sábado, 13 de noviembre de 2010

SAL ANUNCIADA DEL VERTIGEN EN LA BOIRA / SAL ANUNCIADA DEL VÉRTIGO EN LA NIEBLA - COMENTARIO Y TRADUCCIÓN: PERE BESSÓ

Pere Bessó, poeta y traductor





SAL ANUNCIADA DEL VERTIGEN EN LA BOIRA / SAL ANUNCIADA DEL VÉRTIGO EN LA NIEBLA - COMENTARIO Y TRADUCCIÓN: PERE BESSÓ

Querido André:


Otro de los poemas que hay que señalar como muestra de tu buen saber hacer. Pocos autores he leído que hayan poetizado el rompimiento del alba y la llegada de las primeras luces del día como tú. Y, antes de seguir, he de afirmarte sin rubor alguno que el tema de la albada es uno de los informantes de mi escritura. Efectivamente, el amanecer –o la amanecida, sea el matiz- es recurrente en la buena poesía de todos los tiempos, y lugares. E innúmeros poetas se han dejado llevar –seducir- por la impronta de la lírica paisajística o la amorosa. Otros han preferido el brote expresionista o incluso metafísico. Y los ha habido, en fin, que se reclamaron del pesimismo existencial: cualquier noche pasada fue mejor. Y así, alba tras alba, a lo largo de la Tradición. Sin embargo, con tu poema me acerco al Alba feminizada que desde el bosque toma el lindero hacia las primeras casas de la villa, en donde humea el claror en los pucheros de las buenas humildes gentes. Sí, hablo de Rimbaud, pero también de Francis Jammes y, a mucho estirar, de Paul Claudel, quien pese a su cristianismo narcotizante nunca dejó de lado el albatros baudelaireano …
Y, aunque es cierto que todos los poetas que he citado son de expresión francesa (aube, aube!), tiene su razón: la cultura anglosajona, desde mis lecturas, se entrega más al juego de entreluces, atardecer o anochecer. El twilight. Son los franceses –también los catalanes o los poetas arabigoandalusíes- quienes entretejen versos que clarean. E iluminan. Ésa es la palabra justa para el péndulo de la poesía que también hoy encuentro a la manera de la huella necesaria [Y habrás de perdonarme mi eurocentrismo en esta nota a picado de dedos entumecidos]. No luz de vaivén. Trasluz. Luz en la trastienda del ser que contempla el orbe desde esa persiana y ventana de pájaros delgados –ocells prims, amigo, fíjate qué belleza sonora, pero también cuánta luz en su fonética lírica- No es ocioso ni incidental que des el salto apropiado, ordenado hacia la luz maestra. Y que sea Guillén, el beato Guillén quien te alumbre en la unidad del ser frente al mundo. El desasosiego del cuerpo y la mente ensoñados, adormilados, cabeceantes frente al universo camino del esplendor. Tu poema en búsqueda de la armonía…
Aun sabiendo, justamente por eso, que la tierra de la piel está quemada por la sal, una alta sal que anuncia el vértigo de la bruma. El vértigo de las apariencias que se bate en las barricadas alzadas a la luz de los ojos insomnes. Dicho a tu manera, Cru, del desasosiego de la noche, la ruptura y la fiebre, a la unidad del cuerpo y la mente. Si no gozo de amanecida, quede al menos la aceptación del propio vivir y la carne –los huesos- de su memoria desperezada:

Amanece en mis bolsillos la ventana de la niebla. Crece la garganta
Entre el filo de las persianas, pájaros delgados en la sonrisa de las manos.
Dobla el campanario en la taberna del alma. Voces pululantes
En el vértigo sobre la nube oscura del pájaro. Pasa el afiche del viento
En medio de las pupilas como una barricada de esquinas grises.
La sal se eterniza en los hombros; la flor del beso en los poros
Camina descalza hasta convertirse en césped.
—Cada mañana trae mojados alelíes. Mapas pintados de confecciones
Absurdas, y péndulos sin desplazamiento de hipotenusas.
Ya no hay apariencias, sino el reposo de la materia, los pies sobre
La tierra, el rumbo entero de lo que fueron los desasosiegos.
Ahora es una sola unidad el cuerpo y la mente.

Pere Bessó, Valencia, 13 Noviembre 2010.



