DIVÁN DEL ESCRIBA

lunes 14 de diciembre de 2009

Aquesta llum del temps- poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó

Un día, en nàixer l’aigua féu la llum. Cedí el gris del temps.
Des de llavors l’abrace, tot i que sovint siga fugidera.

Autor de la fotografía: Gonzalo Magot







Aquesta llum del temps
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó





Las llamas que hago recortar de tiempo en tiempo por el peluquero
son las únicas en delatar el negro infierno interior que me habita
LOUIS ARAGON

con cada tumultuoso amanecer,
la luz arrasa el reino de la noche
y emprende su combate.
CARLOS MARZAL





Un día, en nàixer l’aigua féu la llum. Cedí el gris del temps.
Des de llavors l’abrace, tot i que sovint siga fugidera.
Sovint la putrefacció dels tamborinets la torna bassot
De viscositats incertes.
En ser extensió dels noms guarda la foguera
Del sil·labari, i la transparència formiguejant dels raigs.
En els colors m’esborra el sospir de la nit.
En el rostre és cruel l’ala dels ocells. Els cels inapresables
Que mai no he vist, la creació feta de rampants metalls.
Allò que s’esdevé quan aqueix dissol en l’ànsia és horrible:
—No hi ha Déu que esborre l’eco de les serradores,
Ni canvie les estaules nocturnes de l’alé.
Sempre és així quan el pa desvarieja en la fam.
Quan la pell es torna un tros de sutze,
I els cellers enfosqueixen d’insectes. I el matí és una
Llàgrima sense fluir damunt de les calcinades mosques del foc.
Sovint la llum és la mateixa ombra inconfusible de les pedres.
Iceberg de fallides panderoles,
O simplement milotxes enarborant mocadors eteris.
Al meu costat l’aire fendeix els seus màstics —fendeix, dic,
Amuntegades finestres, llumins com ascles dolces,
Hiverns de voreres, on els trens pengen els seus vagons.
Aquesta llum del temps tan real en la creu desgastada
De les meues sabates, successió de finestres en èrtiques xanques.
Aquesta llum en la saliva. Desonillada i humida en el temps.
Evidència és dels ullals que trituren pasturalls. Cenyida
Tapisseria de la intempèrie.
Cada llençol fa la seua trama d’entranyes. Cada joia salta
En les monedes del somni, cada color es torna inicial desvariejament.
Sempre és mur d’infinita llibertat. Recer davant de la penombra.
Ja als ulls, grotesques es tornen les fissures en el somni.
En la raó no cap la porcellana del calendari.
Mai el trànsit heroic no manca de misericòrdia: —la llum agita
Les formes, i el ventall inexorable del mar.
Ací no cal interrogar els espills, ni extraviar els dies
Amables, ni saltar damunt de les estelles de l’inintel·ligible.
De sobte fins i tot les estàtues semblen menys fosques i els llops
Vacil·len en l’al·legoria de les nines.
L’aire s’apila en les llànties del migdia, en el fil
De l’humà. Ací no caduca a les butxaques com una moneda
Gastada, sinó que dansa com un joc de capells.
Així la certesa commemora l’ala.
La rebel·lió contra la foscor i l’inconegut. La buidesa de la pols
Sense glòria, sense la pressentida escuma a l’olfacte.
La llum desféu els penya-segats de la desolació,
I forjà sense pedres, el destí intermitent de l’espavent.
Baratària, 03.XII.2009









Esta luz del tiempo






Las llamas que hago recortar de tiempo en tiempo por el peluquero
son las únicas en delatar el negro infierno interior que me habita
LOUIS ARAGON

con cada tumultuoso amanecer,
la luz arrasa el reino de la noche
y emprende su combate.
CARLOS MARZAL






