miércoles, 18 de noviembre de 2009

Sinfonía del caos-MIREN EUKENE LIZEAGA

MIREN EUKENE LIZEAGA, PAÍS VASCO, ESPAÑA








Sinfonía del caos
(Comentario al libro inédito del mismo nombre)







He tenido la suerte de conocer, de saborear, la obra de André Cruchaga. Influido por el “Existencialismo” construye una obra desbordante de humanidad con los sinsabores que esta soporta, que por otra parte son constantes con las que convive el individuo. Aunque la poesía de Cruchaga, no es solo eso. Porque su manar poético, fruye con una constancia que parece imparable. Rebosante de detalles, que se redescubren en cada nueva lectura. No voy a compararlo con otro escritor, sino con lo que personalmente me evoca, que es la Catedral de la Sagrada Familia, de Gaudí, en Barcelona. Donde siempre se descubre algo nuevo, que anteriormente no habíamos percibido, con la sensación de posibles que nos lega lo inacabado.

“Sinfonía del caos” es una sinfonía de amor, de amor a su tierra, El salvador. En cuyo desarrollo va plasmando con su personal sensibilidad, un sufrimiento latente, real, descrito sin concesiones, pero envuelto en el lienzo de su concienzuda poesía.

Destaca su percepción del desamparo, que hoy, es un clamor universal. “Ante tanta desdicha, la historia no ha tenido felicidad: Cada calle de la ciudad es cementerio. La ropa solo sirve para cubrir las venas rotas, Ni el día es suficiente para que brillen los ojos.”

Nos presenta un Dios que comparte nuestro destino de supervivientes. “Dios ahí como luz errante, Envuelto en silencio, sobreviviente también,”. Junto a una mirada serena a la convivencia cotidiana de vida y muerte, “Debajo de la vida, la muerte renace cada día,”Con su borrosa porcelana de quebrados vientos:”, La hoy, mordiente realidad humana, de tantos destinos desarraigados. “Nadie sale invicto, ni tiene sosiego: Emigrar es huir para construir otros cementerios Y vivir extrañamente entre fantasmas y mimetismos.”

La incomprensible realidad de la guerra. “Se bebe el grito del huérfano; Las armas roen la tortilla, río la pólvora Pisando los zapatos. Destrucción total, Otra demencia cruda no conozco; Ni las otras guerras mancharon tanto la luna.

El miedo que desmantela la dignidad del ser humano: “El País tiembla en su cuarto oscuro.” Y la soledad a la que se ve abocado, esa soledad que tantos y tantos compartimos: “La soledad Mi soledad creció contigo, País. Se hizo río, tierra, sangre, árbol oscuro.” Con una desilusión no exenta de motivos: “Se necesitan alas verdes. Ser pájaro. Ser mariposa. Esta tierra es sorda a los sueños,”… “Hay duelo donde se alza El futuro. “

“Sinfonía del caos” es una catarsis de quien hurga los átomos de su alma, y la de su país. De un apóstol flechado de preguntas, “¿Es difícil ser Ave Fénix en un País de cenizas?”. Es la búsqueda, la espera implacable del que no conoce la rendición.

Eukene Lizega Tamayo
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MIREN EUKENE LIZEAGA, es poeta y traductora. Escribe en español y vasco, su lengua natal. ha traducido "Oscuridad sin fecha" de André Cruchaga. El presente es un comentario al libro inédito de André Cruchaga: "Sínfonía del caos".

sábado, 14 de noviembre de 2009

Fàstic de la boirina- poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó

Pesa el fàstic de la boirina a les pestanyes. Pesa el miasma
De les faules als fulls de cada calendari.