SAL ANUNCIADA DEL VERTIGEN EN LA BOIRA




Mi memoria ya es carne, ya un placer
-soñado- resucita,
ya la verdad de mi vivir da cita.
¿Alma, cuerpo? Mi ser.
JORGE GUILLÉN




Trenca l’alba en les meues butxaques la finestra de la boira. Creix la gola
Entre el fil de les persianes, ocells prims en el somriure de les mans.
Dobla el campanari en la taverna de l’ànima. Veus pul•lulants
En el vertigen damunt del núvol fosc de l’ocell. Passa l’afixat del vent
Enmig de les ninetes com una barricada de cantons grisos.
La sal s’eternitza en els muscles; la flor del bes en els porus
Camina descalça fins a tornar-se gespa.
—Cada matí porta violes mullades. Mapes pintats de confeccions
Absurdes, i pèndols sense desplaçament d’hipotenuses.
Ja no hi ha aparences, sinó el repòs de la matèria, els peus damunt
De la terra, el rumb sencer d’allò que foren els desassosecs.
Ara és una sola unitat el cos i la ment.
En quins carrers tristos té lluïssor la boca, el cos esquinçat, nu
Dels dies nascuts al buit dels ulls?
—La sal és un confús martiri de llençols: ens corca i preserva;
Ens buida el cossí dels ulls,
Es farta en la cara com un sol blanc, com premut paraigües.
D’ençà aquesta perennor pressentida: ací es nodreixen les branques de la vida,
El sentit de la vida, el litoral del destí amb les seues ungles.
És un morir diari aquesta acumulació d’equipatges;
Ens desvivim cada volta que els minuts, redons, giren sense encert
Damunt l’ossada del deliri.
La sal anunciada, pressentida, ens aventa cap al crit on s’alça
El cos i entra de seguida a la boca amarga de la boira.
De sobte es perd la certesa de la transparència, el món objectiu
De les sabates, el tràfic mut de les voravies.
Mai no ha sigut fàcil entendre les aigües inefables que corren sort
Estranya en els braços grocs de la fullaraca. Sempre és així per a pujar
Les escales de la molsa, el pis de sorra dels litorals
Un día o un altre, el capell fosc del vertigen: l’argent viu de la sal
En vaixells estranys, l’ofeg mastegat com residu d’esquerdes,
—demència repetida en l’ombra del reble.
Al capdavall, la sal ens mossega les dents i trenca el fil de les ungles;
I fumeja en la seua dissonància de badall,
I crema en la inclemència la seua mateixa paradoxa: el rictus d’anunciar
La gota de sang que flueix del no-res a la boira.
Un dia tindré només memòria: ací els escaldums en el paladar,
Batalla guanyada pel silenci, per l’ala cremada de la pira…

Baratària, 11.XI.2010

SAL ANUNCIADA DEL VÉRTIGO EN LA NIEBLA




Mi memoria ya es carne, ya un placer
-soñado- resucita,
ya la verdad de mi vivir da cita.
¿Alma, cuerpo ? Mi ser.
JORGE GUILLÉN




Amanece en mis bolsillos la ventana de la niebla. Crece la garganta
Entre el filo de las persianas, pájaros delgados en la sonrisa de las manos.
Dobla el campanario en la taberna del alma. Voces pululantes
En el vértigo sobre la nube oscura del pájaro. Pasa el afiche del viento
En medio de las pupilas como una barricada de esquinas grises.
La sal se eterniza en los hombros; la flor del beso en los poros
Camina descalza hasta convertirse en césped.
—Cada mañana trae mojados alelíes. Mapas pintados de confecciones
Absurdas, y péndulos sin desplazamiento de hipotenusas.
Ya no hay apariencias, sino el reposo de la materia, los pies sobre
La tierra, el rumbo entero de lo que fueron los desasosiegos.
Ahora es una sola unidad el cuerpo y la mente.
¿En qué calles tristes tiene brillo la boca, el cuerpo rasgado, desnudo
De los días nacidos en la oquedad de los ojos?
—La sal es un confuso martirio de sábanas: nos corroe y preserva;
Nos vacía el cuenco de los ojos,
Se harta en la cara como un sol blanco, como apretado paraguas.
De ahí esta perennidad presentida: aquí se nutren las ramas de la vida,
El sentido de la vida, el litoral del destino con sus uñas.
Es un morir diario esta acumulación de equipajes;
Nos desvivimos cada vez que los minutos, redondos, giran sin atino
Sobre la cárcava del delirio.
La sal anunciada, presentida, nos avienta hacia el grito donde se alza
El cuerpo y entra en seguida, a la boca amarga de la niebla.
De pronto se pierde la certeza de la transparencia, el mundo objetivo
De los zapatos, el tráfico mudo de las aceras.
Nunca ha sido fácil entender las aguas inefables que corren suerte
Extraña en los brazos amarillos de la hojarasca. Siempre es así para subir
Las escaleras del musgo, el piso de arena de los litorales.
Un día u otro, el sombrero oscuro del vértigo: el azogue de la sal
En vasijas extrañas, el ahogo masticado como residuo de grietas,
—demencia repetida en la sombra del cascajo.
Después de todo, la sal nos muerde los dientes y rompe el filo de las uñas;
Y humea en su disonancia de badajo,
Y quema en la inclemencia su propia paradoja: el rictus de anunciar
La gota de sangre que fluye de la nada a la niebla.
Un día tendré sólo memoria: ahí la pepitoria en el paladar,
Batalla ganada por el silencio, por el ala ardida de la pira…