Un día, al nacer el agua hizo la luz. Cedió el gris del tiempo.
Desde entonces la abrazo, aunque a menudo sea huidiza.
A menudo la putrefacción de los taburetes la vuelve charco
De viscosidades inciertas.
Siendo extensión de los nombres guarda la hoguera
Del silabario, y la transparencia hormigueante de los rayos.
En los colores me borra el suspiro de la noche.
En el rostro es cruel el ala de los pájaros. Los cielos inasibles
Que nunca he visto, la creación hecha de arrebatados metales.
Lo que sucede cuando se disuelve en el ansia es horrible:
—No hay Dios que borre el eco de los aserraderos,
Ni cambie los establos nocturnos del aliento.
Siempre es así cuando el pan desvaría en el hambre.
Cuando la piel se vuelve un trozo de hollín,
Y los tabancos oscurecen de insectos. Y la mañana es una
Lágrima sin fluir sobre las calcinadas moscas del fuego.
A menudo la luz es la misma sombra inconfundible de las piedras.
Iceberg de fallidas cucarachas,
O simplemente piscuchas enarbolando pañuelos etéreos.
En mi costado el aire hiende sus almácigos —hiende, digo,
Agolpadas ventanas, cerillas como astillas dulces,
Inviernos de aceras, donde los trenes cuelgan sus vagones.
Esta luz del tiempo tan real en la cruz desgastada
De mis zapatos, sucesión de ventanas en zanjas yertas.
Esta luz en la saliva. Desvelada y húmeda en el tiempo.
Evidencia es de los colmillos que trituran pastizales. Ceñida
Tapicería de la intemperie.
Cada sábana hace su trama de entrañas. Cada júbilo salta
En las monedas del sueño, cada color se vuelve inicial desvarío.
Siempre es muro de infinita libertad. Abrigo frente a la penumbra.
Ya en los ojos, grotescas resultan las fisuras en el sueño.
En la razón no cabe la porcelana del calendario.
Jamás el tránsito heroico carece de misericordia: —la luz agita
Las formas, y el abanico inexorable del mar.
Ahí no hay que interrogar a los espejos, ni extraviar los días
Amables, ni saltar sobre las astillas de lo ininteligible.
De pronto hasta las estatuas parecen menos oscuras y los lobos
Vacilan en la alegoría de las pupilas.
El aire se agolpa en las lámparas del mediodía, en el hilo
De lo humano. Aquí no caduca en los bolsillos como una moneda
Gastada, sino que danza como un juego de sombreros.
Así la certidumbre conmemora al ala.
La rebelión contra lo oscuro y desconocido. La oquedad del polvo
Sin gloria, sin la presentida espuma en el olfato.
La luz deshizo los acantilados de la desolación,
Y forjó sin piedras, el destino intermitente del asombro.
Barataria, 03.XII.2009
____________
Precedido de dos citas magistralmente escogidas, se abre el poema del amigo Cruchaga cuyo tema es el más que antiguo y renovado, primigenio de la luz. O, por parafrasear al coterráneo Vicente Gallego, las otras maneras de la luz. En efecto, si la cita de Louis Aragon conmina a la lectura de la luz interior como llama que pugna por salir a la superficie de la razón poética, la de Carlos Marzal no es menor ni le viene a la zaga, la luz como trasunto del ciclo del día y la noche, y el combate alegórico presente en el Viejo Testamento, desde el Génesis a la escala de Jacob y la lucha con el ángel.

Desde estos presupuestos, el lector ha de asumir como propia esa luz del tiempo, más allá de la metáfora, y su reverso, el tiempo de la luz. Y si le da la lectura el amago, será capaz de introducirse en el poema desde la aparente paradoja y síntesis de la luz y su alter ego entre las sombras.

Una luz proteica, sin duda, que nace de las aguas, es fuego y llama; aire y vuelo; tierra, piedra. Y carne. Una luz, pues, capaz de asumir la Creación en el poema mismo, tanto como en el sueño, la cordura o el desvarío. Los principios o sus contrarios. Y los límites, aun a sabiendas, como dejó dicho Jenaro Talens, que “el vuelo excede el ala”.