Fàstic de la boirina
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó







Apuntamos utilizando un espejo sobre la infantería
diezmada
GUILLAUME APOLLINAIRE

Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío,
Sus alas …le impiden caminar.
CHARLES BAUDELAIRE








Pesa el fàstic de la boirina a les pestanyes. Pesa el miasma
De les faules als fulls de cada calendari.
En allò grotesc i sàdic no abasten les sumificacions.
La neteja de les esferes, els purs que arrosseguen les seues llengües humides.
En els dies de fred es nafren els porus de fatalitat.
—Sovint ens tornem víctimes de les clarividències.
On són els profetes sense trufes, on ploren les estàtues
La seua intempèrie galopant, aqueix univers fet mossos,
Aqueixes màscares que impideixen veure la grandesa.
Els rostres de tant mirar s’han tornat decrèpites libèl·lules.
Cada dia hi ha clowns fastigosos als carrers, endevinant la sort.
En algun lloc una llàgrima esclata simulant encensers.
[Entre lliris i líquens, juguen les dents al silenci.
Per molt sofre que li pose a la meua carn, les verges pasten
En la cendra, munten com amazones en les varices,
Obrin l’espill davant de les meues nines feixugues de tant mirar
Enlloc —de tant fer esquelets de tòrrida invalidesa.
Sempre es viu amb aquest horror dels somnis.
Amb aquests camins negats en crosses, amb aquest Crist als molls
Volent partir les aigües o escriure damunt de les ones una paràbola.
De sobte es delera un prostíbul per a buidar la mort].
Se sent fàstic de la cambra de bany sense el soroll dels porus.
Se sent fàstic de flotar en l’alta mar de la sal.
Se sent fàstic de la llum i els jardins, dels vells cellers del deliri.
Se sent fàstic de desvestir els pètals, de galopar sense ports.
Se sent fàstic de certs noms penjats a les parets
De túnels incerts, davall de la misèria que aguaita.
Se sent fàstic de la massa informe de la indiferència,
Del mapa astral que fan els astròlegs amb la broma del pòl·len.
Se sent fàstic de les cartes sense gladiols, amb tinta moribunda.
Se sent fàstic dels vitralls que creuen la follia,
Dels semàfors que retallen el lliure trànsit de l’arc del cel.
Se sent fàstic de la nit que baixa dels rierols,
Dels signes que llostregen immutables, dels amors arreglats.
Se sent fàstic de les multiplicacions en porus opacs,
Dels rellotges que deixen les comissures dels llavis al sutze,
D’aquesta dèria [de bandejar-te —ah, gos coniller de cementeris
Que sóc sense defugir les toves de les criptes].
Se sent fàstic al capdavall dels ponts penjants dels sord-muts,
D’esperar l’última paraula a la golfa dels cellers,
A la polleguera, als ràfecs de les bigues o a les lluernes…
És fastigós de ser, finalment, la vella cara de la innocència,
O el vòmit que llepen els gossos a les voreres.
Baratària, 12.XI.2009








Hastío de la neblina






Apuntamos utilizando un espejo sobre la infantería
diezmada
GUILLAUME APOLLINAIRE

Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío,
Sus alas …le impiden caminar.
CHARLES BAUDELAIRE







