martes, 8 de septiembre de 2009

Fons amb mur-poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó

JEAN BAPTISTE SIMEON CHARDIN






Fons amb mur





Al fondo del cuarto el muro era negro
Y temblaba también…
PIERRE REVERDY




Sempre parle de l’Esperança com aqueix camí amb finestres.
Quan l’alegria reparteix pans frescos i no els juguen
Les mosques; quan els noms no són illes i resten a l’abast
De tots sense els artificis del mirall; quan reinvente
El teu cos i navega sol·lícit al meu costat; quan el llençol
Blanc de la pell transparenta la porta a l’infinit de les lluernes.
El món ignora que descalços és millor recórrer el fred,
Caminar clandestinament en la humitat del somni,
Ensabonar-se amb l’aigua beneïda de la rialla.
M’agradaria que la saliva de la violència, deixàs de caure damunt
De la terra: —al fil de la menja l’alba transitòria…
A l’escuma de l’aigua, els noms alteren la seua sintaxi.
L’ombra metàl·lica de les estàtues es tomba airosa damunt de les nines.
La mà agafa un grapat de llum de les tenebres.
Aprenem així la clau de les llànties? Recordem l’idioma
Perdut de les llances? —En la foscor el raig desvetla la seua perruca:
Tal volta manquen arrels per a assaborir tots els aromes.
La millor alegria és la lluna embolicada en encaixos sense butxaques
En els ocells mimètics de les fulles del guarumo.
Parle del crit tot i que s’ofegue en la cendra del silenci.
Un dia les cambres no tindran cap foscor,
Cada carrer serà destinat a ser pissarra: S’hi escriuran
Noms més feliços que els destinats a la nit i la fullaraca.

Ara només vull ja un balcó per a la meua fatiga.
Ací puc construir un jardí i fer descendir els ocells.
—Per breu que siga l’atzar, el foc es fa una eternitat
D’espectres, un ardor de temps a la cova del qual udola
Aqueixa falsa moneda de la soledat. Sempre al fum després
De la vida hi ha el caos, les històries com una estranya boca.
Pot la memòria emboscar les nits del tedi i somriure
Al desvarí dels cabells? Pot la llum excedir aquesta brevetat
Remota a les nines? —L’alé esvaeix les paraules
En el vent; aquest ser riu i apartar les aigües i tornar de bell nou
A la ranera imperceptible de l’ull eixit de la terra.

Tota la llum respira als ràfecs de l’ànima. —Aqueixa llum transcorreguda
De la vida i que a colp dol a les galtes.
En la fondor de l’alé, els colors descarnen la gola.
Front a la imatge dels murs, l’hàlit es rovella.
Existim només des d’allò visible dels ulls, la resta
És aqueix fruit de la fantasia: Brisa estufada al pit,
Casa de la fugacitat, mans en la fatiga del desús.
Sovint la consciència s’apaga amb estranya indiferència.
Supose que front al món he de reescriure certes paraules:
—O, almenys, acostumar-me al desvari panteixant
Del rellotge damunt dels rems gastats de l’horitzó…
Baratària, 06.IX.2009







Fondo con muro






Al fondo del cuarto el muro era negro
Y temblaba también…
PIERRE REVERDY





Siempre hablo de la Esperanza como ese camino con ventanas.
Cuando la alegría reparte panes frescos y no los juegan
Las moscas; cuando los nombres no son islas y están al alcance
De todos sin los artificios del espejismo; cuando reinvento
Tu cuerpo y navega solícito en mis costado; cuando la sábana
Blanca de la piel transparenta la puerta al infinito de las luciérnagas.
El mundo ignora que descalzos es mejor recorrer el frío,
Caminar clandestinamente en la humedad del sueño,
Enjabonarse con el agua bendita de la risa.
Me gustaría que la saliva de la violencia, dejara de caer sobre
Sobre la tierra: —al filo de la comida el alba transitoria…

En la espuma del agua, los nombres alteran su sintaxis.
La sombra metálica de las estatuas se vuelca airosa sobre las pupilas.
La mano agarra un puñado de luz de las tinieblas.
¿Aprendemos así la clave de las lámparas? ¿Recordamos el idioma
Perdido de las lanzas? —En la oscuridad el rayo desvela su peluca:
Quizá faltan raíces para saborear todos los aromas.
La mejor alegría es la luna envuelta en encajes sin bolsillos
En los pájaros miméticos de las hojas del guarumo.
Hablo del grito aunque se ahogue en la ceniza del silencio.

