sábado, 9 de julio de 2022

ALZAR EL VUELO

 

Obra pictórica de Joan Miró


ALZAR EL VUELO

  

 

Mi servidumbre es la palabra impura,…

Jorge Luis Borges

 

 Álzate pájaro sobre la rama gris del cielo en la música alada de los huesos sacude la angustia al borde de las palabras la nada siempre el fuego que purifica la sal de los caminos Louis Armstrong oculta el poema en su pipa caminar sin moscas sobre el gorrión de la mañana pájaro girasol del tren de mi vigilia aquí la actitud del ojo arraigado a las raíces siempre es extraño Rilke estar muerto verse uno muerto caminar muerto tocar los muertos envueltos en otros muertos escribo al oído de los ataúdes me importa poco los otros nombres que tienen los escapularios el hombre el hombre el tronco del árbol la incitación que provoca el sinfín al borde de tanta angustia  donde la duda socava los ocres posibles del otoño de las palabras desde el gozo de morir la noche respira sobre el petate de lo oscuro es sencillo morir en sosiego desvanecerse en los faroles de la luz disolver los zapatos en el agua despojarse de las criptas del poema —y vos en los despojos de mi memoria en la espuma del eco de lo mísero dónde crece el aire de la vida sin acabarse dónde la Nada o la irrealidad la misericordia aunque sea mero espejismo bebo la desnuda ceniza de las calles leo en cada piedra las certezas de las sombras y el espejo las sombras ruidosas que consumen y niegan la oscuridad que adivina los diálogos del silencio entre alegría y duelo descubro los platos rotos del hambre insidiada los comunicados de prensa como meros paisajes de los oscuros designios del tiempo en el agua sucia la memoria del tiempo los solitarios de siempre y sus presagios muere la conciencia y su delirio de muertos muere de vergüenza el tiempo mueren los zapatos sobre los andenes y la hojarasca desahuciada en el puño de semillas del pálpito quiero devolverle el aire a los espejos quiero regresar a remover el aullido de los perros callejeros que de vez en cuando lamen la esperanza los ojos visibles del granito ¿ves? ¿me ves ahuyentado del tiesto de café de los tantos imaginarios que incomodan a otros del prensapapel de los orgasmos en medio de la turba de los astros? como vos yo rompiendo el aire el calendario que se adueña de mis días felices dulce amargor del poro indecible de la madera indivisible en la sombra de los ojos como vos descendiendo al camposanto de los recuerdos persiguiendo trenes con gaviotas (mañana a la luz de otras vidas es posible el reencuentro no del ultraje ni el rastrojo sino de la voz y la luz sé que todo es transitorio y que cada cosa tiene su propia escoria: la historia el abandono la rama del deseo aun la agitación del cántaro de la esperma) habrá otros horizontes que seduzcan Nietzsche el prodigio de lo nuevo y lo viejo la caverna y la fatalidad la intemperie con espigas atormentadas la mesa confundida de bocas la cacerola del invierno como desvarío nunca supe otra cosa que no fuese alzar el vuelo: partir partir siempre ante el bajo mundo de la borrasca lustrar mis zapatos ante lo indefinible cerrar los ojos al óxido del espantapájaros Borges por Dios nunca vi a plenitud los ahoras sino siempre las partidas…

Barataria, 01.I.2015


viernes, 8 de julio de 2022

EPÍSTOLA PER A PERE BESSÓ│ EPÍSTOLA PARA PERE BESSÓ

Imagen FB de Pere Bessó


EPÍSTOLA PER A PERE BESSÓ

 

 

Es desmarxa el cabdell de pinces esplèndides

dels cèrvols volants cap a l’horitzó del dubte.

Pere Bessó

 

 

A la ranura del cerç, l’himen de l’infinit. Tal el cor secret

dels dies mutilats. A la tinta de l’arbre, acut en devoció

l’ocell per mossegar les secretes arrels de l’alfabet.