Pesa el hastío de la neblina en las pestañas. Pesa el miasma
De las fábulas en los folios de cada calendario.
En lo grotesco y sádico son insuficientes los sahumerios.
La limpia de las esferas, los puros que arrastran sus lenguas húmedas.
En los días de frío se llagan los poros de fatalidad.
—A menudo uno se vuelve víctima de las clarividencias.
Dónde están los profetas sin patrañas, dónde lloran las estatuas
Su intemperie galopante, ese universo hecho mordiscos,
Esas máscaras que impiden ver la grandeza.
Los rostros de tanto mirar se han tornado decrépitas libélulas.
Cada día hay clowns tediosos en las calles, adivinando la suerte.
En algún sitio una lágrima estalla simulando incensarios.
[Entre lirios y líquenes, juegan los dientes al silencio.
Por más azufre que le ponga a mi carne, las vírgenes pastan
En la ceniza, montan como amazonas en las varices,
Abren el espejo frente a mis pupilas torpes de tanto mirar
A ningún lado —de tanto hacer esqueletos de tórrida invalidez.
Uno siempre vive con este horror de los sueños.
Con estos caminos negados en muletas, con este Cristo en los muelles
Queriendo partir las aguas o escribir sobre las olas una parábola.
Uno de pronto anhela un prostíbulo para vaciar la muerte].
Uno se hastía del cuarto de baño sin el ruido de los poros.
Uno se hastía de flotar en la alta mar de la sal.
Uno se hastía de la luz y los jardines, de los viejos tabancos del delirio.
Uno se hastía de desvestir los pétalos, de galopar sin puertos.
Uno se hastía de ciertos nombres colgados en las paredes
De túneles inciertos, debajo de la miseria que acecha.
Uno se hastía de la masa informe de la indiferencia,
Del mapa astral que hacen los astrólogos con la bruma del polen.
Uno se hastía de las cartas sin gladiolos, con tinta moribunda.
Uno se hastía de los vitrales que cruzan la locura,
De los semáforos que atajan el libre tránsito del arco iris.
Uno se hastía de la noche que baja de los arroyos,
De los signos que amanecen inmutables, de los amores arreglados.
Uno se hastía de las multiplicaciones en poros opacos,
De los relojes que dejan las comisuras de los labios en el hollín,
De esta manía [de desterrarte —ah, sabueso de cementerios
Que soy sin esquivar los adobes de las criptas].
Uno se hastía en fin de los puentes colgantes de los sordomudos,
De esperar la última palabra en el desván de los tabancos,
En el quicio, los aleros de las vigas o los tragaluces…
Uno se cansa de ser en fin, la vieja cara de la inocencia,
O el vómito que lamen los perros en las aceras.
Barataria, 12.XI.2009
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Mi buen André:
Te escribo después de leerte, releerte y aconsejar a la amiga Ana que lea la traducción y original que me he permitido enviarle, abusando, sin duda, de tu deleitosa confianza. Esta vez me siento abrumado, vencido… ¿Por dónde empiezo, amigo? Esta vez no se trata de dejarme llevar por un verso que me da la clave de lectura, el haz de luz de una metáfora matriz, como son las tuyas, o un topos, una convención que tú te permites desbrozar y reformular, recalentándola o dejándola a la intemperie de la escritura. No. Esta vez tampoco se trata de que yo encuentre un recurso formal que significa en el poema. Ni de multiplicar las lecturas recitándomelo como un credo o mantra hasta llegar a su musicalidad oculta que sea hilo conductor y, a la vez, secuencia e imagen. No, André, no. Es entonces cuando, desnudo ante tu poema, me doy cuenta de lo más sencillo; por fin advierto que la huella del título y la insistencia salmódica del poema estaban acá desde el principio y ésa era la auténtica premisa para saberte leer. El registro del estado subjetivo: “hastío”. Un hastío que no es siquiera nausée existencial, demasiado racionalista y afrancesada para un poeta de tu raigambre. Es decir, "raíces animosas". El hastío de André Cruchaga no necesita de tesis y menos de reformulaciones hipercríticas ni asimilables. Tu hastío no es, en definitiva, una vestimenta intercambiable, sociabilizante, de prêt-à-porter. Tu hastío, poeta, es el hastío vital del que valora el espíritu de las cosas, de aquéllas, no lo dudemos, que se nombran. Es una urdimbre -"vientre de raíces" nombraba en su deseo García Lorca- de hastío, pues, de tedio, fastidio, enojo, pereza, hartazgo, aburrimiento… pero también ojeo. Nunca abandono definitivo, por más que te ronde la lasitud. Y por ello queda la escritura, el desayuno aunque sea a deshoras del poeta, la eucaristía-passez le mot- del escritor que se sabe el precio de su agobio. Es curioso como de nuevo el Antiguo Testamento reverbera en tus versos de manera especial: el perro que lame las heridas y los vómitos del poeta en guisa y añoranza de Job. El mismo can que olisquea las criptas, las galerías del alma machadiana de André, como un sabueso, que curiosamente en mi lengua, hermano, es el llamado “ gos coniller”, el can o perro conejero.

