domingo, 29 de mayo de 2011

ARS MORIENDI/ ARS MORIENDI-COMENTARIO Y TRADUCCIÓN DE PERE BESSÓ


Pere Bessó, poeta, traductor, crítico, docente,
político español




ARS MORIENDI-COMENTARIO Y TRADUCCIÓN DE PERE BESSÓ



Te envío, traducido el Ars moriendi, un poema de honda matriz cruchaguesca, en el que sin atisbo de astracanada ni lloriqueos hablas de la muerte como la compañera y aliada que es al cabo. Un tema clásico donde los haya que tú renuevas con buenhacer y retótrica summa. ¿Qué si no el cántaro de la noche o el mallo de la muerte, frente a las metáforas tan conocidas de las aguas (del Leteo) o la guadaña de la señora? De nuevo, amigo, todo un eje temático de atrezzo y temas secundarios que ornan y despliegan la guardarropía de tu escritura, por recoger el legado de Shakespeare: el erotismo y (des) sosiego de la habitación; los límites de la carne y sus sábanas; la permanencia de la escritura en la noche...
Aderezados en esa ensalada tan genuina en donde la pasión y el galope de caballos se incuban en el patio trasero de tu conciencia. Y metáforas y animaciones del estilo "la sal se ha vuelto galope del viento" dan de muestra y razón de la magnificencia onírica del poeta.
Una gregueria nada fácil, dada la carga de significaciones y, más, sentidos múltiples en base a dos núcleos como son la sal y el viento, dos elementos que muestan la erosión aliada de la muerte. Y, sin embargo, te repito que no veo histrionismo alguno. Los últimos versos del poema son modélicos en cuanto a la ataraxia o aceptación de la muerte, la via del ars moriendi, de la que tanto nos mostró la automoribundia de Quevedo, por ejemplo. Y un detalle: aunque ligero de equipaje, como nos decía don Antonio, esperas el lecho inhospitalario con el trabajo cotidiano, hacendoso, doméstico, si se quiere, contemplativo (mecedora y ventana, acá un hallazgo) del poeta, reflejado en el topos de las hormigas...

Pere Bessó





ARS MORIENDI




So is the time that keeps you as my chest,
Or as the wardrobe which the robe doth hide,…
WILLIAM SHAKESPEARE



Lent el cànter de la nit que vaig descobrint en les meues ninetes:
el desti del tacte és així, cremor secreta o inhòspita, foscos
colps de mall de la mort respirant en el meu puny. Per a entendre
el tamany d’aquesta pluja, despulle del tot les foscors,
em purifique en els cavalls de la sal, assaone les sabates.
He aprés que es poden creuar les aigües sense tallar-les;
soterrar abans de la fi tots els dimonis que transiten
enmig de la nàusea, la brillantor, i tot de la urbanitat,
la infància ombrívola dels amors, la respiració a comptetgotes
de la por damunt de carrers deserts. Entre tantes sobralles,
s’aprén a morir, a inhabitar la sal de les entranyes,
i terminar amb el gos enflaquit, moribund al rerepati de la consciència.

Mai no ha sigut fàcil mossegar el sossec de les cambres:
ací, a destemps les finestres, la nit
abstreta,
les carretes esbalaïdes de la romeguera, les multituds penjades de les temples.
He tingut allò necessari a l’armari de paret per a mamprendre el viatge quotidià;
en acabant he repartit les fulles dels meus quaderns,
amb rostres i tinta, amb incendis que la boca ha assossegat.
No sé si serveixen d’alguna cosa les conversacions guardades en la memòria,
els plàtans i l’orenga per a aquesta amanida de polsos,
no sempre gratificants, no sempre domèstics en el pudor
dels llençols. Certes foscors em furten el sossec,
la sal s’ha tornat galop del vent.