Barataria, 11.XI.2010

martes, 9 de noviembre de 2010

LLUM RESTITUÏDA/LUZ RESTITUIDA: TRADUCCIÓN Y COMENTARIO DEL POETA PERE BESSÓ

Pere Bessó, poeta y traductor español





LLUM RESTITUÏDA/LUZ RESTITUIDA: TRADUCCIÓN Y COMENTARIO DEL POETA PERE BESSÓ




Querido Cru:

No es demasiado aconsejable coger el rábano por las hojas dice la sabiduría popular, pero no es menos cierto que las ramas pueden definir el árbol y dejar en tentempié la razón de los bosques. Algo así me sucede hoy a la hora de hablarte del poema que he traducido. Como que hablar de la luz restituida, devuelta, renovada pareciera que tuviera poco que ver con el mundo y trasmundo del tren. Pero, amigo, es que en la poesía de André Cruchaga el tren es más que elemento decorativo o figurativista, es un referente y recurrente con todas sus asociaciones y conflictos simbólicos: pues que el tren es velocidad nos acerca o nos aleja. Vamos a o huimos de. Esa consideración trajo al menos a Unamuno y a don Antonio de cabeza. Ambos se entregaron, a filo de siglo, a disquisiciones nada perentorias, aunque lo que a uno le sobraba de topofobia a otro le alentaba la filotopía. Desde el tren. Para Unamuno, el sueño de lo práctico junto al absurdo, como el paraguas cuyo sentido paradójico se perdía al abrirse. Para don Antonio el ensueño a lomos del caballo de hierro.

Pero es que ambos habían vivido con todo lujo de detalles el tren hispánico y vaya que lo había celebrado la sociedad bienpensante y ociosa. Sin embargo, junto a Azorín, los tres conocían el significado del tren futurista e incluso, allá de Marinetti, el tren de Mayakovsky riéndose de su desdicha de cuento y bailarina de affiche, frente a los trenes de la revolución. Y, sin embargo, en el amigo Cruchaga, un siglo después, hay un caleidoscopio de trenes de la infancia, con sus trenzas y todo, trenes a destripar en busca de la añoranza de los Reyes Magos, hay trenes peripatéticos, casi con alma de bestiario, son los trenes cánidos, los trenes moviendo la cola a nuestro encuentro y, cómo no, los trenes jamelgos y los trenes líricos y, hasta cierto punto, metafísicos. Los trenes de la luz y de las sombras. Los trenes, ay, de la noche. Y, así, si a Antonio Colinas se le abrían los caballos a la noche, André no le va zaguero: en sus poemas casi cotidianamente se le abren los trenes a la madrugada hasta el amanecer. Y, de nuevo ay, trenes con su carga de eros y tragedia: trenes rigurosamente vigilados. Trenes en blanco y negro, como la película homónima. Trenes de mercancías cuyo humo sueña. Son trenes abandonados en estaciones del recuerdo, a los que sólo acudimos en el duermevela los paisanos que leemos desde el mejor de los andenes los poemas viajeros del poeta, y es que, como el eslogan paranomásico: "André, ven en tren"...

Un abrazo.
Pere.




LLUM RESTITUÏDA





…i la volta del cel era una foradada
sense llums als vagons:
i he fet un foc d'estelles dins la gola del llop.
JOAN SALVAT-PAPASSEIT