Tu poema se conforma como un todo desde el primer verso hasta el climático final, nada fácil en un poema de la extensión de los tuyos. Un poema que juega a la voz externa y el contracanto de la segunda voz interior, esa voz en cursiva que convierte el texto en un juego de rumores y bisbiseos del alma y su escritura. ¿Dije alma? Corríjase, y en el doblete en que nos sumes quede el relajo, pues que sólo en ese dar y amagar es explícito más que el estado (de ánimo), el estar, tal como lo entendieron los maestros de la poesía sufí (al Halk).

Pere Bessó
Valencia,14.XI.2009

martes, 10 de noviembre de 2009

CAMINOS CERRADOS

Juan Antonio Rosado, escritor y ensayista mexicano








CAMINOS CERRADOS



Por Juan Antonio Rosado
Reseña




¿Qué ha sido de este país? Museo de huesos,
vianda de moscas salpicadas por espigas
de lágrimas.
André Cruchaga




Entre los actuales poetas salvadoreños, André Cruchaga (1957) merece el lugar de quienes han conquistado su voz, una voz que, como pocas, expresa con intensidad nuestra época; una voz que, por lo mismo, se aleja de la función meramente esteticista o "artepurista", que García Lorca, por ejemplo, consideraba como "una cosa que sería cruel si no fuera afortunadamente cursi". Pero el poeta no ha renunciado ni a lo estético ni a las imágenes por instantes crípticas, aunque llenas de plasticidad en su hermetismo.

Ceñido al signo de nuestro tiempo —uno de los más crueles y deshumanizados—, Cruchaga ha encontrado en la poesía el vehículo para expresarlo. En su último poemario, Caminos cerrados (2009), impera la noche, el "aire de ceniza", la catástrofe, "el cascabel del pánico", lo infernal y la indiferencia de Dios (si lo hay), así como escalofrío, desasosiego y, en general, signo negativo: "alfabeto del extravío", camino cerrado:

Mientras los países mueren desangrando
su agonía,
no sé en qué piso de la ONU los embajadores
cabildean para convertir las falacias en verdades,
el azúcar en gastada diabetes
y en insomnio histórico la hojarasca.

El libro resulta una descripción apocalíptica del espíritu en su lamentable estado de degradación. Tras la guerra fría, cuando "el único imperio se tornó Dios", hemos heredado un mundo sin paz: "tapiz de balas por aire y tierra", donde "el hongo del ruido ha sido un vasto ornamento" y donde "Envejecemos junto a la noche,/ la pólvora y la tortura". El espíritu de hoy es el de "las teorías antropófagas de los políticos" y el "aliento de alacranes"; el "tiempo de bestias" en una "tierra de miedo" en que la armonía es negada y el caos tiene su vestíbulo. Por ello, el tema recurrente del volumen es la guerra, inherente a muchas naciones latinoamericanas. El Salvador no es, por supuesto, la excepción, y México hoy se halla enfrascado en una guerra inútil, sin rumbo, porque es ése el medio que ha elegido el Estado para provocar temor en la población: más de once mil vidas apagadas a causa de tratarnos como menores de edad y prohibir sustancias que “no debemos” introducir en nuestros cuerpos “porque es malo”. ¿En qué conciencia cabrá ese daño, esas vidas (inocentes o culpables), si es que hay conciencia en el aparato represor del Estado? Cruchaga, más allá de su tiempo y su lugar, ha sabido captar una esencia humana: el estado de conflicto independiente de sus causas. Lo importante es que ha sentido, sufrido, expresado sus consecuencias. Y sin embargo, "Bajo el caos, la palabra", como reza uno de los títulos del poemario. Renunciar al verbo poético implicaría caer en el amarillismo de muchos medios de comunicación; al fin y al cabo, vulgarizadores de la violencia. Tras los estados de conflicto que estamos viviendo, nada puede volver a ser igual:

Aquí era la ciudad antes de la guerra.
Era el mercado, la escuela, el día;
ahora es el escombro y el aliento seco.

