Mostrando entradas con la etiqueta Caminos cerrados. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Caminos cerrados. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de noviembre de 2009

CAMINOS CERRADOS

Juan Antonio Rosado, escritor y ensayista mexicano








CAMINOS CERRADOS



Por Juan Antonio Rosado
Reseña




¿Qué ha sido de este país? Museo de huesos,
vianda de moscas salpicadas por espigas
de lágrimas.
André Cruchaga




Entre los actuales poetas salvadoreños, André Cruchaga (1957) merece el lugar de quienes han conquistado su voz, una voz que, como pocas, expresa con intensidad nuestra época; una voz que, por lo mismo, se aleja de la función meramente esteticista o "artepurista", que García Lorca, por ejemplo, consideraba como "una cosa que sería cruel si no fuera afortunadamente cursi". Pero el poeta no ha renunciado ni a lo estético ni a las imágenes por instantes crípticas, aunque llenas de plasticidad en su hermetismo.

Ceñido al signo de nuestro tiempo —uno de los más crueles y deshumanizados—, Cruchaga ha encontrado en la poesía el vehículo para expresarlo. En su último poemario, Caminos cerrados (2009), impera la noche, el "aire de ceniza", la catástrofe, "el cascabel del pánico", lo infernal y la indiferencia de Dios (si lo hay), así como escalofrío, desasosiego y, en general, signo negativo: "alfabeto del extravío", camino cerrado:

Mientras los países mueren desangrando
su agonía,
no sé en qué piso de la ONU los embajadores
cabildean para convertir las falacias en verdades,
el azúcar en gastada diabetes
y en insomnio histórico la hojarasca.

El libro resulta una descripción apocalíptica del espíritu en su lamentable estado de degradación. Tras la guerra fría, cuando "el único imperio se tornó Dios", hemos heredado un mundo sin paz: "tapiz de balas por aire y tierra", donde "el hongo del ruido ha sido un vasto ornamento" y donde "Envejecemos junto a la noche,/ la pólvora y la tortura". El espíritu de hoy es el de "las teorías antropófagas de los políticos" y el "aliento de alacranes"; el "tiempo de bestias" en una "tierra de miedo" en que la armonía es negada y el caos tiene su vestíbulo. Por ello, el tema recurrente del volumen es la guerra, inherente a muchas naciones latinoamericanas. El Salvador no es, por supuesto, la excepción, y México hoy se halla enfrascado en una guerra inútil, sin rumbo, porque es ése el medio que ha elegido el Estado para provocar temor en la población: más de once mil vidas apagadas a causa de tratarnos como menores de edad y prohibir sustancias que “no debemos” introducir en nuestros cuerpos “porque es malo”. ¿En qué conciencia cabrá ese daño, esas vidas (inocentes o culpables), si es que hay conciencia en el aparato represor del Estado? Cruchaga, más allá de su tiempo y su lugar, ha sabido captar una esencia humana: el estado de conflicto independiente de sus causas. Lo importante es que ha sentido, sufrido, expresado sus consecuencias. Y sin embargo, "Bajo el caos, la palabra", como reza uno de los títulos del poemario. Renunciar al verbo poético implicaría caer en el amarillismo de muchos medios de comunicación; al fin y al cabo, vulgarizadores de la violencia. Tras los estados de conflicto que estamos viviendo, nada puede volver a ser igual:

Aquí era la ciudad antes de la guerra.
Era el mercado, la escuela, el día;
ahora es el escombro y el aliento seco.

El poemario posee una fuerza, una intensidad emotiva que destila indignación, impotencia, grito, a pesar de su clamor por la paz. Es difícil concluir el volumen sin dolor por el estado actual en que viven (sufren) países como el nuestro. He ahí la unidad del libro, que oscila entre el pesimismo y una tímida, penosa de abrir los ojos, esperanza de paz. Este conjunto de poemas no dejará indiferente a ningún lector sensible, que vive y padece nuestra época y el destino del otro y del yo en un mundo —como diría el poeta hondureño Roberto Sosa— "para todos dividido".
______________
André Cruchaga. Caminos cerrados. México: Editorial Praxis, 2009, 100 pp.