Cada nineta neta, a trenc d’alba, les teranyines de la nit.
En la unitat de l’equilibri només hi ha les paraules blanques.
El sol dels trens penja de les temples, l’univers dels noms
Amb els seus ardents vagons líquids.
Cada dia s’il•lumina amb la campana del gall que aleteja en el traspati
Del calendari, en l’aigua reflectida de l’aire,
El crisantem que la memòria guarda per a incorporar-lo a les vocals.
Damunt de la pedra el cos devers l’horitzó.
Entre les ombres, m’acompanya la llum restituïda: —la branca del somni
Que llostreja en l’alba, el nom cert dels llençols,
El lloc de les certeses que és sense fronteres, la porta naixent,
Fonda, que assisteix la pluvia transparent del camí, —carrers caminats
Que poden ser oblit, mentre s’escole la treva amb les ombres.
—Hem caminat enmig de la multiplicació del tedi.
Hem estat suspesos en el vagó rectangular de la foscor;
Però també, hui, somorgollem la fusta:
Inscrivim els ulls a un altre llindar de cresols. Sortim il•lesos del fil.
El vaixell dels sentits amb nosaltres.
L’oblit amb nosaltres.
El cos sense plagues amb nosaltres.
L’infant de l’arc del cel amb nosaltres.
El món pols a pols amb nosaltres.
—La vida està oberta a l’aurora de sí mateixa. I, encara que continuem
Essent pelegrins, trenca l’alba la pedra amb nou cerç: alguna cosa desperta
En cada cos succeït, en els porus esclarits de l’aigua.
Alguna cosa ens reinventa els sentits, —la fam del tacte, potser porta
De la llum, ulls ascendits de la nit, verd quadern de l’horòscop.
Traiem de cada colp, el sucre circular dels ocells.
La llum reunida és possible. Pugem en clau l’òrbita de les ninetes,
I desamarrem les gotes de nostàlgia, la multitud de fèretres,
La batalla inversa de la sang,
Els números cecs de l’afany.
Ara entrem transparents al pol•len. A aqueix altre ponent sense agulles de cap;
De front madura la transparència del foc, ací,
on arribats, —nosaltres— els grisos es desplomen.
Els braços tenen presència de ferrocarrils: cada cos tangible
En el so; els punts cardinals ens encarnen: cada llum és la quietud
De sí mateixa, —la flama aspirada pel subconscient.
Cadascú recull segons allò pensat: açò és més que un designi
De renovades aigües. És el temps restituït del dia.

Baratària, 08.XI.2010



LUZ RESTITUIDA




…i la volta del cel era una foradada
sense llums als vagons:
i he fet un foc d'estelles dins la gola del llop.
JOAN SALVAT-PAPASSEIT




Cada pupila limpia, al amanecer, las telarañas de la noche.
En la unidad del equilibrio sólo existen las palabras blancas.
El sol de los trenes cuelga de las sienes, el universo de los nombres
Con sus ardientes vagones líquidos.
Cada día se ilumina con la campana del gallo que aletea en el traspatio
Del calendario, en el agua reflejada del aire,
El crisantemo que la memoria guarda para incorporarlo a las vocales.
Sobre la piedra el cuerpo en dirección del horizonte.
Entre las sombras, me acompaña la luz restituida: —la rama del sueño
Que amanece en el alba, el nombre cierto de las sábanas,
El lugar de las certezas que existe sin fronteras, la puerta naciente,
Honda, que asiste a la lluvia transparente del camino, —calles andadas
Que pueden ser olvido, mientras fluya la tregua con las sombras.
—Hemos caminado en medio de la multiplicación del tedio.
Hemos estado suspendidos en el vagón rectangular de la oscuridad;
Pero también, hoy, sumergimos la madera:
Inscribimos los ojos a otro umbral de candiles. Salimos ilesos del filo.
El barco de los sentidos con nosotros.
El olvido con nosotros.
El cuerpo sin llagas con nosotros.
El niño del arcoíris con nosotros.
El mundo pulso a pulso con nosotros.
—La vida está abierta a la aurora de sí misma. Y, aunque sigamos
Siendo peregrinos, amanece la piedra con nuevo cierzo: algo despierta
En cada cuerpo sucedido, en los poros despejados del agua.
Algo nos reinventa lo sentidos, —el hambre del tacto, acaso puerta
De la luz, ojos ascendidos de la noche, verde cuaderno del horóscopo.
Sacamos de cada golpe, el azúcar circular de los pájaros.
La luz reunida es posible. Subimos en clave la órbita de las pupilas,
Y desamarramos las gotas de nostalgia, la multitud de féretros,
La batalla inversa de la sangre,
Los números ciegos del afán.
Ahora entramos transparentes al polen. A ese otro poniente sin alfileres;
De frente madura la transparencia del fuego, aquí,
Donde llegados, —nosotros— los grises se desploman.
Los brazos tienen presencia de ferrocarriles: cada cuerpo tangible
En el sonido; los puntos cardinales nos encarnan: cada luz es la quietud
De sí misma, —la llama aspirada por el subconsciente.
Cada quien cosecha según lo pensado: esto es más que un designio
De renovadas aguas. Es el tiempo restituido del día.

Barataria, 08.XI.2010

domingo, 31 de octubre de 2010

BALCONES/BALCONS-NOTA INTRODUCTORIA Y TRADUCCIÓN DE PERE BESSÓ

Pere Bessó, poeta y traductor español





BALCONES/BALCONS-NOTA INTRODUCTORIA Y TRADUCCIÓN DE PERE BESSÓ


Querido Cru:


Un poema excelente. Pareciera que iniciaras una senda lírica al hablar de los barrotes de balconadas de antaño, aquéllas que competían con miradores y celadores de tiempos de romanticismo tardío y modernismo postcolonial. Eso pareciera cuando te encantas al apenas sugerir los mensajes enviados desde la distancia que encaraban los enamorados. Pareciera, pero no.

