domingo, 6 de febrero de 2011

FULLA DEL DUBTE/ HOJA DE LA DUDA-TRADUCCIÓN CON APOSTILLA POR PERE BESSÓ

i ha vents que s’aferren al trajecte de la ferida: formen la seua mateixa
túnica de miratges, ombra en l’atri del pit.
En el seu estany, la nuesa es cobreix de teranyines, papallones
progressives esmunyint-se en el corral de la veu.



FULLA DEL DUBTE/ HOJA DE LA DUDA-TRADUCCIÓN CON APOSTILLA POR PERE BESSÓ



Un poema precioso, André, en la linea de tu trabajo de años. Bella tu hoja de la duda, frente a la imposible hoja de ruta infalible para el poeta. Y, como dices, mejor deshojarse en la fría duda que tener que soportar el tránsito con agujeros y alfileres.

Todo un poema de reflexión en el que vuelves a los motivos tan caros: el ámbito de la calle frente al doméstico o el interior de ti mismo. Si algo me llama la atención en éste es la combinación de la fiebre y las lámparas. ¿Quién no ha tenido un achaque o ha pasado jornadas enfermo y ha leído, dormitado, ensoñado o ha cultivado pesadillas a la luz de una lívida lamparilla de la mesita de noche? Quien no lo recuerde, olvida tu aviso para navegantes, 'a grandes altares, grandes tinieblas'. He ahí el sarcasmo que nace de la inteligencia, que no de la complacencia o filosofía de la consolación. Sigue, afortunadamente, habiendo un rebelde en la voz de André Cruchaga.

Pere Bessó.

Mislata,Valencia, 6 Febrero 2011.








FULLA DEL DUBTE




En ese mundo natural, sólo las latas y la paciencia
traen fecha de vencimiento.
RENÉ RODAS



Hi ha vents que s’aferren al trajecte de la ferida: formen la seua mateixa
túnica de miratges, ombra en l’atri del pit.
En el seu estany, la nuesa es cobreix de teranyines, papallones
progressives esmunyint-se en el corral de la veu.
És millor desfullar-me en el fred del dubte que haver de suportar
El trànsit amb forats i agulles de cap.
La febre dóna voltes al voltant de les llànties: així també
M’adone que les ares teixen grans tenebres, bulliments
d’espuma, llet fosca on s’inclina la lloança.
En l’estació morta de les escales, l’abisme té desnivells
d’acordions,
i subasthes on la foguera exorcitza els dies de la setmana;
encara que no es crega, els malls són necessaris per a enderrocar
les marees crescudes dels segles empedreïts i els brúfols negres
de l’idioma: les trenes són singulars rèptils,
en presència de la carn escorxada dels xiprers.
Encara m’alimente de caragols i lluernes: —per bé que cause
alarma, m’inquieta l’esmai en les clarors,
o si es vol, el resplendor en les sales dels aeroports,
on tot el món vol eixir a les terrasses de les falgueres
invisibles. De sobte, és certa la brisa blava que es penja de la llengua,
del cel lunar del sucre, de la foguera que esclata en la gola?
—Tots els dies del calendari són difícils d’entendre;
hui mateix quan les xicones caminen pels carrers de la ciutat
enmig de bestiaris,
de fissures i bagatel•les, d’aigües desconegudes embrutant el dia.
Hui podem inventar qualsevol cosa: d’ençà que els equívocs
nutrisquen la vida ciutadana; que la vida ciutadana estiga sempre en litigi,
i abunde pertot arreu la sospita
de l’almoina del cec en els vidents.
Quan cremem, caduquem en la vareta màgica del temps;
ens ompli el carrer amb els seus versos de granit, el colofó de la història
no advertida, la civada del florit en l’olfacte,
les veritats que mai no arriben a ser-ho enmig de la malesa,
el mèrit dels mugrons per als ulls sense brúixola, el fil dels reixats de fil d’aram
sobre el pa covat per a albergues:
tot excés és dubte. Tot somni damunt de pedra és dubte. Tota paraula
és una escala on l’alfabet tira els seus daus per a provar
la sort del ziga-zaga en les ninetes.
Sovint esl tabals de la saliva no serveixen per a alçar el desig,
Sinó per a festejar la càries declamada per les llànties…

