domingo, 23 de junio de 2019

LLUM DESBORDADA

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LLUM DESBORDADA




El cielo tiene miedo de la noche
Cuando el mar hace dormir los barcos
Cuando la muerte se nutre en los rincones
Vicente Huidobro




En el fons, ens continuen mossegant els engonals i el solc
de desmesurada avidesa. I els colors de l’arc del cel.
Tremola al racons de la casa aquella pell que irromp
en la saliva: la nit s’endureix en el cos i plou
en el ofec de set del pit. I sura l’ocell en l’aigua.
La llum ens desborda. El cel ens toca mentre creua.
En ella, la intensitat de la mort que ens ve,
com si de boca en boca es feren les pors,
com si dels costats i el melic emergiren les blasfèmies.
En la desimboltura de porus, la pelussa desmesurada del morter gran,
la nit que desfulla el conclave dels vaixells.
Els infants de l’aire amb les seues ales s’enlairen
sobre la llum de la son.
Encara en un somriure, hi ha vaixells que ens sobreviuen
al bla resplendor l’esperança.
Darrere d’un somriure —ho sé ara— es desdibuixen els ulls
per a fer pas a l’alteritat, o a aquest xiuxeig del subsòl.
.
Poema d’ANDRÉ CRUCHAGA traduït en català per PERE BESSÓ





LUZ DESBORDADA




El cielo tiene miedo de la noche
Cuando el mar hace dormir los barcos
Cuando la muerte se nutre en los rincones
Vicente Huidobro




En el fondo, nos siguen mordiendo las ingles y el surco
de desmesurada avidez. Y los colores del arco iris.
Tiembla en los rincones de la casa aquella piel que irrumpe
en la saliva: la noche se endurece en el cuerpo y llueve
en el ahogo de sed del pecho. Y flota el pájaro en el agua.
La luz nos desborda. El cielo nos toca mientras cruza.
En ella, la intensidad de la muerte que nos viene,
como si de boca en boca se hicieran los miedos,
como si de los costados y el ombligo emergieran las blasfemias.
En el desparpajo de poros, el ajuate desmedido de la piladera,
la noche que deshoja el cónclave de los barcos.
Los niños del aire con sus alas se empinan sobre la luz del sueño.
Todavía en una sonrisa, hay barcos que nos sobreviven
al blando resplandor la esperanza.
Tras una sonrisa —lo sé ahora— se desdibujan los ojos
para dar paso a la otredad, o a ese murmullo del subsuelo.
.
Del libro “Estación Huidobro”, 2019
©André Cruchaga

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