El poemario posee una fuerza, una intensidad emotiva que destila indignación, impotencia, grito, a pesar de su clamor por la paz. Es difícil concluir el volumen sin dolor por el estado actual en que viven (sufren) países como el nuestro. He ahí la unidad del libro, que oscila entre el pesimismo y una tímida, penosa de abrir los ojos, esperanza de paz. Este conjunto de poemas no dejará indiferente a ningún lector sensible, que vive y padece nuestra época y el destino del otro y del yo en un mundo —como diría el poeta hondureño Roberto Sosa— "para todos dividido".
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André Cruchaga. Caminos cerrados. México: Editorial Praxis, 2009, 100 pp.

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Publicado en La Cultura en México, de la revista Siempre!, año LVI, núm 2943 México, 8 de noviembre de 2009, p. 84





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Juan Antonio Rosado (México, 1964). Narrador, ensayista y crítico literario. Es autor de la novela El cerco (Ed. Jus, 2008), del libro de poemas y aforismos Entre ruinas, poenumbras (Ed. Praxis, 2008) y del libro de cuentos Las dulzuras del Limbo (Ed. Praxis, 2003), así como de los volúmenes de ensayos: Palabra y Poder (Conaculta. Sello Bermejo, 2006); Juego y Revolución: la literatura mexicana de los años sesenta (EDAMEX, 2005); Erotismo y misticismo (Universidad de la Ciudad de México / Ed. Praxis, 2005); El engaño colorido (Universidad de la Ciudad de México, 2003); Bandidos, héroes y corruptos o nunca es bueno robar una miseria (Ed. Coyoacán, 2001); El presidente y el caudillo (Ed. Coyoacán, 2001) y En busca de lo absoluto (UNAM, 2000), y del manual Cómo argumentar. Antología y práctica (Ed. Praxis, 2004). Colaboró en la realización del Diccionario de literatura mexicana. Siglo XX (dos ediciones: UNAM, 2000 y Ed. Coyoacán / UNAM, 2004). También participó en la edición anotada de Alfonso Reyes: Visión de México (aún inédita). Ha publicado cuento, ensayo, poesía y crítica literaria en más de seis libros colectivos o antologías, entre las que cabe mencionar Los mejores cuentos mexicanos. Edición 2001 (Ed. Joaquín Mortiz, 2001), La escritura cómplice. Juan García Ponce ante la crítica (Ed. Era, 1997), Memorial de dos ciudades (Ed. Vigía, La Habana, 1995), Rayo de Esperanza (Centro Poético, Madrid, 2004), Letras latinoamericanas. Cinco premios Nobel y cuatro que no lo fueron (Compañía Editorial Impresora y Distribuidora, 2006) y Animales distintos (Ed. Arlequín/FONCA/CNCA, 2008). Ha sido colaborador en más de diez revistas literarias y en diversos suplementos culturales. Es miembro del Consejo Editorial de la revista Blanco Móvil. Como docente, ha sido profesor de literatura en más de diez instituciones del país. En 2003, la Universidad Iberoamericana lo premió con una Medalla por su desempeño en los Diplomados en Arte Contemporáneo, y en 2004, el Centro de Cultura Casa Lamm, con un Diploma por su labor académica. Fue también merecedor de la Medalla “Alfonso Caso”, que le otorgó la UNAM en 1998. En dos ocasiones, recibió la beca “Jóvenes creadores” del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA): durante los periodos 1997-1998 (en ensayo) y 1999-2000 (en cuento). En septiembre de 2000 ganó el Premio de Ensayo “Juan García Ponce”, otorgado por el Instituto de Cultura de la ciudad de México. En 2002 obtuvo el grado de Doctor en Letras por la UNAM. Ha colaborado como investigador en elInstituto de Investigaciones Filológicas (UNAM) y en la Fundación Pro Academia Mexicana de la Lengua. También se ha desempeñado como dictaminador, editor y corrección de estilo para diversas instituciones.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Negació de l’home-poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó

A prop estiguí sempre de la nit, mendicant, ferit en voreres
I amb les ulleres del prec i amb el hui sempre de la creu.