Als exteriors del paradís, l’hivern d’esca del temps

de Bachelard, o Thomas de Quincy el formiguer kantià

del desvari. Quelcom així com «la novetat de la vida nova».

Sempre creixen els ocells a manera d’enyorança de les Èglogues

del llampec capturat per la ullera anterior a les finestres.

Dins del joc del paragües descurat de l’alfabet,

caben els dies impossibles de les barquetes de paper,

la gola demolidora de les ombres, els coralls ultramarins

de la llengua damunt del picactxo horacià de les perdius.

Un dia en la diversitat dels melics,

el desvetllament dins de la parcel•la del soterrani en què vivim.

Sedimentat el mite de la sabata inexorable del que ara,

—veu possessa de certa arqueologia: arador de les llampades

en pupil•la de foc. Tot cap en la novetat del temps incipient.

La imatge del pètal sempre ens evoca el dard del gènesi

a les illades. Aquella olor a records sense equívocs

del que dóna fe Caballero Bonald en el seu llibre de «Las horas muertas.»

A diferència dels vestíbuls, el poema és una criatura deseixida,

en les mans d’André Gide, que no és fill de Santa Teresa,

ni del darrer deliri íntim en la salvació de l’home.

Dilucidada la virginitat de la molsa, es pot transparentar

l’inescrutable de la consumació teològica del temps.

Això en diría el jo profund quan bullen les fusteries.

—El jo de Bob Dylan o Jimi Hendrix, en la redempció del poema,

mentre la punta de l’alba punxa el moll del pit.

O es dissolen vigorosament les coses, com en diria Sant Pere.

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EPÍSTOLA PARA PERE BESSÓ

 

 

Se desmadeja el ovillo de pinzas espléndidas

de los ciervos volantes hacia el horizonte de la duda.

Pere Bessó

 

 

En la ranura del cierzo, el himen del infinito. Tal el corazón secreto

de los días mutilados. En la tinta del árbol, acude en devoción

el pájaro para morder las secretas raíces del alfabeto.

En los exteriores del paraíso, el invierno de yesca del tiempo

de Bachelard, o Thomas de Quincy el hormiguero kantiano

del desvarío. Algo así como «la novedad de la vida nueva».

Siempre crecen los pájaros a manera de añoranza de las Églogas

del relámpago capturado por la ojera anterior a las ventanas.

Dentro del juego del paraguas desaliñado del alfabeto,

caben los días imposibles de los barquitos de papel,

la garganta demoledora de las sombras, los corales ultramarinos

de la lengua sobre el picacho horaciano de las perdices.

Un día en la diversidad de los ombligos,

el desvelo dentro de la parcela del sótano en que vivimos.

Sedimentado el mito del zapato inexorable del que ara,

—voz posesa de cierta arqueología: arador de los destellos

en pupila de fuego. Todo cabe en la novedad del tiempo incipiente.

La imagen del pétalo siempre nos evoca el dardo del génesis

en los ijares. Aquel olor a recuerdos sin equívocos

del que da fe Caballero Bonald en su libro de «Las horas muertas.»

A diferencia de los vestíbulos, el poema es una criatura despejada,

en las manos de André Gide, que no es hijo de Santa Teresa,

ni del último delirio íntimo en la salvación del hombre.

Dilucidada la virginidad del musgo, se puede transparentar

lo inescrutable de la consumación teológica del tiempo.

Eso diría el yo profundo cuando bullen las carpinterías.

—El yo de Bob Dylan o Jimi Hendrix, en la redención del poema,

mientras la punta del alba pincha el muelle del pecho.

O se disuelven vigorosamente las cosas, como diría San Pedro.

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Del libro: «Objetos para armar», 2005

André Cruchaga


 

viernes, 3 de junio de 2022

GEBRE A LA BADIA │ ESCARCHA EN LA BAHÍA

 

Imagen FB de Pere Bessó



GEBRE A LA BADIA

 

 

En totes les ciutats busque sempre

un hotel que duguera el seu nom.

