sábado, 15 de enero de 2011

EPITAFIS PER A LA CLAREDAT/ EPITAFIOS PARA LA CLARIDAD-COMENTARIO Y TRADUCCIÓN POR PERE BESSÓ


Pere Bessó, poeta y traductor español



EPITAFIS PER A LA CLAREDAT/ EPITAFIOS PARA LA CLARIDAD-COMENTARIO Y TRADUCCIÓN POR PERE BESSÓ



Querido André:

La falsa paradoja está servida. De alguna manera, recordar es morir. Sígase, pues, en el espejismo o en el engaño, que llamamos en el común realidad. Sólo se conoce desde la conciencia de la muerte. Desde el inicio del poema, Epitafios de la claridad, la revelación, iluminación o éclat, trasluz o destello, que sólo el poeta maduro vislumbra en el tratamiento de la memoria. Sagrada palabra que en ti es material inexcusable. Ya te lo he dejado escrito en múltiples ocasiones. Una memoria sensitiva. Tu memoria huele, paladea, toca, escucha y, sobre todo, ve, más allá de la luz y de las sombras. Ve, como una incursión o agazapada, todos los mundos que en tu mundo caben. Una memoria, pues, que incluye el desvelo y el ensueño y, ahí es nada, procesos de acumulación y de azar en la escritura desde la memoria y el viaje a los paraísos perdidos. [Que no artificiales. En la poesía de André Cruchaga nada te es artificial, pero sí artificio, en el más noble y connatural de los sentidos.]

Y sólo me extenderé en un recuerdo propio de infancia parejo: la huella de la madre -raíz de la carne- embutiéndonos un jarabe o medicina, la sopa frente a la enfermedad o inapetencia, con el uso delicado y paciente de la cuchara más nítida y refulgente:

-mira, mira que viene el avión, ahum, mi niño, qué mayor, que lo quiere su mamá...



la raíz de la carne empujando la cuchara
de los azúcares fermentados en la respiración, a ratos, inclemente.

La huella, pues, de la memoria estasiada que revé el paso de trenes y rebailes de trompos. Una mirada nunca ajena al retorno, ay, desde la experiencia. Una memoria, sin embargo, que se traduce en fermento y poso y que nunca evita que el poeta se sepa en el inexorable camino, el tránsito.


Y vuelvo al inicio de esta nota a pie de pecera: la memoria, necesariamente fragmentaria, pero a voluntad, lleva a la pluralidad de textos sobre la piedra. Piedra de los ojos, piedra de la escritura. Epi-tafos. Y luz, claro de bosque en el poema.

Pere Bessó



EPITAFIS PER A LA CLAREDAT




Deixe en la memòria, les darreres monedes de les ombres. El forcat
astral de les guitarres, la voravia de la llengua amb les seues àrdues faenes;
deixe per als arcàngels, aquesta eternitat incompleta,
el mar menor dels mocadors, la gespa àcida de la saliva,
la taxa esberlada dels olors, les aigües de l’odi que tancaren
el meu horitzó, la suma de tot això afonant el meu hàlit.
Deixe que el silenci parle amb l’espessor del celler,
Al cap i a la fi he suportat la guitza de tantes bèsties:
—l’alienació insadollable, l’adusta boca assatjant la seua entumida
Sal entre les ombres del guarumo.
Aguaite la nit davant de les finestres: ací la mort crescuda
de l’Esperança, el fred dels martells,
l’incendi de les remors, les branques soscavades del camí.
Ja no camine apressa, encara que l’ànsia em desvetle:
la bretxa és groga, negra, intensa com els grisos de la veu.
En l’ensomni l’olor als capvespres: el brancall de la pluja,
els llocs que un dia celebraren el meu cor,
el retorn a l’arbitri del paisatge, ara des del fosc de la cova,
des de el crit exhalat del lament.
La credulitat deixà de ser una vaixella transparent, on ara
només cap el refugi caigut de les mirades.
(Deixe cada solitud en els meus llibres. Deixe la sina que em prodigue
d’albes i portes, el llit anunciat de les llavors,
les claus vegetals del vent en el riu blanc dels ulls;
deixe el gos que es sotraga les puces amb la llengua d’ombrel•la,
amb el parpelleig d’ulls contemplatius;
deixe, a banda de les paradoxes, les teranyines com obra d’art
dins dels meus poemes perduts en els porus secs de les parets;
deixe el riure absurd dels balbuceigs, els guspireigs
de les rugues, la meua boca precipitada en el desempar;
deixe que un altres gaudisquen de la seua mateixa careta: evoque uns altres temps
de caminant solitari, de curiosos trens i vaixells en les meues ninetes;
deixe els ossos ofegats en la meua gola, l’alteració
de les esferes, l’arrel de la carn empentant la cullera
dels sucres fermentats en la respiració, a estones, inclement.
Deixe la capçana de la pellofa en el fluir de les sabates,
en l’hemistiqui alterat dels semàfors, en la mort vertadera
que cau en els meus ulls, sense cap altre ara ni demà;
deixe la desaparició forçada de la meua consciència, la mortalitat
mutable del meu present, tots els dies cíclics del trompitxol
en la pols esparsa dels exorcismes: la resta és el deliri
del zodíac en posar-me la mortalla;
deixe, doncs, la pedra en el poema: la llum esgarrifada transcorre
en el pit; la claredat només fou un lloc comú i corrent
on les mosques assaciaren la gana. Sé que el trànsit
pertoca com aqueix ritme consonant de l’aigua en el cànter.)