_________________

Publicado en La Cultura en México, de la revista Siempre!, año LVI, núm 2943 México, 8 de noviembre de 2009, p. 84





________________
Juan Antonio Rosado (México, 1964). Narrador, ensayista y crítico literario. Es autor de la novela El cerco (Ed. Jus, 2008), del libro de poemas y aforismos Entre ruinas, poenumbras (Ed. Praxis, 2008) y del libro de cuentos Las dulzuras del Limbo (Ed. Praxis, 2003), así como de los volúmenes de ensayos: Palabra y Poder (Conaculta. Sello Bermejo, 2006); Juego y Revolución: la literatura mexicana de los años sesenta (EDAMEX, 2005); Erotismo y misticismo (Universidad de la Ciudad de México / Ed. Praxis, 2005); El engaño colorido (Universidad de la Ciudad de México, 2003); Bandidos, héroes y corruptos o nunca es bueno robar una miseria (Ed. Coyoacán, 2001); El presidente y el caudillo (Ed. Coyoacán, 2001) y En busca de lo absoluto (UNAM, 2000), y del manual Cómo argumentar. Antología y práctica (Ed. Praxis, 2004). Colaboró en la realización del Diccionario de literatura mexicana. Siglo XX (dos ediciones: UNAM, 2000 y Ed. Coyoacán / UNAM, 2004). También participó en la edición anotada de Alfonso Reyes: Visión de México (aún inédita). Ha publicado cuento, ensayo, poesía y crítica literaria en más de seis libros colectivos o antologías, entre las que cabe mencionar Los mejores cuentos mexicanos. Edición 2001 (Ed. Joaquín Mortiz, 2001), La escritura cómplice. Juan García Ponce ante la crítica (Ed. Era, 1997), Memorial de dos ciudades (Ed. Vigía, La Habana, 1995), Rayo de Esperanza (Centro Poético, Madrid, 2004), Letras latinoamericanas. Cinco premios Nobel y cuatro que no lo fueron (Compañía Editorial Impresora y Distribuidora, 2006) y Animales distintos (Ed. Arlequín/FONCA/CNCA, 2008). Ha sido colaborador en más de diez revistas literarias y en diversos suplementos culturales. Es miembro del Consejo Editorial de la revista Blanco Móvil. Como docente, ha sido profesor de literatura en más de diez instituciones del país. En 2003, la Universidad Iberoamericana lo premió con una Medalla por su desempeño en los Diplomados en Arte Contemporáneo, y en 2004, el Centro de Cultura Casa Lamm, con un Diploma por su labor académica. Fue también merecedor de la Medalla “Alfonso Caso”, que le otorgó la UNAM en 1998. En dos ocasiones, recibió la beca “Jóvenes creadores” del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA): durante los periodos 1997-1998 (en ensayo) y 1999-2000 (en cuento). En septiembre de 2000 ganó el Premio de Ensayo “Juan García Ponce”, otorgado por el Instituto de Cultura de la ciudad de México. En 2002 obtuvo el grado de Doctor en Letras por la UNAM. Ha colaborado como investigador en elInstituto de Investigaciones Filológicas (UNAM) y en la Fundación Pro Academia Mexicana de la Lengua. También se ha desempeñado como dictaminador, editor y corrección de estilo para diversas instituciones.

martes, 27 de enero de 2009

Caminos cerrados

Francisco Azuela, México-Bolivia





________Prólogo________


Estudio mágico, luz intensa de una lámpara delgada, espacio lleno de libros, mirada atrapada en vidrios de lentes profundos, voz quejumbrosa y dolorida del poeta André Cruchaga, estalla en el ojo de la cerradura de sus Caminos cerrados donde un mundo real perece todos los días desangrándose el alma. La guerra rompe la lluvia y las alas yacen cubiertas de ceniza en la oscuridad de los tiempos. La bruma se ha instalado con todos sus dolores y su desolación cubriendo la noche del mundo, sin esperanza.