No arriesgo nada si afirmo con la vehemencia que satisfaga al lector que la luz del poema –en realidad, la luz de Cruchaga- tiene su “substancia”: es extensión de los nombres que guarda la hoguera del silabario. He entrecomillado por la doble razón criterial de la fisis y de la olla o caldero, pues que el poeta es cocinero y brujo del brebaje poético. Él que ha descendido, gracias a la Luz, del reino de la Noche al Reino del Asombro. O del espanto, tal como gusta de señalar el delicado Antonio Colinas, desde su juvenil Sepulcro en Tarquinia.

Una acumulación de los modos de la luz, sus símbolos y metáforas anonadan al lector, lo desluzan a conveniencia. La luz del hambre y el ansia del pan, por ejemplo. Y aquí renace el Maestro. Me permitirá el poeta que desvíe la atención con una referencia al pueblo de la Serranía que me vio llegar el primer amor. Allá, cuando se ha trabajado en el campo y la yanta o comida es rala o insuficiente, se puede escuchar a menudo al apesadumbrado labrador acuciado por la hambruna que “ve lucecicas”. En otro momento la luz es fulgor y metal. Y acá el poeta no acudirá a lo sencillo del oro o la plata. Demasiado sencillo, pues como el lector diría, nobleza del ciclo (alba y ocaso) de la jornada y del paso del tiempo. Y es que André Cruchaga nunca abusó de las referencias clásicas, que ya están incluso lexicalizadas. Prefiere arriesgar e, incluso, mixturar a la zaga de un buen tabaco para saborear el poema. Un delicioso ejemplo, aquél en el que sabiamente mezcla las mejores moscas de Quevedo con las piedras como lágrimas del expresionismo germánico (Trakl, Steiner). Qué otro contraste o feísmo reparador el de la montaña de luz blanca y solidificada, el iceberg, pero esta vez una cumbre de hielo de fallidas cucarachas…?
Por no hablar de esa luz en penumbra nacida entre las sábanas, Esa luz vertical crecida en los pastos del deseo. O la de los colmillos de lobo, que también tiene sus razones (y sus luces) sedientas. La luz, en fin, agónica del poeta que traga saliva…

Finalizaré señalando cómo el poeta ansía no tanto el haz de luz, sino el envés de la luz o su tránsito, como se quería Pere Gimferrer y yo mismo. No me resisto a copiar el final del poema, aunque abuse de la paciencia “misericordiosa”. Luces, espejos, lámparas, pupilas, monedas se amotinan entre fulgores frente a la desolación del acantilado a que arroja el destino [el oficio] del poeta:

Jamás el tránsito heroico carece de misericordia: —la luz agita
Las formas, y el abanico inexorable del mar.
Ahí no hay que interrogar a los espejos, ni extraviar los días
Amables, ni saltar sobre las astillas de lo ininteligible.
De pronto hasta las estatuas parecen menos oscuras y los lobos
Vacilan en la alegoría de las pupilas.
El aire se agolpa en las lámparas del mediodía, en el hilo
De lo humano. Aquí no caduca en los bolsillos como una moneda
Gastada, sino que danza como un juego de sombreros.
Así la certidumbre conmemora al ala.
La rebelión contra lo oscuro y desconocido. La oquedad del polvo
Sin gloria, sin la presentida espuma en el olfato.
La luz deshizo los acantilados de la desolación,
Y forjó sin piedras, el destino intermitente del asombro.