Baratària, 11.I.2011




EPITAFIOS PARA LA CLARIDAD




Dejo en la memoria, las últimas monedas de las sombras. El arado
astral de las guitarras, la acera de la lengua con sus arduas faenas;
dejo para los arcángeles, esta eternidad incompleta,
el mar menor de los pañuelos, el césped ácido de la saliva,
la tasa quebrada de los olores, las aguas del odio que cerraron
mi horizonte, la suma de todo ello hundiendo mi hálito.
Dejo que el silencio que hable con la espesura del tabanco,
A fin de cuentas he aguantado la coz de tantas bestias:
—la enajenación insaciable, la adusta boca ensayando su entumecida
Sal entre las sombras del guarumo.
Aguardo la noche frente a las ventanas: aquí la muerte crecida
de la Esperanza, el frío de los martillos,
el incendio de los murmullos, las ramas socavadas del camino.
Ya no ando a prisa aunque el ansia me desvele:
la brecha es amarilla, negra, intensa como los grises de la voz.
En el ensueño el olor a los crepúsculos: la ramazón de la lluvia,
los lugares que un día celebraron mi corazón,
el retorno al arbitrio del paisaje, ahora desde lo oscuro de la cueva,
desde el grito exhalado del lamento.
La credulidad dejó de ser una vasija transparente, en donde ahora,
sólo cabe el refugio caído de las miradas.
(Dejo cada soledad en mis libros. Dejo el seno que me prodigo
de albas y puertas, el lecho anunciado de las semillas,
las llaves vegetales del viento en el río blanco de los ojos;
dejo al perro que sacuda sus pulgas con su lengua de sombrilla,
con su parpadeo de ojos contemplativos;
dejo, al margen de las paradojas, las telarañas como obra de arte
dentro de mis poemas extraviados en los poros secos de las paredes;
dejo la risa absurda de los balbuceos, los centelleos
de las arrugas, mi boca precipitada en el desamparo;
dejo que otros gocen de su propia máscara: evoco otros tiempos
de caminante solitario, de curiosos trenes y barcos en mis pupilas;
dejo los huesos ahogados en mi garganta, la alteración
de las esferas, la raíz de la carne empujando la cuchara
de los azúcares fermentados en la respiración, a ratos, inclemente.
Dejo el yagual del pellejo en el fluir de los zapatos,
en el hemistiquio alterado de los semáforos, en la muerte verdadera
que cae en mis ojos, sin otro ahora ni mañana;
dejo la desaparición forzada de mi conciencia, la mortalidad
mutable de mi presente, todos los días cíclicos del trompo
en el polvo dispersado de los exorcismos: lo demás, es el delirio
del zodíaco al momento de ponerme mi mortaja;
dejo pues, la piedra en el poema: la luz desgarrada transcurre
en el pecho; la claridad, sólo fue un lugar común y corriente
donde las moscas saciaron su apetito. Sé que el tránsito
es necesario como ese ritmo consonante del agua en el cántaro.)

Barataria, 11.I.2011

lunes, 10 de enero de 2011

EL FUEGO EN LA RAMA DEL POLEN/EL FOC EN LA BRANCA DEL POL•LEN TRADUCCIÓN Y COMENTARIO: PERE BESSÓ


Muerdo las ramas del polen en cada palabra habitada por el diente
del calendario. En el combustible de la memoria,
agoniza la fruta prohibida de las luciérnagas, los escombros
de la virginidad, los cadáveres con encajes de espuma.
Fotografía de Jon Sullivan



EL FUEGO EN LA RAMA DEL POLEN/EL FOC EN LA BRANCA DEL POL•LEN TRADUCCIÓN Y COMENTARIO: PERE BESSÓ





Mi querido Cru:

Traducirte es un placer. Pero cuando la memoria es trabajo que permite material tan delicuescente como la erótica misma en clave personal del recuerdo ensoñado, entonces traducirte es bálsamo y veneno, mercurio de aves ponzoñosas, fierabrás de los nocherniegos y de los noctámbulos, que, al cabo, no son lo mismo, lo diga Filemón o su mortadela.

Te copio un segmento del poema, muy cohesionado en sí mismo, porque comprendas que dificultad y placer son gestos de doncellez rota con la escarcha de mi lengua:


En el combustible de la memòria,
agonitza la fruita prohibida de les lluernes, els enderrocs
de la virginitat, els cadàvers amb randes d’escuma.