Baratària, 30.I.2010




HOJA DE LA DUDA




En ese mundo natural, sólo las latas y la paciencia
traen fecha de vencimiento.
RENÉ RODAS






Hay vientos que se aferran al trayecto de la herida: forman su propia
túnica de espejismos, sombra en el atrio del pecho.
En su estanque, la desnudez se cubre de telarañas, progresivas
Mariposas resbalando en el traspatio de la voz.
Es mejor deshojarme en el frío de la duda, a tener que soportar
El tránsito con agujeros y alfileres.
La fiebre da vueltas alrededor de las lámparas: así también
Me doy cuenta que los altares tejen grandes tinieblas, ebulliciones
de espuma, lecha oscura donde se inclina la alabanza.
En la estación muerta de las escaleras, el abismo tiene desniveles
de acordeones,
y subastas donde la hoguera exorciza los días de la semana;
aunque no se crea, las almádanas son necesarias para derribar
las mareas crecidas de los siglos empedernidos y los búhos negros
del idioma: las trenzas son singulares reptiles,
en presencia de la carne desollada de los cipreses.
Todavía me alimento de caracoles y luciérnagas: —aunque cause
alarma, me inquieta el desmayo en las claridades,
o si se quiere, el resplandor en las salas de los aeropuertos,
donde todo mundo quiere salir a las terrazas de los helechos
invisibles. De pronto ¿es cierta la brisa azul que se cuelga de la lengua,
del cielo lunar del azúcar, de la hoguera que estalla en la garganta?
—Todos los días del calendario son difíciles de entender;
hoy mismo cuando las muchachas caminan por la calles de la ciudad
en medio de bestiarios,
de fisuras y bagatelas, de aguas desconocidas ensuciando el día.
Hoy podemos inventar cualquier cosa: de ahí que los equívocos,
nutran la vida ciudadana; que la vida ciudadana esté siempre en litigio,
y abunde por doquier la sospecha
de la limosna del ciego en los videntes.
Cuando ardemos, caducamos en la varita mágica del tiempo;
nos llena la calle con sus versos de granito, el colofón de la historia
no advertida, la avena del musgo en el olfato,
las verdades que nunca llegan a serlo en medio de la maleza,
el mérito de los pezones para los ojos sin brújula, el filo de las alambradas
sobre el pan incubado para albergues:
todo exceso es duda. Todo sueño sobre piedra es duda. Toda palabra
es una escalera donde el alfabeto tira sus dados para probar
la suerte del zigzag en las pupilas.
A menudo los tambores de la saliva no sirven para levantar el deseo,
Sino para regocijar la caries declamada por las lámparas…

Barataria, 30.I.2010

viernes, 28 de enero de 2011

LA NOCHE SUBLIMADA DE ANDRÉ CRUCHAGA- TEXTO DEL POETA PABLO MENACHO EN OCASIÓN DE LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO "SUBLIMACIÓN DE LA NOCHE/SUBLIMACIÓ DE LA NIT"


Pablo Menacho, poeta panameño



La noche sublimada de André Cruchaga



Pablo Menacho



La palabra escrita, cuando se trata de un acto de creación consciente, adquiere nuevas vestiduras, nuevos y resplandecientes ropajes, pues se hace transmisora de nuestras emociones más íntimas y, por lo tanto, más transparentes. Se hace auténtica y única. Sobre todo si estas emociones están vinculadas indisolublemente a los sentimientos más viscerales del ser humano que adquieren, además, pinceladas de extraordinaria belleza que la transfiguran en imágenes perfectamente perceptibles por un interlocutor que esté o no en sintonía exacta con lo que ha querido decir, en este caso, el poeta.