Quebrada la luz en el fondo de “...una cripta antigua...”, la vejez devela heridas y torturas, es el horror de la muerte violentada, cadáveres fríos bajo las tempestades, ríos de sangre y abandono.

Estamos ante un poeta que denuncia de entrada la “Plenitud del caos” y la “Tierra del miedo”. La viudez y el luto, herencias de un poder homicida y sanguinario siembran despojos humanos y deshechos sobre una tierra en llamas. A pesar de esta honda y larga expresión poética del sufrimiento, Cruchaga invoca una voz de esperanza sobre el hombre como un manifiesto de sueños y de anhelos, vuelo de gaviotas en el espejo de un mar tranquilo y transparente, sin espinas hirientes ni ríos calamitosos y enfangados de escombros.

Las luciérnagas tendrán un nuevo destello en los matorrales y la neblina se hará ausente en el corazón del hombre. En este deslumbramiento, la madera de corteza hueca ya no será un triste ataúd de cadáveres, es el deseo de un paisaje de mariposas bajo la lluvia recuperada. Así, en esa inocente sucesión de pasajes, de vida florecida y anhelada, entre la luz y la sombra, la desesperación se siente en las rupturas del aliento “Cuando la noche se desplome” en una cruel y “Oscura transparencia” y la hoguera del hombre se haya ido en el vuelo de los albatros entre “...baldosas y bengalas”.

Nuevamente el humo y la sombra en el remolino de la penumbra, angustia donde no se sabe si volverá “...el rocío de las palabras” en este delirante “Acontecer diario” de la historia de nuestros hondos padeceres. Poesía política en el sentido aristotélico de nuestros días, “Bajo el caos, la palabra” donde naciones del oriente viven en llamas quemando arcillas y la voz del profeta en el horizonte desolado de los desiertos.

La noche, mil noches la noche de cadáveres, el polvo y el vientre deshojado en el “...minuto eterno del caos”; heridas errantes en el “...alfabeto de los buitres”, baldío de túneles, huesos abandonados “En la miseria del instante” y la desesperación de un destino que explota en sus funerales sobre musgos y piedras silenciadas por el viento. Infierno de alucinaciones y breñales de inocencia en su simiente revelador de pájaros que se estrellan en su agonía de insomnios y de auroras.

La poesía de Cruchaga también es un mandato al exterminio de las armas y de las guerras, exigiendo la paz para ver y vivir con claridad el “oro azul” de nuestras vidas, la herencia cosmológica de nuestras existencias, humo fugaz de trenes silenciosos.

En este empeño obstinado donde la humanidad llora de rodillas a la orilla de la muerte, entre árboles caídos, “...despojados de todo”. Lápidas metálicas en un mar de “...espuma y arena”, donde habita el demonio con sus alas enormes y oscuras arrasando el mundo.

Siguen los tropeles en los “...espejos yermos” de las “Raíces del insomnio” que devora crepúsculos y vientos azotados en el vacío. La poesía de Cruchaga revienta con fuerza en la palabra, se mantiene incansable en la denuncia intensa, rompe paradojas “Entre la guerra y la paz” y en una triste y desgarradora anunciación declara que “...Dios está muriendo con nosotros...”.

Siguen los cementerios en los que ya no hay suficiente espacio para la muerte del precipicio y “...del despeñadero...” En esta asombrosa y doliente cronología de la muerte el “tiempo es atroz y sin sosiego” en el horizonte cotidiano de la angustia y de la falta de piedad cuando “La muerte arde en las pupilas” y se hace “...piedra el corazón del hombre”.

La rutina del dolor se vuelve tradición y parece aceptarse en un “Siniestro aguacero sin fronteras”. Entre sepulturas y cenizas, huesos e incienso “... el eco desnudo y sordo de la piedra” graba con frase de oro “La muerte en la humanidad nace”.