Y así el lector ágil descubre como en pares de opuestos, los elementos significantes de Eros y Tánatos. Pero en síntesis vida que agoniza y muerte que embellece. Y todo ello con el tratamiento de la metáfora surreal que dominas como pocos.

Así pues, si asentimos que la memoria es combustible (a partir de la metáfora de dos planos A de B), necesario para que nuestro cuerpo siga marchando, igualmente podremos aceptar a través de esa metáfora matriz su desarrollo: la fruta prohibida (+) de la luciérnaga (-). Es decir eros y luz falsa, mortecina, sombría, agonizante y, si se quiere, paronomásica (luciérnaga/luz de ciénaga). Lo mismo cabe decir de los despojos, ruinas o derribos (-) de la virginidad (+), con el añadido del morbo. Las vírgenes, ah las vírgenes, que diría el buen salido de Mallarmé...

Y, para culminar, esta secuencia, el derroche festivo de la última metáfora, plenamente connotativa (y contrastiva con las anteriores por lo que se refiere al orden lírico acumulativo de estructuras sintagmáticas paralelísticas en la escritura de lo trans-racional: "los cadáveres con encajes de espuma". Y es acá donde rompes a placer: los cadáveres (-) pletóricos no son ya cadáveres stricto sensu, nada menos que tienen encajes (+) de espuma (+). Es decir, la ruptura de sistema, lo contrastivo de metáforas y símbolos enteramente lexicalizados: el encaje, la randa, tela que pertenece al ámbito de los sentidos explotados en su alta morbosidad, acá léase también el sentido de la suavidad.

Quede dicho: el material memoria, tal cual lo definió José Ángel Valente, combustible imprescindible para el poeta de lujo que sueña versos, como los que acabo de citar, que merecen tratamiento crítico, académico o no, mas de antología insoslayable para averiguar los vericuetos de la poesía salvadoreña de medio siglo.

Pere Bessó.





EL FUEGO EN LA RAMA DEL POLEN




Changez votre âme contre celle de l’agate
Alors vous pourrez goûter au pollen des étoiles
Et dénouer les boucles du mandala…
ELIE-CHARLES FLAMAND




Muerdo las ramas del polen en cada palabra habitada por el diente
del calendario. En el combustible de la memoria,
agoniza la fruta prohibida de las luciérnagas, los escombros
de la virginidad, los cadáveres con encajes de espuma.
Cada quien muere cada día para santificar la vida, o por lo menos
hacerla más digerible: la superpoblación termina en las cacerolas,
y en la calma tempestuosa de los nichos.
El papel higiénico no deja de ser eufemismo en los toilets o restrooms;
el asombro siempre me lo dan los huevecillos de los peces,
la superficie del sueño apretado en algún pubis:
todo el calendario de las linternas está aquí con sus semanas
de sábanas y diversiones colectivas.
Resulta que el polen tomado en cucharas es afrodisíaco: lo dicen
los naturalistas en los libros de botánica;
también lo dicen los estafadores y charlatanes, las muchachas
de la vida fácil que necesitan arrojar el aliento en un solo quejido.
El pocillo de los días de guardar termina siendo reloj oxidado
sobre la piedra pómez de la quijada;
reírse es gratificante cuando todos los días tenemos circo romano:
—por cierto que es buen estratagema para olvidar las hemorroides,
las varices del hambre, la corcholata de la saliva,
la salsa de tomate en el yute de las sienes.
(Nunca he visto que el petate se resista a nuestras manías: brincar
el tálamo de la cordura, quemar el polen debajo de las sábanas,
hasta sacarle brillo a la sal de los poros
en su río creciente de bálsamos.) Sucede que en el sombrero de todas
las aguas de los encajes, caben velas a vapor, pequeños votes,
botellas de mar, arañas de gelatinosas vísceras, relojes de azúcar.
Hemos aprendido del fuego, cuanto el fuego nos quema y consume:
siempre es divertido jugar al sudor de los ojos,
limpiar los lentes sin renunciar a los ecos de la epidermis,
convertir el pubis en respiración de sirenas,
memorizar los colores del frutero,
polinizar la puerta transitiva de los párpados en pleno aguacero.
El fuego siempre nos satura de destinos: —estrechamos las uñas
De la tierra hasta ser humanos en el desatino;
El suspenso es redondo en los dedos: nacemos cuando la rama
De la carne asciende al polen y los hervores, —del árbol desbordado—,
a ese oráculo sin insomnios.
Por cierto que a nuestros ojos asoma la sal en cubitos de hielo.