Pere Bessó
V.13.XII.2009

miércoles 18 de noviembre de 2009

Sinfonía del caos-MIREN EUKENE LIZEAGA

MIREN EUKENE LIZEAGA, PAÍS VASCO, ESPAÑA








Sinfonía del caos
(Comentario al libro inédito del mismo nombre)







He tenido la suerte de conocer, de saborear, la obra de André Cruchaga. Influido por el “Existencialismo” construye una obra desbordante de humanidad con los sinsabores que esta soporta, que por otra parte son constantes con las que convive el individuo. Aunque la poesía de Cruchaga, no es solo eso. Porque su manar poético, fruye con una constancia que parece imparable. Rebosante de detalles, que se redescubren en cada nueva lectura. No voy a compararlo con otro escritor, sino con lo que personalmente me evoca, que es la Catedral de la Sagrada Familia, de Gaudí, en Barcelona. Donde siempre se descubre algo nuevo, que anteriormente no habíamos percibido, con la sensación de posibles que nos lega lo inacabado.

“Sinfonía del caos” es una sinfonía de amor, de amor a su tierra, El salvador. En cuyo desarrollo va plasmando con su personal sensibilidad, un sufrimiento latente, real, descrito sin concesiones, pero envuelto en el lienzo de su concienzuda poesía.

Destaca su percepción del desamparo, que hoy, es un clamor universal. “Ante tanta desdicha, la historia no ha tenido felicidad: Cada calle de la ciudad es cementerio. La ropa solo sirve para cubrir las venas rotas, Ni el día es suficiente para que brillen los ojos.”

Nos presenta un Dios que comparte nuestro destino de supervivientes. “Dios ahí como luz errante, Envuelto en silencio, sobreviviente también,”. Junto a una mirada serena a la convivencia cotidiana de vida y muerte, “Debajo de la vida, la muerte renace cada día,”Con su borrosa porcelana de quebrados vientos:”, La hoy, mordiente realidad humana, de tantos destinos desarraigados. “Nadie sale invicto, ni tiene sosiego: Emigrar es huir para construir otros cementerios Y vivir extrañamente entre fantasmas y mimetismos.”

La incomprensible realidad de la guerra. “Se bebe el grito del huérfano; Las armas roen la tortilla, río la pólvora Pisando los zapatos. Destrucción total, Otra demencia cruda no conozco; Ni las otras guerras mancharon tanto la luna.

El miedo que desmantela la dignidad del ser humano: “El País tiembla en su cuarto oscuro.” Y la soledad a la que se ve abocado, esa soledad que tantos y tantos compartimos: “La soledad Mi soledad creció contigo, País. Se hizo río, tierra, sangre, árbol oscuro.” Con una desilusión no exenta de motivos: “Se necesitan alas verdes. Ser pájaro. Ser mariposa. Esta tierra es sorda a los sueños,”… “Hay duelo donde se alza El futuro. “

“Sinfonía del caos” es una catarsis de quien hurga los átomos de su alma, y la de su país. De un apóstol flechado de preguntas, “¿Es difícil ser Ave Fénix en un País de cenizas?”. Es la búsqueda, la espera implacable del que no conoce la rendición.

Eukene Lizega Tamayo
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MIREN EUKENE LIZEAGA, es poeta y traductora. Escribe en español y vasco, su lengua natal. ha traducido "Oscuridad sin fecha" de André Cruchaga. El presente es un comentario al libro inédito de André Cruchaga: "Sínfonía del caos".

sábado 14 de noviembre de 2009

Fàstic de la boirina- poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó

Pesa el fàstic de la boirina a les pestanyes. Pesa el miasma
De les faules als fulls de cada calendari.








Fàstic de la boirina
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó







Apuntamos utilizando un espejo sobre la infantería
diezmada
GUILLAUME APOLLINAIRE

Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío,
Sus alas …le impiden caminar.
CHARLES BAUDELAIRE