La senda del poema queda iluminada ya desde los primeros versos. El óxido, el paso del tiempo y sus huellas en los barrotes de hierro:

Desde afuera el pánico se pierde entre las calles, pero
Desde dentro los cuerpos respiran páginas secas de un libro carcomido.

Desde estos primeros versos que acá señalo aparecen los límites del universo. La frontera del miedo y la transgresión del cobijo seguro. En primer plano, las marcas deícticas: desde dentro/desde fuera. Pareciera como si el universo tuviera sus zonas calientes en las calles y la zona cálida de la casa, por modesta que nos aparezca. Hasta acá, se podría pensar en el punto de arranque de la denuncia social. Sí, es cierto, pero el poema cuyo núcleo se desarrolla a través del cultivo de la miseria, el miedo y, sobre todo, la omnipresencia de la muerte (con su simbología de Bestiario: escorpiones y arañas, pero también iconología: el alarido del perro ante la tumba), no acaba en este descriptivismo social al que tantas veces acude André Cruchaga. No. El lamento no es sólo denuncia.

O, si se quiere, esto es lo que hay, y no lo parte de la materia ni anecdotario poéticos. El poeta llega a la otra orilla del mero aceptar y esperar la ráfaga del pánico que penetra los cuerpos y se enseñorea de ellos. Hay mucho más, hay de modo recurrente en André Cruchaga un sentido de la naturaleza del ser que se ahoga y cicatriza en el miedo existencial que deriva de un pesimismo biográfico. Y dejó el apunte de pesimismo biográfico porque, querido amigo, aunque sólo te escribo una breve nota al poema, algún día habremos de volver a ubicar esta idea, desarrollarla o desecharla, pues en modo alguno trato de equivocar la senda de este poema con referencias académicas a ciertas maneras del pesimismo existencial europeo, lo que no vendría al caso, pues tus poemas no arrancan prima facie de la angustia del existir, no es el tuyo un pesimismo de honda raíz ontológica que parta de apriorismos sobre la naturaleza del hombre. Ni siquiera señalaría las raíces evangélicas, aunque sea a menudo una de las fuentes de tu poesía.

Sin duda alguna, merecen comentario estos balcones que van desde el poema que describe los dos escenarios en los que el balcón con sus barrotes no eximen de la continuidad, al cabo, de los territorios de la calle al ámbito más íntimo del interior de la casa y su centro, el lecho:

Sólo queda cerrar los ojos y esperar que pase la noche agarrada de la mano
Con el grito de la luna, junto al despojo…
Solos, la mujer y el hombre, tambaleando entre los alfileres del viento.
Solos, entumecidos, esperando a lo que dicta la noche sin paréntesis.
—Solos, atrás de los balcones creciendo en la vegetación del miedo,
Esperando que la ráfaga muerda los sentidos…

Un abrazo, mi hermano.
Pere Bessó


BALCONS



Les cases semblen la complicitat d’un altre temps —discrets missatges
Entre cada ferro on l’aire i el paisatge de penes entren als ulls.
La sal del temps els tria per al rovell i tanmateix continuen
Implacables. Des de fora el pànic es perd entre els carrers, però
Des de dins els cossos respiren pàgines seques d’un llibre corcat.
Dia i nit crepiten els sentits —día i nit tancat l’univers
Als ulls. La llum de penes, la soledat com una pesada cortina d’hivern.
L’espera pal•lideix en les paraules, l’aire és breu en la respiració.
La por creix en moments on el suïcidi sembla un transeünt;
Per això els balcons s’han tornat fidels centineles, íntim somni
Per a evitar les transgresions, encara que la transparència es faça pesada
Roca del secret i a la fi u perda tota fragància…

Són després de tot, substitució de les paraules: Rostre de temors.
El respir creix en la crudesa de cada ferro, el seu silenci cavernós
fa agònica la tendresa. Ara els veiem pertot arreu, és infatigable
La seua abundància davant de les dents depredadores de la violència.
Fins quan aquesta foscor anirà en les nostres sabates? Fins quan
Els faedors de la mort seran impunes a les portes i habitacions?
Entre la foscor de la mort les cases com a botí i la vida enterbolida.
Fins quan deixarà d’allargar els seus cabells de furtiva metzina?
Fins quan aquest escorpió deixarà de respirar en les lluernes
De la foscor? La lluna de penes es cola amb el seu uniforme blanc
Entre les finestres —aqueixa lluna amb ànima que baixa dels arbres i il•lumina
La guitarra dels pensaments…

El pànic no sols creix al carrer, sinó darrere d’aquests barrots, on la pau
Es fa més inestable i les dents masteguen immensos bocins de por.
Aquest llarg desassossec es torna boira als braços i sutze als llavis.
L’alegria la desconeixen les ulleres dels cossos anul•lats, els claus
De mitjanit travessant el somni, el manoll de morts esquinçant
Els ferros gelats, les paraules en la diadema de la saliva,
Sense més habitants que la foscor de las habitacions on els cossos
Llepen la histèria a través dels mocadors tancats de les aranyes.
Mai abans no fou el vent tan grotesc davant dels espills, ni la fusta
Tan clivellada com la misèria en un llit sense llençols.