Cruchaga no es ningún sepulturero de penas y memoria, él no ha llevado a la humanidad a la muerte, su poesía es un mapa donde están tejidos todos los dolores del mundo. Duele leerlo porque sus versos desgarradores están cargados de revelaciones sangrantes de nuestro tiempo. Él no ha inventado la muerte avasallada, al hombre torturado descubierto en los huesos de su memoria. André Cruchaga muestra el mapa doloroso de nuestra historia, de esta historia que se vive todos los días y lo hace de una forma tempestuosa y desolada, su poética huele a sal, tierra y pólvora con la que expresa la verdad para recordar a quienes quieren ocultarla u olvidarla. El hombre de nuestro tiempo es la víctima mayor de los grandes desencuentros humanos en este “Tiempo de bestias”.

No es pesimismo ni “posesión de ausencia” en esta “...quemadura del alma” deshabitada con “girasoles negros...” en la niebla de un reloj que ha perdido el tiempo en el zarzal de un “...sollozo de cipreses” con “violines de llanto...” entre nubes y tumbas bajo una lluvia sobre los peñascos.

La telaraña crece, se apodera de la última lágrima en una huella enorme que es la “Negación de armonía”, “Donde duele su coito de oscuro sueño y la esperma amarga” en la penumbra de un “Examen de conciencia”.

En el “Alfabeto del extravío”, en plena intemperie “la esencia humana se torna más distante” en las ansiedades “de lenguajes oscuros” donde los trenes se pierden en la noche como una “Vida bajo piedra” y “La asfixia de este tiempo se siente hacia adentro” en una matriz desgarrada como “calendario de arena”, “...sobre las hojas de los eucaliptos, como el sonido de la piedra cuando cae el agua” en “...un arco iris de cometas...”

En esos epitafios sobre bodegones de insomnio y de criptas de ceniza, se ha perdido en la llama de los candelabros, invadida por murmullos de penumbra, congojas y escombros, el desamor.

En su tiempo de sombras, Cruchaga vuelve nuevamente a arremeter con su pluma de lluvia y de dolor “sobre los hilos del abismo”, “En las huellas del escombro” donde “La profecía de los espejos está cumplida”, en “Una huelga de mineros en Gutstinerdlach, México o Bolivia” y donde es falsa la sentencia de hablar de terrorismo en “los países No Alineados”, que el imperio del norte pretende devorar. Así, “con alguna esperanza” y “una realidad vivida” en su “...helada tempestad” de palabras, el poeta deja salir su voz en las tinieblas y contra el desaliento y “...relojes vacíos” a donde se ha ido “el musgo de los sueños”, en la “Caverna del escalofrío” caminando con dificultad en “el túnel de las pupilas”, “Vistiendo un corazón de guijarros...” En esa estación de catacumbas” donde se asoman dioses antiguos en un tiempo “...huraño y oscuro”, la “...brújula del alba” ha perdido sus cábalas en la “...oquedad de la roca” cuando es “Alta la noche...” y “El horizonte es una lágrima inestable” en “...el feroz bramido...”

La oruga “Debajo del cielo” es donde “La libertad desparrama su espuma cansada sobre las sienes”. “Hay hombres, mujeres y niños muriendo”, “Oscuro es el viento para los que no han nacido”, en esa “Mirada entre oscuridades” “Y la aurora de luz, duerme en la noche” recostada en su enorme sarcófago estallado en sus delirios, bajo una “...lluvia de alfileres”, quemados en el “...fuego del alba”.

Cruchaga, como un ave herida, lanza su desesperación y su dolor en la tremenda armazón de sus versos, donde están siempre, aunque parezcan repetición, la denuncia y la desolación del hombre, víctima de la guerra, la destrucción, la aniquilación y la muerte, realidades que no queremos ver porque nos queman y atormentan, pero el poeta con sus hondas palabras, como Sísifo, nos lleva al suplicio del eterno retorno.

Francisco Azuela
Poeta mexicano residente en Bolivia.
La Paz, 15 de octubre de 2007.