Joan Margarit

 

 

Darrere de tants hiverns, els noms esborrats en la sorra, els que ja abans s’havien perdut en el desfullament de pètals d’albes difuntes. En realitat mai no tinguérem un nom, sí, andròmines; enmig de tanta ràfega sempre fou impossible retindre’ls i més encara quan les ombres es tornaren erràtiques com el fred, asfalt d’oblits en una ciutat de cantonades venèries. Això passa en un món real on s’avorreix el cel mentre algú es furta l’horitzó i l’orfandat es torna certa i paraula inversemblant. Mai no fou cosa de semàntica viure al besllum de la calamitat i discórrer en el cansament de l’anonimat: és com si una garlopa ferotge esborrara l’entrada a casa i ens quedarem desxifrant la intempèrie.

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Poema d’ANDRÉ CRUCHAGA traduït en català per PERE BESSÓ

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ESCARCHA EN LA BAHÍA

 

 

En todas las ciudades busco siempre

un hotel que llevara el nombre de ella.

Joan Margarit

 

 

Detrás de tantos inviernos, los nombres borrados en la arena, los que ya antes se habían perdido en el deshojamiento de pétalos de albas difuntas. En realidad nunca tuvimos un nombre, sí, cachivaches; en medio de tanta ráfaga siempre fue imposible retenerlos y más cuando las sombras se volvieron erráticas como el frío, asfalto de olvidos en una ciudad de esquinas venéreas. Eso pasa en un mundo real donde uno aborrece el cielo en tanto alguien se roba el horizonte y la orfandad se vuelve cierta y palabra inverosímil. Nunca fue cuestión de semántica vivir al trasluz de la calamidad y discurrir en el cansancio del anonimato: es como si una garlopa feroz, borrara la entrada a casa y nos quedáramos descifrando la intemperie.

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Del libro: “Ahora es de noche y tú no tienes nombre”, 2022.

©André Cruchaga


LLUNA REMOTA │ LUNA REMOTA

 

Imagen FB de Pere Bessó


LLUNA REMOTA

 

 

Damunt de la vorera, la lluna amb llàgrimes i un cos de basalt en el remot, fosc com un taüt de noguera o una moneda de cendra. Llançat a la mitjanit i sota el mortuori rellotge del cos, la memòria del teu nom sobretot i aquesta anormal gola de paraules, desarticulades a cada pas. I de bell nou rendit davant de les aigües del diluvi, els teus pits de pluja tropical, les gambades de les gotes enmig dels dits. M’assegure, és clar, de no ser fosser dels meus desvaris ni un comensal distret: en els meus braços només viuen la teua pell i els teus ulls i la nit com una cadena inevitable. Tot ho explica l’absència que habite i fins i tot aquesta raó confusa de cavalcar sense remei en l’insomni.

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Poema d’ANDRÉ CRUCHAGA traduït en català per PERE BESSÓ

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LUNA REMOTA

 

 

Sobre la acera, la luna con lágrimas y un cuerpo de basalto en lo remoto, oscuro como un ataúd de nogal o una moneda de ceniza. Arrojado a la medianoche y bajo el mortuorio reloj del cuerpo, la memoria de tu nombre sobre todo y esta anormal garganta de palabras, desarticuladas a cada paso. Y de nuevo rendido ante las aguas del diluvio, tus pechos de lluvia tropical, las zancadas de las gotas entre los dedos. Me aseguro, claro, de no ser sepulturero de mis desvaríos ni un comensal distraído: en mis brazos solo viven tu piel y tus ojos y la noche como una cadena inevitable. Todo lo explica la ausencia que habito y hasta esa razón confusa de cabalgar sin remedio en el insomnio.

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Del libro “Ahora es de noche y tú no tienes nombre”, 2022.

©André Cruchaga