Barataria, 02.I.2011





EL FOC EN LA BRANCA DEL POL•LEN



Changez votre âme contre celle de l’agate
Alors vous pourrez goûter au pollen des étoiles
Et dénouer les boucles du mandala…
ELIE-CHARLES FLAMAND


Mossegue les branques del pol•len en cada paraula habitada per la dent
del calendari. En el combustible de la memòria,
agonitza la fruita prohibida de les lluernes, els enderrocs
de la virginitat, els cadàvers amb randes d’escuma.
Cadascú mor cada dia per a santificar la vida o, almenys,
fer-la més digerible: la superpoblació acaba en les casseroles,
i en la calma tempestuosa dels nínxols.
El paper higiènic no deixa de ser eufemisme en els serveis o restrooms;
la sorpresa sempre me la donen els ouets dels peixos,
la superfície del somni premut en algun pubis:
tot el calendari de les llanternes és ací amb les seues setmanes
de llençols i diversions col•lectives.
Resulta que el pol•len pres en culleres és afrodisíac: ho diuen
els naturalistes en els llibres de botànica;
també ho diuen els estafadors i xerraires, les xicones
de la vida fàcil que necessiten amollar l’alé en un sol gemec.
El pouet dels dies de guardar termina essent rellotge oxidat
damunt de la pedra tosca de la maixella;
riure’s és gratificant quan tots els dies tenim circ romà:
—per cert que és bon estratagema per a oblidar les hemorroïdes,
les varices de la fam, la xapa de la saliva,
la salsa de tomata en el jute de les temples.
(Mai no he vist que el bolic es resistesca a les nostres dèries:
Saltironar el tálem del seny, cremar el pol•len davall dels llençols,
fins a traure-li brillantor a la sal dels porus
en el seu riu creixent de bàlsams.) Ocorre que en el capell de totes
las aigües de les randes, caben veles a vapor, petits bots,
botelles de mar, aranyes de gelatinoses vísceres, rellotges de sucre.
Hem aprés del foc, quant ens crema el foc consumeix:
sempre és divertit jugar al suor dels ulls,
netejar les lents sense renunciar als ecos de l’epidermis,
convertir el pubis en respiració de sirenes,
memoritzar els colors del fruiter,
pol•linitzar la porta transitiva de les palpebres en plena xafegada.
El foc sempre ens satura de destins: —estretem les ungles
De la terra fins a ser humans en el desencert;
El suspens és redó en els dits: naixem quan la branca
De la carn ascendeix al pol•len i els bulliments, —de l’arbre desbordat—,
a ese oracle sense insomnis.
Per cert que als nostres ulls traspua la sal en glaçonets de gel.