Darrere dels barrots, confuses les paraules al rostre. Els gossos
Udolant damunt de les tombes vivents, la set absurda de l’espavent —única set
Possible damunt de cavalls d’asfíxia. Déu no es deixa mirar davant de l’assassí.
Només resta tancar els ulls i esperar que passe la nit agafada de la mà
Amb el crit de la lluna, junt a la despulla…
Sols, la dona i l’home, trontollant entre les agulles de cap del vent.
Sols, entumits, esperant allò que dicta la nit sense parèntesi.
—Sols, darrere dels balcons creixent en la vegetació de la por,
Esperant que la ràfega mossegue els sentits…

Baratària, 02.II.2009.






BALCONES



Las casas parecen la complicidad de otro tiempo —discretos mensajes
Entre cada hierro donde el aire y el paisaje apenas entran a los ojos.
La sal del tiempo los elige para la herrumbre y sin embargo siguen
Implacables. Desde afuera el pánico se pierde entre las calles, pero
Desde dentro los cuerpos respiran páginas secas de un libro carcomido.
Día y noche crepitan los sentidos —día y noche cerrado el universo
A los ojos. La luz apenas, la soledad como una pesada cortina de invierno.
La espera palidece en las palabras, el aire es breve en la respiración.
El miedo cunde en momentos donde el suicidio parece un transeúnte;
Por eso los balcones se han vuelto fieles centinelas, íntimo sueño
Para evitar las transgresiones, aunque la transparencia se vuelva pesada
Roca del sigilo y al final uno pierda toda fragancia…

Son después de todo, sustitución de las palabras: Rostro de temores.
El respiro cunde en la crudeza de cada hierro, su silencio cavernoso
Hace agónica la ternura. Ahora los vemos en todas partes, es incansable
Su abundancia ante los dientes depredadores de la violencia.
¿Hasta cuándo esta oscuridad andará en nuestros zapatos? ¿Hasta cuándo
Los hacedores de la muerte serán impunes a las puertas y habitaciones?
Entre la oscuridad de la muerte las casas como botín y la vida enturbiada.
¿Hasta cuándo dejará de alargar sus cabellos de furtiva ponzoña?
¿Hasta cuándo este escorpión dejará de respirar en los tragaluces
De la oscuridad? La luna apenas se cuela con su uniforme blanco
Entre las ventanas —esa luna con alma que baja de los árboles e ilumina
La guitarra de los pensamientos…

El pánico no sólo cunde en la calle, sino tras estos barrotes, donde la paz
Se hace más inestable y los dientes mastican inmensos pedazos de miedo.
Este largo desasosiego se vuelve niebla en los brazos y hollín en los labios.
La alegría la desconocen las ojeras de los cuerpos anulados, los clavos
De medianoche atravesando el sueño, el manojo de muertos rasgando
Los hierros helados, las palabras en la diadema de la saliva,
Sin más habitantes que la oscuridad de las habitaciones donde los cuerpos
Lamen la histeria a través de los cerrados pañuelos de las arañas.
Nunca antes el viento fue tan grotesco frente a los espejos, ni la madera
Tan agrietada como la miseria en una cama sin sábanas.

Detrás de los barrotes, confusas las palabras en el rostro. Los perros
Aullando sobre tumbas vivientes, la sed absurda del espanto —única sed
Posible sobre caballos de asfixia. Dios no se deja mirar ante el asesino.
Sólo queda cerrar los ojos y esperar que pase la noche agarrada de la mano
Con el grito de la luna, junto al despojo…
Solos, la mujer y el hombre, tambaleando entre los alfileres del viento.
Solos, entumecidos, esperando a lo que dicta la noche sin paréntesis.
—Solos, atrás de los balcones creciendo en la vegetación del miedo,
Esperando que la ráfaga muerda los sentidos…

Barataria, 02.II.2009.

martes, 12 de octubre de 2010

CAMPANARIO DEL OMBLIGO-COMENTARIO Y TRADUCCIÓN AL CATALÁN POR PERE BESSÓ

Pere Bessó, poeta y traductor español






CAMPANARIO DEL OMBLIGO-COMENTARIO Y TRADUCCIÓN AL CATALÁN POR PERE BESSÓ



Querido poeta:

Hoy prefiero este tratamiento que no es distanciador sino dignificante para quien bien oficia. En verdad he gozado con la lectura de “Campanario del ombligo”, texto descaradamente sensual y, más aún, erótico. Que el título, antesala y pórtico del poema, trabe tal metáfora es digno de estudiar. Una metáfora arriesgada entre lo monumental y lo diminuto: ¿qué semejanza o contigüidad aportan el uno al otro para que el lector descubra por ley de asentimiento tal metáfora? A de B. Plano real y plano simbólico. ¿Pero un campanario del ombligo? Éste, amigas y amigos, es el riesgo con el que trata cada noche el poeta. La ruptura de la lógica de uso, por la lógica transracional del sentido que se libera. ¿No dijeron acaso nuestros clásicos –incluyo los modernos, José lezama Lima- que el cuerpo de la amada es una catedral? Basta con leer el poema y se comprende que García Lorca o Aleixandre, más allá de la comparación, vieran, sentidos avizor, que el cuerpo era águila o toro. Y acá no se trataba meramente de acudir a beneficio de inventario a los animales totémicos, como sí es el caso del gato de la cita de Carlos Barral, poco pródigo a semejantes excesos de aireamiento íntimo. Un gato, por cierto, que se debate de la noche al alba entre las puntas de sus patas (uñas) y las puntas de los senos de Eos o Ios, la diosa de la Aurora, un alba animificada y tan femenina como los albores de la poesía.
Pero volvamos al hilo de Ariadna y a los tibios infiernos de André Cruchaga. Un ombligo capaz de llamar in media res a la protuberancia, a las señales deleitosas, parada y fonda, bien puede ser considerado no sólo el centro umbilical del cuerpo, sino –sigamos la metágora lexicalizada- el ombligo del mundo. Y es un ombligo que clama en el desierto del poeta. Y no la primera vez que en alguno de sus poemas. (Sería curioso hacer una lectura de los entresijos del cuerpo y de la piel que André Cruchaga canta). Un ombligo que es también metáfora de género próximo, como lo es el vientre del arbusto o del montículo, metáforas o imágenes preclaras que no necesitan mayor aviso. Un ombligo que llama a cumplir religiosamente como tal. Un campanario que guarda en su interior la campana del clamor evangélico. Un campanario que no sólo debemos referenciar junto con campana y badajo, sino también con campánula; es decir con el menudo badajillo crepuscular, ni más ni menos que, en mi opinión, el clítoris de la amada. Arriesgo, lo sé. Pero la saliva del poeta es mi mejor testigo en esta escritura del deseo o lo que se ha convenido en llamar, desde la perspectiva de género, escritura del cuerpo.
Y está claro que, a partir de la senda del interior del poema que con la metáfora iniciática se vislumbra, podemos gozar el viático carnal. Y es así como encontramos un tratamiento simbólico a todas luces del mejor erotismo. Y lo grandioso es que André Cruchaga construye a partir de estructuras lexicalizadas por doquier: leemos el ‘portillo’, por ejemplo, y nos viene a la mente esa expresividad de las gentes sencillas con que denominan la entrada a la caverna del goce. Leemos la deleitosa y dulce ‘sal marina’ del goce y sabemos cómo en el común mortal sal y sudor se emparentan, etc. Y así nos encadenamos en la morosidad de la caricia junto a los ayes, perdón, trinos de las aves que organan (orgañan, orgasman). Así lo quería, por ejemplo, el maestro Gonzalo de Berceo en el prohemio de los Milagros de Nuestra Señora. Y así la membresía adicta del poeta amigo volverá los ojos al bosque, pero también al mar, sin necesidad de trasegar en la noche del delirio el ámbito de la intimidad propia. No resultará ocioso, pues, que el clímax aparezca en el poema como ritmo de acantilado y clamor de incendio. Un clímax al que se aboca el poeta resuelto en el nido de la fronda más oculta, súbitamente iluminada. Y la campana tañe y repica. Y el ombligo se da a los últimos y más altos jadeos.
Permítaseme, para acabar, la expresión al uso de la tierra serrana que guardo para otros menesteres: “¡Aguas por todas las tablas!”
Mis saludos plenos de afecto y cordialidad, poeta amigo.
Pere Bessó.

València, 12 Octubre 2010.






CAMPANARI DEL MELIC



alba rosada sobre el gris de un gato,
con las puntas nocturnas de los pechos
CARLOS BARRAL



