tots els records:
els pretèrits junts com una roca de jade,
amb la mateixa claredat amb què clareja el gall la mata de ros.
La resta és tan sols trànsit i hores, lletania transida de l’espill,
L’ofec que l’aire desperta en les aigües.

Baratària, agost de 2011




LOS PIES EN EL UMBRAL




¿Qué buscaba mi afán entre la noche?
¿Quién me libró del sigiloso viaje?
MARGARITA PAZ PAREDES




De tanto caminar, fatigado, llego al umbral, recobro el hondo
aliento de las puertas, tantos labios absortos a la espera
de una guitarra, las manos que anhelan consumar la tarde,
la salvación del trompo, el niño que fuimos siempre aun en el sofoco.
Llego. Estoy a tiempo de poner los pies sobre la tierra,
tocar firme, sombreros y paraguas, correr invicto tras el lenguaje,
las palabras venideras en el aire.
Cierro la espuma errátil del aliento, opto por el aire de la evidencia:
me acompaña la confianza de lo vivido, el huerto del silencio,
las semillas que he ido guardando en los rincones de la memoria;
así es como han perdurado los vitrales,
mi vida silvestre, manteles que las luciérnagas erigen como césped.
A menudo el umbral tiene imanes de eternidad, desatados respiros,
lúcidas sombras como un armario con pájaros.

(Después de todo, siempre hay carencias:
la porfía de la almohada que a veces rompe los pensamientos
benignos, la escoria que de pronto nos da su estallido agrio,
el ardimiento de los lóbulos ante la queja.
En este tiempo no sé si sea posible alcanzar la plenitud del regocijo,
saltar el terraplén del miedo, la alberca del cieno, embriagar
lo palpable de nuevos relojes, resistir a la tentación de la ceniza.
cada palabra tiene, a menudo, crespones de féretros,
abadías de cascajo donde sólo crece la breña y el ojo sin pizarras.
Debo suponer que la miseria a veces se vuelve inoíble
Frente a la albarda del huracán, estrépitos de roca a almadanazos.)

—Intento poner las cosas en orden antes de que anochezca:
prefiero siempre el chubasco de la aurora,
a tanta tempestad urgida de muertos, a tanta purulencia en el fluido
de la ventana; es mucho más gratificante pensar en el pabilo
de los trenes, en el parpadeo del pétalo en los anteojos.
A tanto camino andado, la sangre se ha entregado al vuelo:
así, entonces, soy capaz de avizorar el juego del aire,
mi propia utopía que no tiene nada de extrahumano, sino lecturas
en el cuaderno de los parques, íntimo cristal de los deseos.
Al fondo de la casa habitada, el timbal de los alelíes,
al turbante de los fósforos, el pozo donde cavilan los relámpagos.

Al fondo, en el umbral, el acertijo de mis zapatos,
la hora que me acompaña en la hamaca con todos los recuerdos:
los pretéritos juntos como una roca de jade,
con la misma claridad con que clarea el gallo la mata de rocío.
Lo demás es sólo tránsito y horas, letanía transida del espejo,
El ahogo que el aire despierta en las aguas.

Barataria, agosto de 2011