André Cruchaga lo sabe perfectamente bien, pues es un conocedor pleno y un hacedor de este oficio, a veces ingrato, pero muchas veces regocijante, y por ello su palabra es una precisa y clara talladura en la madera o la finísima filigrana de un orfebre que es capaz de crear formas novedosas y bellas con las que iluminar al mundo, al alma misma, convertida en piel a la intemperie y, por lo tanto, en hálito de vida, es decir: en experiencia plenamente vivencial.

Su vasta trayectoria y su trabajo cada vez más depurado y acunado en el silencio y la soledad que circunda todo acto creador dan a la luz de las Letras de este país, pequeño en espacio, pero vasto en la densidad de sus emociones, un puñado de versos que, más que una sublimación de la noche, son el primer destello del alba, es decir: ráfagas de la luz más pura que ilumina nuestro espíritu y nuestra conciencia.

Pero el poeta, en esa noche que anuncia sombras, a pesar de constatar la desesperanza de estos días aparentemente aciagos, se hace observador agudo e, incluso, profético e incisivo, de su realidad inmediata, del entorno en el que transcurre su cotidianeidad y en que, más allá del paisaje del hermoso y desnudo cuerpo de una mujer amada, crecen sus preocupaciones más entrañables. Porque es capaz de vislumbrar, parafraseándolo un poco, que “al filo de la ternura” toma forma el país en “esta historia inevitable de arena”.

Por donde se atisben sus versos, se les mira cosidos con el conocimiento de una tradición literaria muy vasta, en la que pueden percibirse, por ejemplo, las huellas del movimiento surrealista, cuya onda expansiva aún parece acompañarnos en estos tiempos de “posmodernidad”, pero también los oscuros ecos de César Vallejo o, en el otro extremo, los de Vicente Huidobro y, con ellos, la Generación del 27 en pleno, pues los mismos trasuntan, sobre todo, amor, pero un amor que es doble: por una parte, teñido por la vorágine indescifrable de la pasión y el deseo. Por la otra, amor a las raíces esenciales y al entorno en el que crecemos y avanzamos por la vida.

Por ello, nuestra querida y común amiga, la escritora y crítica dominicana Teonilda Madera, en el prólogo a este libro que nos convoca, señala que:

“La voz dolorosa formula una interrogante lacerante […] que
 advierte que el peligro acecha, que la patria está plagada de
 angustia, que hay sobresalto, dolor y tiniebla en el país.”

Ese país, por supuesto, que es otra piel que nos cubre: la de nuestros sueños y la de nuestras preocupaciones, la de nuestro desaliento y la de nuestros anhelos, donde el poeta, al contemplar la realidad que le circunda, nos dice:

En fin, vos y este País son mi única Historia verdadera:
[la perversidad
de los tatuajes, el puñal que luego se torna en elegía,
los mártires que duelen como una flor en las pupilas […]

Ese país que es inseparable de nosotros, de nuestra construcción humana, de nuestro pensamiento, y por tanto, amado y malquerido, ya que su entorno vital es el que nos hace ser lo que somos, el que nos acosa y el que nos redime a la vez, pero, en síntesis, es el espacio en el que se crea una obra poética que no podría ser la misma en otro lugar del planeta ni alcanzar las cotas a las que ha llegado, sino se nutriera con el asombro y la contemplación de cada segundo de este paisaje social.

En medio de los abismos que parecen acompañar las horas del poeta, André Cruchaga deja traslucir que el rumbo de los tiempos merece ser observado con precautoria atención, de modo que el poeta nos señala, escondidos o develados en sus versos, los signos exactos que marcan su época y, por lo tanto, los días de la historia en la que transita hoy sobre esta tierra.