En el fons, la saliva perllonga les baixes aigües del finestró. Plantar
Ninetes en la redonesa del paper, avançar en la grossària del vent,
Madurar el refilet en cada espai de la carícia.
Aquest campanari de tebi brancall, tiba la rotació dels rellotges,
Mossega el bufit redó del temporal.
Per a quan la sang bade els seus llençols, el dia serà costella
En aquest desvetlament de filosa finestra. I vindran els perfums petrificats
En las mans. I la llengua jugant a l’abisme.
Hem recorregut kilòmetres de tendresa. Migdies de cuixes.
La sal, líquida, recorre com una hamaca la pell i la pluja del secret.
Per sort les aigües del llit no ens perden,
En l’assedegat rusc de l’espessura.
Entre l’índigo de les veles, les arestes de l’escuma al litoral,
—el pètal en la pipa del bosc,
La insomne aurora de les bragues, la fèrtil nineta de la set,
L’altre jo en el dolmen del toro. En el monticle que afronta l’aurora.
Estic. Estem en l’ona nord de les onades. En el ritme penya-segat
De la roca, en el clam elevat a incendi.
Fa passos l’aigua en la flama. Vaixell de sang la font ígnia
De l’hora en la llum de l’horitzó.
No arriba la nit ni el dia s’extingeix. Només és ona i vol el mar
Del pàlpit en la seua brisa circular d’illa.
El verdor s’endreda en les ninetes. El verd exhalat de la talaia,
La garsa ascendida a munt de fulles,
L’efluvi immens de l’escriptura en el melic.
S’escruixen els arcans trencats del velam. El llot del firmament.
Aquesta vermella intuició de l’ànsia. Aquest viril ofici en la randa.
I no és per a menys el manglar en el miratge.
I no és per a menys, l’horitzó erràtic, després que s’enfunda
El guix en la mossegada del paisatge.
I no és per a menys, la imatge i els símbols: la llum hostial de l’eura,
El ventall lunar al peu de la cal•ligrafia. Al peu del ràfec del pa.
En el torrent de la taula o el tamborinet duplicat
D’aigües i fanals incandescents.
Aquesta mena de campanari salta entre les gavines del pit.
Blanc i negre, palpebres i pesca en la fuga, fumerals i xarxes,
Trens blaus als ulls. Trens de colors confosos.Vaixells salats.
Ocres tutelars en la boca.
Lents olis dels fanals en l’espill del psalm trafegat.
Aigües totes en l’aeroplà líquid del jardí, en l’ull de les quartelles,
En el verd niu del fil, en la nineta absorta de la fronda.

Baratària, 03.XI.2010



CAMPANARIO DEL OMBLIGO




alba rosada sobre el gris de un gato,
con las puntas nocturnas de los pechos
CARLOS BARRAL



En el fondo, la saliva prolonga las bajas aguas del postigo. Plantar
Pupilas en la redondez del papel, avanzar en el grosor del viento,
Madurar el trino en cada espacio de la caricia.
Este campanario de tibia ramazón, tensa la rotación de los relojes,
Muerde el soplo redondo del temporal.
Para cuando la sangre quiebre sus sábanas, el día será costilla
En este desvelo de filosa ventana. Y vendrán los perfumes petrificados
En las manos. Y la lengua jugando al abismo.
Hemos recorrido kilómetros de ternura. Mediodías de muslos.
La sal, líquida, recorre como una hamaca la piel y la lluvia del sigilo.
Por fortuna las aguas del lecho no nos pierden,
En la sedienta colmena de la espesura.
Entre el índigo de las velas, las aristas de la espuma en el litoral,
—el pétalo en la pipa del bosque,
La insomne aurora de las bragas, la fértil pupila de la sed,
El otro yo en el dolmen del toro. En el montículo lindando en la aurora.
Estoy. Estamos en la ola norte del oleaje. En el ritmo acantilado
De la roca, en el clamor elevado a incendio.
Hace pasos el agua en la llama. Barco de sangre la fuente ígnea
De la hora en la luz del horizonte.
No llega la noche ni el día se extingue. Sólo es ola y vuelo el mar
Del pálpito en su brisa circular de isla.
El verdor se enreda en las pupilas. El verde exhalado de la atalaya,
La garza ascendida a hojerío,
El efluvio inmenso de la escritura en el ombligo.
Estremecen los arcanos rotos del velamen. El lodo del firmamento.
Esta bermeja intuición del ansia. Este viril oficio en el encaje.
Y no es para menos el manglar en el espejismo.
Y no es para menos, el errátil horizonte, después que se enfunda
La tiza en la mordida del paisaje.
Y no es para menos, la imagen y los símbolos: la luz hostial de la yedra,
El abanico lunar al pie de la caligrafía. Al pie del alero del pan.
En el torrente de la mesa o el taburete duplicado
De aguas y faroles incandescentes.
Esta suerte de campanario salta entre las gaviotas del pecho.
Blanco y negro, párpados y pesca en la fuga, chimeneas y redes,
Trenes azules en los ojos. Trenes de colores confundidos. Barcos salados.
Ocres tutelares en la boca.
Lentos óleos de los faroles en el espejo del salmo trasegado.
Aguas todas en el aeroplano líquido del jardín, en el ojo de las cuartillas,
En el verde nido del filo, en la pupila absorta de la fronda.

Barataria, 03.XI.2010