Negació de l’home
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó








…y era inútil que buscara la compasión, la luz.
LUIS ALFREDO TORRES

El estío suena como un deshielo por los corazones
Y las alboradas tiemblan como los árboles al despertarse
EMILIO WESTPHALEN







A prop estiguí sempre de la nit, mendicant, ferit en voreres
I amb les ulleres del prec i amb el hui sempre de la creu.
Mentre uns altres menjaven, la meua llengua corbada, en descens
Cap a la fam sobre la pols i la pedra.
Ningú no obrí portes ni encengué llanternes. A la fi, les dents
Trencats de l’angoixa, el cometa de la incertesa,
El goteig de la cara refregant-se en el vent.
Entre els pobres traguí la meua boca amarga, en la boca el pa
Mossegat als contenidors, l’hivern sense taules,
I l’esparver de la boira atrapada en les meues nines.
Sempre he sigut trist com les parets a soles. Com l’escarniment
Corb dels algorismes, com les carícies que sempre arriben
A destemps, com un esmorçar sense boca en la vesprada.
Sempre he sigut una mescla d’ocells i núvols, un mort
En les cuines de la tortura, un llarg raig de por als garrotxars.
En un racó de la Pàtria, la meua collita d’insomnis,
Una bufetada de cascos, falsos rosaris en aquest pervindre de dol.
L’horitzó sense calcetins del tamany de la fondor.
Mirar, ací, escales en descens. Galtes sacsades
Per la indiferència, sordes a l’hora de menjar el forment, selectives
A l’hora d’escorxar l’anunciació de les palpebres.
El temps encegà en les plagues del meu costat.
Cavalls de vidre baixaren a la gola. Gossos mandres
Lladrugaren en la llengua. El meu regne sí és d’aquest món: indiferent,
Avorrit, consumat al meu pit.
A voltes fa por la tristesa sense campanes. Sense la meua mare,
Sense germans, sense uns altres ulls que arreceren la congoixa.
A voltes la inclemència fa delirant els perfums, imprecisos
Els passos, fosques les finestres, turbado el pit davall de de boques
Despiadades, indefens davant dels carrers tancats.
El calendari sigilós dels cementeris m’ha seguit.
Ulls sense pietat han afonat la sal en meus porus.
Mai les hores doloroses no han deixat d’envellir en mi.
Sempre fugitiu en el túnel dels embuts, sense Pere, Joan,
Lluc, Mateu. Sempre fustigat per la immundícia.
Sempre en la Pàtria del desvari, plovent a porta tancada.
Sempre els mesos asseguts sense covar-se, tocats pels fetitxes
De la nit, per dies vidus d’alé diví,
Per tants vidres de la queixa, per caragols de tortura,
Per epitafis d’insomne parrup, potser morfina per a la deshora.
Sempre isquí a tocar portes a mà alçada, però tot em fou negat
Com un rigorós cirurgià.
Tot fou afany sense dies, dolgudes paraules, confesses negacions.
Sempre isquí al carrer a buscar l’alegria, a canvi tinguí
Paraigües rígids, diagnòstics rars, grillons per al meu llit inefable.
Ara em dol fondo, sense ulls i sense rostre…
Baratària, 07.XI.2009








Negación del hombre






…y era inútil que buscara la compasión, la luz.
LUIS ALFREDO TORRES



El estío suena como un deshielo por los corazones
Y las alboradas tiemblan como los árboles al despertarse
EMILIO WESTPHALEN