Baratària, 02.I.2011

sábado, 1 de enero de 2011

PRÓLOGO DEL LIBRO "BLASFEMIA DEL SUBSUELO", ESCRITO POR RICARDO LLOPESA


RICARDO LLOPESA
Instituto de Estudios Modernistas de Valencia, España



PRÓLOGO DEL LIBRO "BLASFEMIA DEL SUBSUELO",
POR RICARDO LLOPESA



Preciso es remontarse a poco más de un siglo para conocer un poco más de cerca el protagonismo literario que alcanzó, en la cumbre del pensamiento, la trayectoria poética de El Salvador y comprender el proceso que llega hasta la poesía de André Cruchaga. Ya sabemos que todo proceso de transformación, sobre todo el poético, es lento, debido a la hondura en que entierra sus raíces el lenguaje, convirtiéndose en involucionista.
Cuando Rubén Darío (1867-1916) llegó por primera vez a San Salvador, tenía doce años y el salvadoreño Francisco Gavidia (1863-1955) diecinueve. Éste había fundado, en 1880, y dirigía La Academia Literaria “La Juventud”, integrada por un grupo de muchachos ilusionados en darle brillo al verso de Víctor Hugo. Gavidia, su impulsor, supo distinguir con claridad la clave de la cesura en el verso alejandrino y el hexámetro griego, y le hizo a Rubén la revelación. Más tarde, con los años, Darío encontró en ese secreto el misterio del ritmo en el soneto y escribió “Caupolicán” (Santiago de Chile, 1888) haciendo sonar distinto el verso el castellano. Con esto quiero decir que el germen del modernismo surgió en la cabeza de un salvadoreño, pero fue el nicaragüense quien partió de los consejos de Gavidia, rompiendo los versos, a través de otros metros y generando otra música.
Pero el honor de Gavidia terminó por convertirse en herencia, hasta el punto que, como dijo Anderson Imbert, el abrazo del modernismo a El Salvador fue tan fuerte que terminó por convertirse en un enorme abrazo que duró más allá de la larga vida del anciano poeta. Este problema impidió avanzar, como hubiese sido lo correcto, por los caminos experimentales de la vanguardia y poner la poesía a la altura de los grandes.
Hubo que esperar la llegada de Roque Dalton (1935-1975) y su espíritu revolucionario para que la poesía entrase de lleno en la modernidad, con todo lo que implica ser moderno, en el contexto de las literaturas modernas, en busca de una línea distinta a la del pasado, que es la que ahora encontramos con nuevo ímpetu, tinte heroico y surrealista, en el libro Blasfemia del subsuelo, de André Cruchaga. Con el mérito de aparecer, conjuntamente, traducido al catalán por el poeta Pere Bessó, conocido en los ámbitos de la literatura.
Para quienes no lo saben, me permito trazar unos rasgos del traductor. En los primeros años del 70 publicó en Valencia la revista “Múrice”, que hizo historia porque iba tras lo nuevo y distinto, alejándose de la tan entroncada tradición. En este sentido, tanto España como El Salvador vivieron ahogados en el pantano del pasado. Bessó se inició en la poesía y sigue siendo poeta, pero eligió la política como medio para combatir la injusticia.
Nunca en el pasado podía imaginar que el poeta Bessó tradujese al catalán a un poeta salvadoreño. Al leer a André Cruchaga comprendí que es de los poetas que nacen para sembrar la semilla nueva que hace posible la reforestación de lo diferente. Lo que también hace que nuestro castellano explore todas las posibilidades de combinación, semejante a los números de las matemáticas o las notas del pentagrama, que siempre son los mismos, pero son siempre diferente, como lo es la palabra dentro del texto.
En el momento actual, la Poesía, en mayúscula, está en tránsito de dar un salto y dejar atrás las huellas del pasado. Para cumplir su cometido se asienta sobre una nomenclatura diferente, alejada de aquellas metáforas que huelen a polvillo viejo, haciendo posible la renovación, bajo el dictado de otro lenguaje poético. Muchos poetas del pasado más próximo a nosotros dejaron sus huellas impregnadas en poemas renovadores, al estilo de Darío, Huidobro o Paz, por poner tres ejemplos.
La poesía no se escribe con inspiración, sino con lucidez y rigor. La lección de Mallarmée quedó aprendida, cuando dijo que el poema se escribe con palabras, no con ideas. También queda atrás el lenguaje que convierte la lengua en discurso o en jerga, que es peor, porque el lenguaje es iluminación en la sombra. Esa es la mejor poesía. No obstante, cada quien es dueño en su casa de hacer del texto un discurso lógico o una jerga sin sentido. El problema más importante reside en el lector que busca la razón en un cuadro impresionista, sin detenerse a pensar que los tiempos han cambiado.
Blasfemia del subsuelo es un título que invita al lector culto a entrar en un espacio que le induce a trasladarse al ámbito de lo diferente. Lo que antes dijimos de Gavidia y de Darío. A su vez, recuerdo otros títulos de difícil comprensión, como el poema “Prosa para Des Esseintes” (1885), de Mallarmée, que inicia en la poesía la transgresión; título de donde Darío tomó el suyo para Prosas profanas (1896). Nada más empezar la lectura de la obra de Cruchaga, precisamente el tercer poema, que lleva el titulo del libro, “Blasfemia del subsuelo”, nos introduce en la atmósfera del poema, que refleja el caos de la vida, utilizando un lenguaje similar: “El absurdo también es un camino en la penumbra”. El léxico que lo explica adquiere la multiplicidad de los espejos o la simple interpretación de una realidad desdoblada, dentro de una sociedad marcada por rayos que no cesan de entrar a través de la información distorsionada: “El ojo es menos fiel que los pensamientos confesos, que los deseos”. El poeta se confiesa desde la lucidez, “Aliento de palabras extrañas y oscuras”, en busca de otro lenguaje, a fin de explicar las cosas cotidianas o verlas de modo distinto, tal como las interpreta la mente, lo que supone la soledad. No explico nada nuevo si digo que cuando miramos las nubes, cada quien las percibe de una manera distinta, a través de dibujos que son siempre diferentes. Es la realidad vista desde una mirada deformada, que es siempre distinta por escapar de la norma establecida. Cruchaga tiene razón y compromiso cuando escribe: “Ahora recuerdo que decir ciertas cosas o la verdad misma es un acto / Revolucionario…”. La revolución está en todas partes, el arte y la política tienen que militar dentro de la revolución para mantenerse vivos. En este sentido, el poeta confiesa una verdad: “El ojo es menos fácil que los pensamientos confesos, que los deseos.”
Esta crítica a la razón impuesta hay que mirarla en Cruchaga, no como una crítica al sistema, sino a la norma. “Son los viejos fuegos del desvarío los que atan las alas”, dice en el poema•”Dudas del aliento”. El poeta sabe lo que quiere en su empresa de cambio: “No quiero el zumbido de la plegaria”, ni “párpados caducos frente a mis pupilas”, “ni “la ternura en embaces de coca-cola o pepsi”, ni “ojos torturadores”, sino “un tren con escalera para subir al cielo”.
Luchar contra la crisis humana que padecen los pueblos hispanos, con una población de 500 millones de habitantes, supone hacerlo desde la base, donde reside la palabra, que es el léxico, todavía anclado en el pasado. Por tanto, en la tradición. En “Crimen conjetural” el poeta pasa a revisión al malestar que se produce en el seno de la sociedad, la monotonía, el exilio interior, la discordia, el desasosiego. Las referencias son muchas (“Una vez la monotonía se posa en el Universo, caen las begonias”); recurre a la imagen falsificada por la visión (“Hay jardines edificados por el espejismo de las pupilas”); el fluir de las revoluciones (“Desde luego las mareas alteran el fluir de la historia”); la pérdida de tiempo en la vida del fumador (“Convertir en ceniza la melancolía de los relojes”); el desencanto de banqueros y políticos (“Detener la comedia de los banqueros y los políticos”); el problema causado por las iglesias, principalmente la que se ha erigido como redentora de la humanidad occidental (“No sé si es posible atravesar en tren el cáncer de las iglesias”) o algo tan caduco como las ciudades envejecidas (“Sobre el papel todos los nombres de donde extraigo / Día a día, aquí, la muerte asedia con colmillos de luz ceniza: ─No sé si es el signo de los tiempos, [la transición, dirán los politólogos con dejo de sapiencia]”. El puño del poder “no padece fatiga”, “porque sus esqueletos ya nos volvieron indulgentes”. En este punto, no puede darse una verdadera poesía centroamericana sin que haga acto de presencia uno de los mayores insultos al ser humano por parte de quienes imponen su soberbia y hasta prepotencia.
Así, con verso amplio y suelto, de alto vuelo y estilo, que se distancia del léxico impuesto por la tradición, André Cruchaga, con pluma y no machete, poda y limpia, como cuando escribe: “Ciego estoy en la clarividencia del respiro: ─no deja de ser / tortura la maleza que sobre la piedra se yergue”.
Verso largo y libre, que al decir de Juan Ramón Jiménez, en 1905, es prosa. En ese caso, deberíamos hablar de los nuevos ritmos del verso prosaico o el despojo de los ritmos clásicos del verso. En el poema “Luis de Góngora”, homenaje al magnífico poeta español y padre de lo que fue luego el simbolismo francés, Cruchaga rinde pleitesía a la palabra del mago del lenguaje, cuyos versos iniciales dicen:

Desde la sal alada de la espuma a los hígados desclavados
de las carretas, el apareamiento del minuto acecha al alfabeto,
el incesto desclava las vírgenes habitadas, hasta el cortejo
dorsal de los pasmos.

Además del verso, el poema también es largo, bíblico, como los versos largos de Whitman, que fue el primero en librar la batalla en el campo de las letras y el primero en liberar el verso del corsé del metro e infundirle nuevos ritmos. Es hoy la intrépida aventura por modernizar este indomable potro castellano, que se resiste aferrándose al pasado, en lucha por encontrar otro ritmo y otra nomenclatura. En este sentido, la poesía de André Cruchaga camina en esa vanguardia.
Lo confesional salta a lo largo de todo el libro como radiografía del alma. Ya sabemos que la mejor biografía del poeta es su obra y esto, precisamente, es lo que hace grande a la obra. Los grandes poetas han sido confesionales, se implican e implican el tiempo que les tocó vivir. Las Confesiones de san Agustín es un ejemplo. También abundan las metáforas cargadas de novedad y originalidad, basten como ejemplo estas dos: “La estrella comestible de tu virginidad” y “El humo arde en cada palabra que escribo”. Cruchaga asume la escritura con sensualidad y sacrificio en la escritura. Nos recuerda a Flabert cuando escribía dolorosamente en lucha con la palabra. Cruchaga confiesa que: “En cada letra que escribo las consonantes se desangran, / igual que los ríos cuando los muerden los peces” (“Señuelo del dintel”).
El libro consta de treinta y ocho poemas de factura impecable. La mayoría de ellos llevan citas, no como despliegue de erudición, sino afinidad de espíritu o similitud con el texto, por el tema o la estética y vale la pena citar sus nombres, porque son nombres vigentes, de actualidad: Paul Gérardy, Louis Aragon, Carlos Marzal, José Lezama Lima, Julio Cortázar, Juan Eduardo Cirlot, Dionisio Ridruejo, Miguel de Unamuno, César Vallejo, Miquel Martí i Pol, Jean Arp, Charles Bukowsky, Emilio Adolfo Westphalen, Jon Juaristi, José Kóser, Roque Dalton, Arthur Rimbaud, Pere Quart, Philippe Soupault, Blas de Otero, Pere Bessó, Rafael Alberti y César Rosales.
Si André Cruchaga, por decisión propia, renunciara a la escritura y no dejase más que un libro, Blasfemia del subsuelo, sería como legar a la posteridad un monumento, similar al que se levanta en el parque, en San Salvador, a la memoria de Morazán, porque este libro es por sus propios méritos un monumento erigido a base de palabras, para convertirlas en una sólida construcción, hecha de piedra y espíritu.
Es poesía de alto aliento, sólo comparable a la labor de los grandes creadores. Desde mi punto de vista, un punto de vista muy personal, su poesía me deja atónito. Me recuerda la fuerza visionaria de poetas, como Pablo Antonio Cuadra y Ernesto Cardenal. En este sentido, su nombre, razonable es reconocerlo, se incorpora a la nómina de los grandes colosos de la poesía centroamericana y, por tanto, de la lengua castellana.
Y como los grandes poetas, André Cruchaga introduce en su discurso neologismos, por aquí y por allá, porque la lengua se le queda corta o porque necesita nuevas voces que hagan posible el fenómeno de decir más y precisar mejor, que el simple contenido de la palabra.