Pesa el fàstic de la boirina a les pestanyes. Pesa el miasma
De les faules als fulls de cada calendari.
En allò grotesc i sàdic no abasten les sumificacions.
La neteja de les esferes, els purs que arrosseguen les seues llengües humides.
En els dies de fred es nafren els porus de fatalitat.
—Sovint ens tornem víctimes de les clarividències.
On són els profetes sense trufes, on ploren les estàtues
La seua intempèrie galopant, aqueix univers fet mossos,
Aqueixes màscares que impideixen veure la grandesa.
Els rostres de tant mirar s’han tornat decrèpites libèl·lules.
Cada dia hi ha clowns fastigosos als carrers, endevinant la sort.
En algun lloc una llàgrima esclata simulant encensers.
[Entre lliris i líquens, juguen les dents al silenci.
Per molt sofre que li pose a la meua carn, les verges pasten
En la cendra, munten com amazones en les varices,
Obrin l’espill davant de les meues nines feixugues de tant mirar
Enlloc —de tant fer esquelets de tòrrida invalidesa.
Sempre es viu amb aquest horror dels somnis.
Amb aquests camins negats en crosses, amb aquest Crist als molls
Volent partir les aigües o escriure damunt de les ones una paràbola.
De sobte es delera un prostíbul per a buidar la mort].
Se sent fàstic de la cambra de bany sense el soroll dels porus.
Se sent fàstic de flotar en l’alta mar de la sal.
Se sent fàstic de la llum i els jardins, dels vells cellers del deliri.
Se sent fàstic de desvestir els pètals, de galopar sense ports.
Se sent fàstic de certs noms penjats a les parets
De túnels incerts, davall de la misèria que aguaita.
Se sent fàstic de la massa informe de la indiferència,
Del mapa astral que fan els astròlegs amb la broma del pòl·len.
Se sent fàstic de les cartes sense gladiols, amb tinta moribunda.
Se sent fàstic dels vitralls que creuen la follia,
Dels semàfors que retallen el lliure trànsit de l’arc del cel.
Se sent fàstic de la nit que baixa dels rierols,
Dels signes que llostregen immutables, dels amors arreglats.
Se sent fàstic de les multiplicacions en porus opacs,
Dels rellotges que deixen les comissures dels llavis al sutze,
D’aquesta dèria [de bandejar-te —ah, gos coniller de cementeris
Que sóc sense defugir les toves de les criptes].
Se sent fàstic al capdavall dels ponts penjants dels sord-muts,
D’esperar l’última paraula a la golfa dels cellers,
A la polleguera, als ràfecs de les bigues o a les lluernes…
És fastigós de ser, finalment, la vella cara de la innocència,
O el vòmit que llepen els gossos a les voreres.
Baratària, 12.XI.2009








Hastío de la neblina






Apuntamos utilizando un espejo sobre la infantería
diezmada
GUILLAUME APOLLINAIRE

Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío,
Sus alas …le impiden caminar.
CHARLES BAUDELAIRE