Cerca estuve siempre de la noche, mendigo, herido en aceras
Y con las ojeras del ruego y con el hoy siempre de la cruz.
Mientras otros comían, mi lengua curvada, en descenso
Hacia el hambre sobre el polvo y la piedra.
Nadie abrió puertas ni encendió linternas. Al final, los dientes
Rotos de la angustia, el cometa de la incertidumbre,
El goteo de la cara restregándose en el viento.
Entre los pobres saqué mi boca amarga, en la boca el pan
Mordido en los contenedores, el invierno sin mesas,
Y la atarraya de la niebla atrapada en mis pupilas.
Siempre he sido triste como las paredes solas. Como el remedo
Curvo de los algoritmos, como las caricias que siempre llegan
A destiempo, como un almuerzo sin boca en la tarde.
Siempre he sido una mezcla de pájaros y nubes, un muerto
En las cocinas de la tortura, un largo chorro de miedo en los breñales.
En un rincón de la Patria, mi cosecha de insomnios,
Una bofetada de cascos, falsos rosarios en este porvenir de luto.
El horizonte sin calcetines del tamaño de la hondura.
Mirar, ahí, escaleras en descenso. Mejillas sacudidas
Por la indiferencia, sordas a la hora de comer el trigo, selectivas
A la hora de descorchar la anunciación de los párpados.
El tiempo se hizo ciego en las llagas de mi costado.
Caballos de vidrio bajaron a la garganta. Perros zánganos
Ladraron en la lengua. Mi reino si es de este mundo: indiferente,
Aborrecido, consumado en mi pecho.
A veces dá miedo la tristeza sin campanas. Sin mi madre,
Sin hermanos, sin otros ojos que cobijen la congoja.
A veces la inclemencia vuelve delirante los perfumes, imprecisos
Los pasos, oscuras las ventanas, turbado el pecho debajo de bocas
Despiadadas, indefenso ante las calles cerradas.
El calendario sigiloso de los cementerios me ha seguido.
Ojos sin piedad han hundido la sal en mis poros.
Nunca las horas dolorosas han dejado de envejecer en mí.
Siempre fugitivo en el túnel de los embudos, sin Pedro, Juan,
Lucas, Mateo. Siempre hostigado por la inmundicia.
Siempre en la Patria del desvarío, lloviendo a puerta cerrada.
Siempre los meses sentados sin empollarse, tocados por los fetiches
De la noche, por días viudos de soplo divino,
Por tantos vidrios de la queja, por caracoles de tortura,
Por epitafios de insomne arrullo, acaso morfina para la deshora.
Siempre salí a tocar puertas a mano alzada, pero todo me fue negado
Como un riguroso cirujano.
Todo fue afán sin días, dolidas palabras, confesas negaciones.
Siempre salí a la calle a buscar la alegría, a cambio tuve
Paraguas rígidos, diagnósticos raros, grilletes para mi lecho inefable.
Ahora me duelo hondo, sin ojos y sin rostro…
Barataria, 07.XI.2009
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Querido Cru:
Éste es uno de los poemas dignos de la antología personal más exigente. Tu afirmación de soledad desde el inicio es creíble. Y eso no resulta nada fácil, avanzar sobre el topos. Es una soledad sensitiva y que, a la vez, se razona desde el primer verso. Un verso que va desplegando las maneras de sentir esa soledad que es la negación del hombre pleno, total, de la humanidad inconmensurable. Una soledad, la del mendigo que lleva a la lectura bíblica del rico Epulón, pero acá desde la metáfora del alimento espiritual, una soledad, la tuya, absolutamente expresiva, desalmada hasta la búsqueda de las migajas de luz entre la basura de los contenedores; una soledad de alas y pájaros sin vuelo en tus ojos; soledad a destiempo, como la hora del almuerzo al atardecer, tan a deshoras como la substancia del desamor; una soledad triste, ausentes las campanas para testimoniar la albricia o el duelo, la soledad sin la madre, los hermanos, el unte balsámico de los evangelios en la piel del creyente; una soledad frente al grillete, capaz de buscarse por los entresijos la propia palabra, el propio rostro. Una soledad, pues, comparable a la del cirujano solo que la desmenuzara; una soledad, al cabo, doliente, sangrante como la herida de zoopatía para la voz del poema. Destaco estas terribles y magníficas metáforas que arrancarían el rayo de tormenta de Dylan Thomas o del propio Morrison:

Caballos de vidrio bajaron a la garganta. Perros zánganos
Ladraron en la lengua.