Sublima, pues, la noche que transita entre la pasión y el deseo, pero también devela la noche de los tiempos, ese espacio que parece marcar, más que una crisis, el capítulo final del Humanismo, asediado, primero, por un hedonismo que ganó espacios desde hace décadas, pero también, arrinconado por la unipolaridad del mundo y los desequilibrios con los que dan tumbos nuestras sociedades actuales, siempre a la espera de esos momentos en que un destello, aunque sea fugaz, sea capaz de transformarlo todo y en transmutar la oscuridad en resonancias de luz.

* * * * *

Hace unos años, en este mismo país, bajo un pertinaz aguacero, nos presentamos un grupo de poetas, entre los que nos encontrábamos David Huerta, Belén Artuñedo Guillén, Teonilda Madera y este servidor, a dar un recital en el Centro Cultural de la Embajada de México. A la entrada estaba un hombre entusiasmado con unos papeles en sus manos que contenían algunos poemas escritos por nosotros y que él había rescatado cuidadosamente de la Internet.

Él también habría de acompañarnos en la lectura aquella noche que, a la luz de los años, ha seguido siendo particularmente especial para varios de nosotros y que, evidentemente, sigue proyectándose en el tiempo y en el espacio.

Así fue nuestro primer encuentro con André Cruchaga aquella mágica noche de un miércoles de julio del año 2002. Luego, atestiguamos su extraordinario amor por la poesía y con él su extraordinaria generosidad, pues más que difundir su propia obra poética, desde hace unos años atrás, emprendió un proyecto vasto de divulgación literaria que hoy es consulta obligada a través de la Internet.

De aquella noche primera a esta, en la que precisamente André Cruchaga nos regala con su libro Sublimación de la noche, que nos anuncia también nuevas claridades, pues siempre, después de la noche aparece la luz del día, abrazamos con verdadero regocijo estos versos suyos que nos irradian y nos proponen un mejor destino como seres humanos desde nuestra individualidad y nuestra colectividad.

Muchas gracias.
San Salvador, 27 de enero de 2011.

jueves, 27 de enero de 2011

ENDERROCS/ESCOMBROS: TRADUCCIÓN Y COMENTARIO DE PERE BESSÓ


Cada vegada aquest País és menys cert. El terror i la impunitat
no tenen nom, tampoc no calen els miracles per a eixir
d’aquestes aigües d’albelló.
Només la sal depredadora brilla en les axil•les; ací perdé
la dialèctica la seua mateixa placenta.
Fotografía: Jon Sullivan



ENDERROCS/ESCOMBROS: TRADUCCIÓN Y COMENTARIO DE PERE BESSÓ


Querido André:


Vaya poema! En la mejor línea del texto que se remonta a la Decadencia Barroca española. Aquí Quevedo -no es la primera vez que lo digo- estaría sonriente, aplaudiendo y pidiendo bises. Pero tu cantas tu patria con un poema que recuerda, incluso, las llamas y cenizas de la “Oración Fúnebre”, una nueva ars moriendi…
Sin duda, también tú te acercas con la mirada y la observación interiorizada a los muros de la patria, con una salmodia, que no soneto, que te permite alargar el verso y remontar o cercenar, sajar el ala, el vuelo.

Vivimos encerrados en el resuello de las migajas: migajas de todo;
no puedo amar a un País que sólo deja desposarte con la miseria,
con la destrucción del ala,
con la expropiación de la propia conciencia.

En el poema de resuelta denuncia y lamento cívico hay lugar para enumeración, una tras otra, de las lacras sociales que impiden que el País pueda avanzar, sueñe o tenga futuro. Hay, pues, pesimismo intenso, transido de lirismo. Un poema donde el poeta refleja la imposibilidad, incluso, de la realidad de la creación, en su doble vertiente, la afectivo-sexual y procreadora y la escritura. Un poema cuyo título Ruinas es la metáfora matriz que se desplegará en abanico, linealmente o como las muñecas rusas o matroskas. Lo que permitirá el efecto deseado del poeta por acumulación, en ocasiones, por intensificación en otras, y siempre desde el despliegue de principio a fin de los registros expresivos –fundamentalmente, la metáfora feísta- combinándose con los recursos de la figura de pensamiento que más gusta al poeta: la ironía como instrumento de honda raíz ética…