Pesa el hastío de la neblina en las pestañas. Pesa el miasma
De las fábulas en los folios de cada calendario.
En lo grotesco y sádico son insuficientes los sahumerios.
La limpia de las esferas, los puros que arrastran sus lenguas húmedas.
En los días de frío se llagan los poros de fatalidad.
—A menudo uno se vuelve víctima de las clarividencias.
Dónde están los profetas sin patrañas, dónde lloran las estatuas
Su intemperie galopante, ese universo hecho mordiscos,
Esas máscaras que impiden ver la grandeza.
Los rostros de tanto mirar se han tornado decrépitas libélulas.
Cada día hay clowns tediosos en las calles, adivinando la suerte.
En algún sitio una lágrima estalla simulando incensarios.
[Entre lirios y líquenes, juegan los dientes al silencio.
Por más azufre que le ponga a mi carne, las vírgenes pastan
En la ceniza, montan como amazonas en las varices,
Abren el espejo frente a mis pupilas torpes de tanto mirar
A ningún lado —de tanto hacer esqueletos de tórrida invalidez.
Uno siempre vive con este horror de los sueños.
Con estos caminos negados en muletas, con este Cristo en los muelles
Queriendo partir las aguas o escribir sobre las olas una parábola.
Uno de pronto anhela un prostíbulo para vaciar la muerte].
Uno se hastía del cuarto de baño sin el ruido de los poros.
Uno se hastía de flotar en la alta mar de la sal.
Uno se hastía de la luz y los jardines, de los viejos tabancos del delirio.
Uno se hastía de desvestir los pétalos, de galopar sin puertos.
Uno se hastía de ciertos nombres colgados en las paredes
De túneles inciertos, debajo de la miseria que acecha.
Uno se hastía de la masa informe de la indiferencia,
Del mapa astral que hacen los astrólogos con la bruma del polen.
Uno se hastía de las cartas sin gladiolos, con tinta moribunda.
Uno se hastía de los vitrales que cruzan la locura,
De los semáforos que atajan el libre tránsito del arco iris.
Uno se hastía de la noche que baja de los arroyos,
De los signos que amanecen inmutables, de los amores arreglados.
Uno se hastía de las multiplicaciones en poros opacos,
De los relojes que dejan las comisuras de los labios en el hollín,
De esta manía [de desterrarte —ah, sabueso de cementerios
Que soy sin esquivar los adobes de las criptas].
Uno se hastía en fin de los puentes colgantes de los sordomudos,
De esperar la última palabra en el desván de los tabancos,
En el quicio, los aleros de las vigas o los tragaluces…
Uno se cansa de ser en fin, la vieja cara de la inocencia,
O el vómito que lamen los perros en las aceras.
Barataria, 12.XI.2009
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Mi buen André:
Te escribo después de leerte, releerte y aconsejar a la amiga Ana que lea la traducción y original que me he permitido enviarle, abusando, sin duda, de tu deleitosa confianza. Esta vez me siento abrumado, vencido… ¿Por dónde empiezo, amigo? Esta vez no se trata de dejarme llevar por un verso que me da la clave de lectura, el haz de luz de una metáfora matriz, como son las tuyas, o un topos, una convención que tú te permites desbrozar y reformular, recalentándola o dejándola a la intemperie de la escritura. No. Esta vez tampoco se trata de que yo encuentre un recurso formal que significa en el poema. Ni de multiplicar las lecturas recitándomelo como un credo o mantra hasta llegar a su musicalidad oculta que sea hilo conductor y, a la vez, secuencia e imagen. No, André, no. Es entonces cuando, desnudo ante tu poema, me doy cuenta de lo más sencillo; por fin advierto que la huella del título y la insistencia salmódica del poema estaban acá desde el principio y ésa era la auténtica premisa para saberte leer. El registro del estado subjetivo: “hastío”. Un hastío que no es siquiera nausée existencial, demasiado racionalista y afrancesada para un poeta de tu raigambre. Es decir, "raíces animosas". El hastío de André Cruchaga no necesita de tesis y menos de reformulaciones hipercríticas ni asimilables. Tu hastío no es, en definitiva, una vestimenta intercambiable, sociabilizante, de prêt-à-porter. Tu hastío, poeta, es el hastío vital del que valora el espíritu de las cosas, de aquéllas, no lo dudemos, que se nombran. Es una urdimbre -"vientre de raíces" nombraba en su deseo García Lorca- de hastío, pues, de tedio, fastidio, enojo, pereza, hartazgo, aburrimiento… pero también ojeo. Nunca abandono definitivo, por más que te ronde la lasitud. Y por ello queda la escritura, el desayuno aunque sea a deshoras del poeta, la eucaristía-passez le mot- del escritor que se sabe el precio de su agobio. Es curioso como de nuevo el Antiguo Testamento reverbera en tus versos de manera especial: el perro que lame las heridas y los vómitos del poeta en guisa y añoranza de Job. El mismo can que olisquea las criptas, las galerías del alma machadiana de André, como un sabueso, que curiosamente en mi lengua, hermano, es el llamado “ gos coniller”, el can o perro conejero.