Mire de saldar els deutes amb l’eco dels plats.
Sé que no és fàcil renunciar a les bouganvílies, tot i que només siguen façanes
de tapials i no vertaders jardins per al desdejuni.
En aquest tràngol tornen enrere les ombres anades, i el graner
de les sines, i el jo que encara hi ha enmig de reixats de fil d’aram,
en les fulles obertes de les hortalisses. Aprenem a veure’ns a l’espill:
s’aprén que ells no contenen cànters, ni braços,
sinó simples pàgines que acaben gotejant als ulls,
quan ja s’ha fet tard i toca convertir la paciència en espill.
En aqueix talismà que destila hiverns, —o, potser, la despulla
de tots els cucs covats en la carn.

En cada itinerari naixent, m’arme de l’harmonia necessària,
mire de no caure en el desvetlament, ni en la paranoia que esguita
la deformitat del món. Qualsevol dia, doncs, se m’emportarà el temps
a complir uns altres deures: tocar de nou el firmament amb els colors
coberts del cel, en un diumenge on s’obrin aromes i litúrgies.
Ahir signí les meues certeses en el pergamí de l’hiverm.
La llum respira en l’alé, les lluernes suen en la consciència,
l’apetit és frugal damunt de la taula llostrejada del cerç.

Però reste en deute, sense dubte, amb les finestres, amb l’agrunsadora
on llaven la seua soledat les formigues…

Baratària, maig de 2011





ARS MORIENDI




So is the time that keeps you as my chest,
Or as the wardrobe which the robe doth hide,…
WILLIAM SHAKESPEARE




Lento el cántaro de la noche que voy descubriendo en mis pupilas:
el destino del tacto es así, quema secreta o inhóspita, oscuros
almadanazos de la muerte, respirando en mi puño. Para entender
el tamaño de esta lluvia, desnudo por completo las oscuridades,
me purifico en los caballos de la sal, le pongo condimento a los zapatos.
He aprendido que se pueden cruzar las aguas sin cortarlas;
sepultar antes del final, todos los demonios que transitan
en medio de la náusea, la brillantez, inclusive de la urbanidad,
la infancia sombría de los amores, la respiración a cuentagotas
del miedo sobre calles desiertas. Entre tantos desperdicios,
uno aprende a morir, a inhabitar la sal de las entrañas,
y terminar con el perro flaco, moribundo en el traspatio de la conciencia.

Nunca ha sido fácil morder el sosiego de las habitaciones:
aquí, a destiempo las ventanas cerradas , la noche ensimismada,
las carretas pasmosas de la zarza, las multitudes colgadas de las sienes.
He tenido lo necesario en la alacena para emprender el viaje cotidiano;
luego he repartido las hojas de mis cuadernos,
con rostros y tinta, con incendios que la boca ha sosegado.
No sé si sirven de algo las conversaciones guardadas en la memoria,
los chiltepes y el orégano para esta ensalada de pulsos,
no siempre gratificantes, no siempre domésticos en el pudor
de las sábanas. Ciertas oscuridades me roban el sosiego,
la sal se ha vuelto galope del viento.

Procuro saldar las deudas con el eco de los platos.
Sé que no es fácil renunciar a las veraneras, aunque sólo sean fachadas
de tapiales y no verdaderos jardines para el desayuno.
En este trance uno desanda las sombras andadas, y el granero
de los senos, y el yo que aún existe en medio de alambradas,
en las hojas abiertas de las hortalizas. Uno aprende a verse en el espejo:
se aprende que ellos no contienen cántaros, ni brazos,
sino simples páginas que terminan goteando en los ojos,
cuando ya se ha hecho tarde y hay que convertir la paciencia en espejo.
En ese talismán que destila inviernos, —o, acaso, el despojo
de todos los gusanos incubados en la carne.

En cada itinerario naciente, me armo de la armonía necesaria,
procuro no caer en el desvelo, ni en la paranoia que salpica
la deformidad del mundo. Un día de estos, pues, me llevará el tiempo
a cumplir otros deberes: tocar de nuevo el firmamento con los colores
tapados del cielo, en un domingo donde se abren aromas y liturgias.
Ayer firme mis certidumbres en el pergamino del invierno.
La luz respira en el aliento, las luciérnagas sudan en la conciencia,
el apetito es frugal sobre la mesa amanecida del cierzo.

Pero quedo en deuda, sin duda, con las ventanas, con la mecedora
donde lavan su soledad las hormigas…

Barataria, mayo de 2011