Pere Bessó
dijous 27 de gener de 2011



ENDERROCS




Matar a un enemigo no es difícil; matar
A un robot es matarse, bien pensado, a sí mismo.
GABRIEL CELAYA





Cada vegada aquest País és menys cert. El terror i la impunitat
no tenen nom, tampoc no calen els miracles per a eixir
d’aquestes aigües d’albelló.
Només la sal depredadora brilla en les axil•les; ací perdé
la dialèctica la seua mateixa placenta.
Crema la sang amb les seues fletxes fantasioses, el magma de l’huracà,
la ventúria muda de l’agonia, la disfressa enllumenant el subsòl.
No hi ha lloc segur per a estroncar els somnis, ni netejar
la respiració enmig d’onades sinuoses;
només hi ha temps i espai per a exaltar les Sumes tribulacions
en aquest camp soterrat d’ossos;
—no hi ha cap altre espill sinó el pedrissot sinistre del sutze
amb els seus tapials foscos: ací la presó és la ciutat o com si ho fóra,
en el missal de la cendra, en les aigües del desordre.
(De sobte es vol renunciar a aquest País on fugen
els ocells, a aquesta naturalesa fúnebre de la pols; ací crema
l’alé de l’escòria en cada voravia, en els carrers desordenats
de la bijuteria, en la febre de l’engany.
Cada ganivet procrea llàgrimes i futur: toquem el fil en cada
sabata; en cada consciència, la por és una altra mamella en secret.)
Vivim tancats en l’esbufec de les engrunes: engrunes de tot;
no puc estimar un País que només deixa desposar-te amb la misèria,
amb la destrucció de l’ala,
amb l’expropiació de la pròpia consciència.
Diàriament servim la boirina a taula: resem per a alimentar-nos
de fantasmes; al capvespre, la llum es converteix en blasfèmia;
en la foscor intensa, la boca respira les creus del dia.
en la llei no caben els descalços, ni el cadàver que construeix
a diari la vexació, ni el castell pintat d’arc del cel pels infants,
ni l’ull que pot veure més lluny certs laberints.
(Les falàcies ens serveixen d’umbrel•la i els aplaudiments, de pinyata:
hem caigut en els tatuatges de la disfressa,
en la pilota dominical de les diversions. L’ofici és tallar l’Esperança,
fins que l’extenuació siga la terra contundent de la misèria.
No puc estimar un País que fa de l’alfabet un balbuceig,
un circ, una porcatera, un llarg atzucac de ruïnes.)
Darrere de cada cos hi ha músiques sinistres, entumits boscos,
Un País escurçat, entranyes putrefactes, costelles delirants,
Trencs d’alba en pous macabres, bartolines on el foc
No dóna treva, morts cansats de morir en les peüngles,
Aigües lentes mossegades pel semen dels gossos, fem que envaeix
La memòria: tot es troba ací en aquesta follia de País que tenim,
Excepte, per suposat, l’alegria ferma del riure, excepte la finestra,
Sinó l’escalfred que repta pels porus…

Baratària.I.2011




ESCOMBROS





Matar a un enemigo no es difícil; matar
A un robot es matarse, bien pensado, a sí mismo.
GABRIEL CELAYA