Tu poema se conforma como un todo desde el primer verso hasta el climático final, nada fácil en un poema de la extensión de los tuyos. Un poema que juega a la voz externa y el contracanto de la segunda voz interior, esa voz en cursiva que convierte el texto en un juego de rumores y bisbiseos del alma y su escritura. ¿Dije alma? Corríjase, y en el doblete en que nos sumes quede el relajo, pues que sólo en ese dar y amagar es explícito más que el estado (de ánimo), el estar, tal como lo entendieron los maestros de la poesía sufí (al Halk).

Pere Bessó
Valencia,14.XI.2009

martes 10 de noviembre de 2009

CAMINOS CERRADOS

Juan Antonio Rosado, escritor y ensayista mexicano








CAMINOS CERRADOS



Por Juan Antonio Rosado
Reseña




¿Qué ha sido de este país? Museo de huesos,
vianda de moscas salpicadas por espigas
de lágrimas.
André Cruchaga




Entre los actuales poetas salvadoreños, André Cruchaga (1957) merece el lugar de quienes han conquistado su voz, una voz que, como pocas, expresa con intensidad nuestra época; una voz que, por lo mismo, se aleja de la función meramente esteticista o "artepurista", que García Lorca, por ejemplo, consideraba como "una cosa que sería cruel si no fuera afortunadamente cursi". Pero el poeta no ha renunciado ni a lo estético ni a las imágenes por instantes crípticas, aunque llenas de plasticidad en su hermetismo.

Ceñido al signo de nuestro tiempo —uno de los más crueles y deshumanizados—, Cruchaga ha encontrado en la poesía el vehículo para expresarlo. En su último poemario, Caminos cerrados (2009), impera la noche, el "aire de ceniza", la catástrofe, "el cascabel del pánico", lo infernal y la indiferencia de Dios (si lo hay), así como escalofrío, desasosiego y, en general, signo negativo: "alfabeto del extravío", camino cerrado:

Mientras los países mueren desangrando
su agonía,
no sé en qué piso de la ONU los embajadores
cabildean para convertir las falacias en verdades,
el azúcar en gastada diabetes
y en insomnio histórico la hojarasca.

El libro resulta una descripción apocalíptica del espíritu en su lamentable estado de degradación. Tras la guerra fría, cuando "el único imperio se tornó Dios", hemos heredado un mundo sin paz: "tapiz de balas por aire y tierra", donde "el hongo del ruido ha sido un vasto ornamento" y donde "Envejecemos junto a la noche,/ la pólvora y la tortura". El espíritu de hoy es el de "las teorías antropófagas de los políticos" y el "aliento de alacranes"; el "tiempo de bestias" en una "tierra de miedo" en que la armonía es negada y el caos tiene su vestíbulo. Por ello, el tema recurrente del volumen es la guerra, inherente a muchas naciones latinoamericanas. El Salvador no es, por supuesto, la excepción, y México hoy se halla enfrascado en una guerra inútil, sin rumbo, porque es ése el medio que ha elegido el Estado para provocar temor en la población: más de once mil vidas apagadas a causa de tratarnos como menores de edad y prohibir sustancias que “no debemos” introducir en nuestros cuerpos “porque es malo”. ¿En qué conciencia cabrá ese daño, esas vidas (inocentes o culpables), si es que hay conciencia en el aparato represor del Estado? Cruchaga, más allá de su tiempo y su lugar, ha sabido captar una esencia humana: el estado de conflicto independiente de sus causas. Lo importante es que ha sentido, sufrido, expresado sus consecuencias. Y sin embargo, "Bajo el caos, la palabra", como reza uno de los títulos del poemario. Renunciar al verbo poético implicaría caer en el amarillismo de muchos medios de comunicación; al fin y al cabo, vulgarizadores de la violencia. Tras los estados de conflicto que estamos viviendo, nada puede volver a ser igual:

Aquí era la ciudad antes de la guerra.
Era el mercado, la escuela, el día;
ahora es el escombro y el aliento seco.