RICARDO LLOPESA
Instituto de Estudios Modernistas de Valencia
Diciembre de 2010


__________________

Ricardo Llopesa nació en 1948, en Masaya (Nicaragua); llegó a Madrid en 1965, y en 1967 a Valencia, donde vive. Residió como estudiante largas temporadas en París, Grenoble y Lille.

Su primer artículo apareció en el diario “Ideal” (Granada, España, 1967); su primer poema en la revista “Poesía Hispánica“ (Madrid, 1972), y su primer cuento en la antología “Narraciones hispanoamericas de tradición oral“ (Edit. Magisterio Español, Col. “Novelas y Cuentos“, Madrid, 1973).

Ha publicado centenares de artículos en periódicos y revistas de reconocido prestigio de España y América, como las históricas “Insula“ y “La Estafeta Literaria” (Madrid), “Cuadernos Americanos” (México), “Revista Hispánica Moderna” (Nueva York).

Ha colaborado con las Universidades de Columbia y Pitsburg (USA), Complutense y Alcalá (España), UNAN-León (Nicaragua) y UNAM (México), entre otras.

Es autor de quince ediciones críticas y anotadas de Rubén Darío, entre ellas, “Poesías inéditas” (Madrid, Visor, 1988); “Treatros”. Artículos desconocidos sobre Sarah Bernhardt en Chile (Aitana, Altea,1993; y Academia Nicaragüense de la Lengua, 2002); “Poesías desconocidas completas” (Aitana, Altea, 1994), en colaboración con los académicos José Jirón Terán y Jorge Eduardo Arellano ; “Prosas profanas” (Colección Austral, Espasa-Calpe, 1998, 2002 y 2008); “El canto errante” (2006), “Azul…” (Universidad León-Nicaragua, 2008 y 2010; y Universidad Alcalá, 2008), una “Biblioteca Rubén Darío” (8 vols., Valencia, 1996).

Fundó la Asociación (1993) y luego la Editorial Instituto de Estudios Modernistas (1999); la revista “Ojuebuey“ (1984-2003). Fue Presidente (1996-97) y Vicepresidente (1998-2009) de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios. Desde 1997 es Miembro Correspondiente de la Academia Nicaragüense de la Lengua, Correspondiente de la Real Academia Española.

sábado, 25 de diciembre de 2010

SAINT GEORGE: DARRERA ESCALA/ SAINT GEORGE: ÚLTIMA ESCALA, COMENTARIO Y TRADUCCIÓN DE PERE BESSÓ


Lluny del centre ja de Salt Lake City, al sud, entre els congostos.
La carretera 15 com un vell dromedari, les viles disfressades
de postals, la respiració inflada i els ulls en el seu resplendor
desbordant: l'aurora es disfressa de menta inefable, tremola
el rostre damunt dels pergamins estesos dels estreps.
Carretera central de Saint George






SAINT GEORGE: DARRERA ESCALA/ SAINT GEORGE: ÚLTIMA ESCALA, COMENTARIO Y TRADUCCIÓN DE PERE BESSÓ



Querido André:

Mi presente de Navidad: tu poema de San Jorge a la gringa, a despecho de la vieja mitología. Un nuevo caballero de la poesía con las nuevas armaduras y el nuevo caballo metálico y su mesnada siguiéndole. Un nuevo San Jorge o San Andrés, si quieres, cabalgando hacia el bosque y las montañas desnudas a la búsqueda del nuevo dragón con su cola de pipas de petróleo. O los escorpiones con su veneno de oro negro. Y los nuevos peligros de siempre, los desfiladeros, las nieves o la soledad misma. Y el tiempo del frío para recordar o sumarse al paisaje. Un paisaje resucitado, soñado, digno de la visión. Un paisaje que a mí me hace recordar la noche lorquiana de Poeta en Nueva York, pero que acá con la misma intención de dimensión épica, Andrés, recuperas. Para Lorca la ciudad de neón y el puente de Brooklyn, para tí, amigo, lejos de la megaurbe, el paisaje abierto y desolado -la soledad de nuevo- en el que tampoco nadie duerme, pero acá como allá una última estación, una última escala, la frontera última.
[On the road again i back home, dos modos de cante jondo a la gringa, que en ti suponen el border line, las tierras fronterizas y la vuelta a casa no sólo junto a os tuyos, sino más interiorizada: la vuelta a la lengua de la madre, mujer y hermanos y a la escritura propia]
Alegra ver, hermano, cómo, pese al frío interior y el de las afueras, sigues, tal canned heat, de nuevo en la carretera de las grandes convenciones líricas del amor y desamor, paisaje, soledad, tiempo, muerte y trascendencia... Pero alegra aun más comprobar cómo en el poeta Cruchaga el tránsito de los días cuentan con ciudades y calendarios, santorales con hojas de poemas curtidos a la sazón, como éste:



SAINT GEORGE: DARRERA ESCALA





Lluny del centre ja de Salt Lake City, al sud, entre els congostos.
La carretera 15 com un vell dromedari, les viles disfressades
de postals, la respiració inflada i els ulls en el seu resplendor
desbordant: l'aurora es disfressa de menta inefable, tremola
el rostre damunt dels pergamins estesos dels estreps.
Cases de fusta i sostres de fantasia, escorpions petris
travessant el desert: el fred entumeix el meu alé, encara que semble
paradoxa aquesta gota d'univers al meu pit.
Aleteja un vent lleuger de tempesta: en les àrees de descans fume
un cigarret, mentre d'altres caminants passen amb l'insomni
en el volant. L'armari de paret de l'albor no cap en les meues mans,
ni jo em puc contindre la joia.
Famolencs, la nit ens devora amb astorament oceànic. Sí, és espessa
la nit i aqueixa lluerna que entrelluquem de penes en les fronteres.
El fred no cessa encara al desert. És com anar descalços i en secret
travessant les Muntanyes Rocoses i part dels Apalatxes.
Res no defugeix la set de la foguera, ni la foguera apaga el vol:
—Beatriu, Alfons, Roser i jo, escrivim en el quadern del paisatge;
Abriguem el palpebreig del temps amb les hores familiars;
Pugem a la targeta postal de la fantasia, mentre aprenem
Dels ocells, mentre la sendera ens cura com a casa.
Passem ciutats i ciutats en desvetlament amb un tràfic esclarit
Fins a l'alba: —no veierem a ningú eixint d'amagat del bosc,
Ni desconeguts amb un punyal en les mans.
Las Vegas a la nit és una festa irreal imaginada o ressuscitada:
Ací ningú no dorm amb el seu verdor de llums, —ningú no resta, tampoc,
Arran de les finestres, ningú no desperta de la seua nit íntima
De jocs i apostes.
Al capdavall, posàrem les estovalles dasmunt de la taula i menjàrem: afora un altre
Paisatge ja: verd i fred i uns altres roquissars grocs,
com els de Pasadena i Palmdale a California…

(Escrit en el camí a California des de (West Valley, Salt Lake City, en vehicle, --14 horas--11 de desembre de 2010.)




SAINT GEORGE: ÚLTIMA ESCALA





Lejos del centro ya de Salt Lake City, al sur, entre los desfiladeros.
La carretera 15 como un viejo dromedario, las aldeas disfrazadas
de postales, la respiración henchida y los ojos en su esplendor
desbordante: la aurora se disfraza de hierbabuena inefable, tiembla
el rostro sobre los pergaminos tendidos de las estribaciones.
Casas de madera y techos de fantasía, escorpiones pétreos
atravesando el desierto: el frío entumece mi aliento, aunque parezca
paradoja esta gota de universo en mi pecho.
Aletea un leve viento de tormenta: en las áreas de descanso fumo
un cigarrillo, mientras otros caminantes pasan con el insomnio
en el volante. La alacena del albor no cabe en mis manos,
ni yo puedo contener mi regocijo.
Hambrientos, la noche nos devora con oceánico azoro. Sí, es espesa
la noche y ese tragaluz que apenas divisamos en las fronteras.
El frío no cesa aún en el desierto. Es como ir descalzos y en sigilo
atravesando las montañas Rocosas y parte de los Apalaches.
Nada esquiva la sed de la hoguera, ni la hoguera apaga el vuelo:
—Beatriz, Alfonso, Rosario y yo, escribimos en el cuaderno del paisaje;
Abrigamos el parpadeo del tiempo con las horas familiares;
subimos a la tarjeta postal de la fantasía, mientras aprendemos
de los pájaros, mientras el sendero nos cuide como en casa.
Pasamos ciudades y ciudades en desvelo con un tráfico despejado
hasta el alba: —no vimos a nadie saliendo a hurtadillas del bosque,
ni desconocidos con un puñal en las manos.
Las Vegas en la noche, es una fiesta irreal imaginada o resucitada:
ahí nadie duerme con su verdor de luces, —nadie permanece, tampoco,
al pie de las ventanas, nadie despierta de su íntima noche
de juegos y apuestas.
Al final, pusimos el mantel sobre la mesa y comimos: afuera otro
paisaje ya: verde y frío y otros roquedales amarillos,
como los de Pasadena y Palmdale en California…

(Escrito en el camino a California desde (West Valley, Salt Lake City, UTA en vehículo, --14 horas--11 de diciembre de 2010.)