Cada vez este País es menos cierto. El terror y la impunidad
no tienen nombre, tampoco son necesarios los milagros para salir
de estas aguas de alcantarilla.
Sólo la sal depredadora brilla en las axilas; aquí perdió
la dialéctica su propia placenta.
Arde la sangre con sus flechas fantasiosas, el magma del huracán,
el ventarrón mudo de la agonía, el disfraz alumbrando el subsuelo.
No hay lugar seguro para restañar los sueños, ni limpiar
la respiración en medio de oleajes sinuosos;
sólo hay tiempo y espacio para exaltar las Sumas tribulaciones
en este campo soterrado de huesos;
—no hay otro espejo, que el poyetón siniestro del hollín
con sus tapiales oscuros: aquí la cárcel es la ciudad o como si lo fuera,
en el misal de la ceniza, en las aguas del desorden.
(De pronto uno quiere renunciar a este País donde huyen
los pájaros, a esta naturaleza fúnebre del polvo; aquí arde
el aliento de la escoria en cada acera, en las calles desordenadas
de la bisutería, en la fiebre del engaño.
Cada cuchillo procrea lágrimas y futuro: tocamos el filo en cada
zapato; en cada conciencia, el miedo es otra ubre en sigilo.)
Vivimos encerrados en el resuello de las migajas: migajas de todo;
no puedo amar a un País que sólo deja desposarte con la miseria,
con la destrucción del ala,
con la expropiación de la propia conciencia.
A diario servimos la neblina en la mesa: rezamos para alimentarnos
de fantasmas; en el ocaso, la luz se convierte en blasfemia;
en la oscuridad intensa, la boca respira las cruces del día.
en la ley no caben los descalzos, ni el cadáver que construye
a diario el vejamen, ni el castillo pintado de arco iris por los niños,
ni el ojo que puede ver más lejos ciertos laberintos.
(Las falacias nos sirven de sombrilla y los aplausos, de piñata:
hemos caído en los tatuajes del disfraz,
en la pelota dominical de las diversiones. El oficio es sajar la Esperanza,
hasta que la extenuación sea la tierra contundente de la miseria.
No puedo amar a un País que hace del alfabeto un balbuceo,
un circo, una pocilga, un largo callejón de ruinas.)
Detrás de cada cuerpo hay músicas siniestras, entumecidos bosques,
Un País cercenado, entrañas putrefactas, costillas delirantes,
Amaneceres en pozos macabros, bartolinas donde el fuego
No da tregua, muertos cansados de morir en las pezuñas,
Aguas lentas mordidas por el semen de los perros, estiércol que invade
La memoria: todo está aquí en esta locura de País que tenemos,
Menos por supuesto, la alegría firme de la risa, menos la ventana,
Sino el escalofrío que repta por los poros…