El poemario posee una fuerza, una intensidad emotiva que destila indignación, impotencia, grito, a pesar de su clamor por la paz. Es difícil concluir el volumen sin dolor por el estado actual en que viven (sufren) países como el nuestro. He ahí la unidad del libro, que oscila entre el pesimismo y una tímida, penosa de abrir los ojos, esperanza de paz. Este conjunto de poemas no dejará indiferente a ningún lector sensible, que vive y padece nuestra época y el destino del otro y del yo en un mundo —como diría el poeta hondureño Roberto Sosa— "para todos dividido".
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André Cruchaga. Caminos cerrados. México: Editorial Praxis, 2009, 100 pp.

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Publicado en La Cultura en México, de la revista Siempre!, año LVI, núm 2943 México, 8 de noviembre de 2009, p. 84





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Juan Antonio Rosado (México, 1964). Narrador, ensayista y crítico literario. Es autor de la novela El cerco (Ed. Jus, 2008), del libro de poemas y aforismos Entre ruinas, poenumbras (Ed. Praxis, 2008) y del libro de cuentos Las dulzuras del Limbo (Ed. Praxis, 2003), así como de los volúmenes de ensayos: Palabra y Poder (Conaculta. Sello Bermejo, 2006); Juego y Revolución: la literatura mexicana de los años sesenta (EDAMEX, 2005); Erotismo y misticismo (Universidad de la Ciudad de México / Ed. Praxis, 2005); El engaño colorido (Universidad de la Ciudad de México, 2003); Bandidos, héroes y corruptos o nunca es bueno robar una miseria (Ed. Coyoacán, 2001); El presidente y el caudillo (Ed. Coyoacán, 2001) y En busca de lo absoluto (UNAM, 2000), y del manual Cómo argumentar. Antología y práctica (Ed. Praxis, 2004). Colaboró en la realización del Diccionario de literatura mexicana. Siglo XX (dos ediciones: UNAM, 2000 y Ed. Coyoacán / UNAM, 2004). También participó en la edición anotada de Alfonso Reyes: Visión de México (aún inédita). Ha publicado cuento, ensayo, poesía y crítica literaria en más de seis libros colectivos o antologías, entre las que cabe mencionar Los mejores cuentos mexicanos. Edición 2001 (Ed. Joaquín Mortiz, 2001), La escritura cómplice. Juan García Ponce ante la crítica (Ed. Era, 1997), Memorial de dos ciudades (Ed. Vigía, La Habana, 1995), Rayo de Esperanza (Centro Poético, Madrid, 2004), Letras latinoamericanas. Cinco premios Nobel y cuatro que no lo fueron (Compañía Editorial Impresora y Distribuidora, 2006) y Animales distintos (Ed. Arlequín/FONCA/CNCA, 2008). Ha sido colaborador en más de diez revistas literarias y en diversos suplementos culturales. Es miembro del Consejo Editorial de la revista Blanco Móvil. Como docente, ha sido profesor de literatura en más de diez instituciones del país. En 2003, la Universidad Iberoamericana lo premió con una Medalla por su desempeño en los Diplomados en Arte Contemporáneo, y en 2004, el Centro de Cultura Casa Lamm, con un Diploma por su labor académica. Fue también merecedor de la Medalla “Alfonso Caso”, que le otorgó la UNAM en 1998. En dos ocasiones, recibió la beca “Jóvenes creadores” del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA): durante los periodos 1997-1998 (en ensayo) y 1999-2000 (en cuento). En septiembre de 2000 ganó el Premio de Ensayo “Juan García Ponce”, otorgado por el Instituto de Cultura de la ciudad de México. En 2002 obtuvo el grado de Doctor en Letras por la UNAM. Ha colaborado como investigador en elInstituto de Investigaciones Filológicas (UNAM) y en la Fundación Pro Academia Mexicana de la Lengua. También se ha desempeñado como dictaminador, editor y corrección de estilo para diversas instituciones.