Barataria, 23.I.2011

lunes, 17 de enero de 2011

"SUBLIMACIÓN DE LA NOCHE" DE ANDRÉ CRUCHAGA-POR CÉSAR RAMÍREZ, CARALVÁ


César Ramírez, Caralvá-escritor salvadoreño



"SUBLIMACIÓN DE LA NOCHE" DE ANDRÉ CRUCHAGA
POR CÉSAR RAMÍREZ, CARALVÁ,




Cuando nos reunimos, usualmente no hablamos de nosotros, puesto que domina la palabra en ese universo diminuto e hipnótico que permanece oculto al mundo material.
Hablamos con un café en la mano, observando y dejando que el mundo observe nuestros extraños ropajes poéticos, así transcurren las horas que pueden ser años. Para algunos el pecado más grave del mundo, el ocio, pero esa condición visible no capta el prolongado tiempo de trabajo en las madrugadas, ni el infinito trabajo en desvelos por investigaciones o una palabra perdida, tampoco explica como nacen los libros después de tanto trabajo, puesto que solo nos ven disfrutando un café…
En su momento intercambiamos libros, esas publicaciones heréticas que se multiplican por miles sin permiso de los obispos literarios y los comisarios ortodoxos que pronuncian anatemas, esos que predican odio por el pecado de escribir, puesto que su objetivo no es publicar, sino el pecado es escribir sin su permiso. Que pena que el mundo lea los manuscritos y nos publiquen en otras naciones, saludando la libertad. Que generosidad tiene el mundo para los poetas, elimina las fronteras para reconocer a uno de los suyos, porque André Cruchaga ha sido traducido al idioma vasco, francés, griego, holandés, rumano, catalán.
Así es nuestro encuentro, con libros en la mano que tienen el sentimiento más humilde del planeta, compartir el ascendente camino de las palabras desde el infierno del silencio a la luz de los lectores.
Así la palabra escrita y publicada, cita elementos esenciales ajenos al desastre del silencio o la desoladora imagen destructiva de nuestra sociedad, pero ahí está nuestra respuesta siempre aspirante a una nueva democracia.
En un momento son ineludibles las acciones conceptuales: caos, razón, temor, combate, cambiar al mundo con una pequeña frase, entonces observar la derrota del abismo, puesto que nosotros sabemos que el abismo habita entre nosotros, por ello nos esforzamos en combatirle desde la poesía. Y no se extrañen, antes de buscar al mal allá en la galaxia, observamos muy bien sino se encuentra entre nosotros. Anotando que los pequeños seres con su séquito profano, no pueden impedir que las naciones lean nuestros poemas más alegres en medio de tanta miseria espiritual.
Por eso la irreverencia de un libro ejerce su propia libertad.
De esa forma al leer el libro de André Cruchaga: Sublimación de la noche, encuentro la vigilia libertaria del amigo que otorga un regalo luminoso a los lectores:

“Esperar hace envejecer innecesariamente.. ”

Ya no esperar… que maravillosa respuesta… nosotros no esperamos nada.

Pero como la vida no termina con nuestro café y existe la oportuna secuencia del amanecer, afirma:

“Vos ya no debes pensar en el suicidio ”

Así que el trabajo es la poesía que monta guardia contra sus opresores:

“Detrás de la vida, hay monstruos agazapados y al acecho”

Mientras el reposo de la palabra celebra el encuentro por su triunfo, también existe fuera del combate la tranquilidad de la madrugada al observar la creación constante.

“Toca empezar a escribir los epitafios del perfume”

En cierto momento reconocer: caos, combatir la oscuridad y descubrir el abismo debe ser norma y no excepción.
En otras circunstancias estas arpas dialécticas materialmente claman a diario por hacernos sus prisioneros sobre lo cual meditamos en el presente, con la oportuna acción que nos invita a luchar de nuevo… hora tras hora, porque en ocasiones no basta combatir emotivamente, sino con la frialdad de las madrugadas audaces para conquistar nuevas visiones del universo.

“ Como el remedo curvo de los algoritmos…”

Así se entrega el poeta al trabajo voluntario más allá de un salario, aún con la duda si merece un lector que acompañe su palabra:

“No sé si un día la Santísima Trinidad será con nosotros,
 sin la furia singular de los taladros, sin hacer eterno lo errático..”

La vida capitalista es muy eficiente para recordarnos nuestro sitio en este planeta, también el lugar de ángeles o demonios, cuestión de gustos sin olvidar el poema emergente…

“La escritura es resistencia. Sol ilimitado del surco.”

André es responsable por su don de la palabra y como lo anota:

“Hay jardines que mis ojos no ven.”

Casi al borde del libro, la materia humana se libera:

“ La hojarasca de los muertos, - de mis muertos -, los que amaba en el silencio de la pena.
Hay crímenes al otro lado de los sueños.”

De tal forma que la poesía anuncia la luz liberada, con esa extraña canción de esperanza que habita en sus jardines.
Celebrar el libro de André es compartir el oficio que desnuda al mundo, un libro que acepta el abismo y el caos, acepta la multitud de opiniones, incluso a los opresores instaurados en sus palacios yugulares, pero sin rendirse, afirma su vocación por un mundo diferente y alegre:

“Cantamos, gritamos, soñamos.
La soledad inventa barcos matutinos;
La lluvia cabellos grises sobre el horizonte
Desde ese balcón del tiempo libro mis batallas…”

Y donde Sublimación de la noche construye su amplio horizonte luminoso.
César RamírezCaralvá