Ahora sólo quiero ya un balcón para mi fatiga.
Ahí puedo construir un jardín y hacer descender los pájaros.
—Por breve que sea el azar, el fuego se vuelve una eternidad
De espectros, un ardor de tiempo en cuya cueva aúlla
Esa falsa moneda de la soledad. Siempre en el humo después
De la vida existe el caos, las historias como una extraña boca.
¿Puede la memoria emboscar las noches del tedio y sonreírle
Al desvarío de los cabellos? ¿Puede la luz rebasar esta brevedad
Remota en las pupilas? —El aliento desvanece las palabras
En el viento; este ser río y apartar las aguas y volver de nuevo
Al estertor imperceptible del ojo salido de la tierra.

Toda la luz respira en los aleros del alma. —Esa luz transcurrida
De la vida y que a golpe duele en las mejillas.
En la hondura del aliento, los colores descarnan la garganta.
Frente a la imagen de los muros, el hálito se vuelve herrumbroso.
Existimos solamente desde lo visible de los ojos, lo demás
Es ese fruto de la fantasía: Brisa ahuecada en el pecho,
Casa de la fugacidad, manos en la fatiga del desuso.
A menudo la conciencia se apaga con extraña indiferencia.
Supongo que frente al mundo tengo que reescribir ciertas palabras:
—O al menos, acostumbrarme al desvarío jadeante
Del reloj sobre los remos gastados del horizonte…
Barataria, 06.IX.2009
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André: Hablar de la Esperanza, como un diseño vital más que como virtud teologal. ¿Cómo hacerlo desde un primer verso, si hay fondo amurallado? Ni siquiera la cita de Pierre Reverdy humanizando con el temblor del muro nos da pistas. Y eso que el buen narbonés se preguntaba a sí mismo hace casi un siglo:

Cómo vivir en otra parte sino cerca del gran árbol blancode aquella lámpara (Blanco y negro) Heredero, en parte, de la tradición surrealista, aunque más cerca de Yves Bonnefoy que de Breton, Reverdy trató de encontrar el sentido poético más allá de "el absurdo de lo cotidiano". André Cruchaga, desde su escritura agónica, como él mismo la ha calificado a veces, por más que habrá de tomarse con cierto descreímiento, reflexiona -al tiempo que escribe y ritualiza el exorcismo- sobre una Esperanza que no tiene puertas sino ventanas abiertas. Y es que se puede hacer vía también desde la mirada que ventanea. Una esperanza la de André Cruchaga que necesita explicitarse en los tiempos humildes: la esperanza del pan fresco; la del nombre que se alcanza; la del lienzo blanco para el cuerpo deseado que se reinventa en cada noche y poema; la del sueño húmedo... Una esperanza, la del poeta, que no se agota en el grito a la manera de los expresionistas, sino que se ampara en un futuro que el poeta ensueña y profetiza como un nabí desinquieto o romántico revolucionario:

Un dia las habitaciones no tendrán obscuridad alguna,
Cada calle será destinada a ser pizarra: En ella se escribirán
Nombres más felices que los destinados a la noche y la hojarasca.

La costante vital de Cruchaga, la rebelión frente a la tozuda realidad de la soledad. Aceptar la vía de escape de la fantasía o creer a pies juntillas que existe otra realidad superior, la de quienes cultivan los sueños en el trasmundo de la vigilia, esa terra nullius donde el poema y el encuentro de los enamorados o el paraíso es posible.
Pero André Cruchaga, como buen jeronimiano, trabaja el ahora de cada noche, aunque se reclame con no poca flagelante ironía fruto del desvarío:

Supongo que frente al mundo tengo que reescribir ciertas palabras:
—O al menos, acostumbrarme al desvarío jadeante
Del reloj sobre los remos gastados del horizonte…


Aunque lo que Cruchaga califica de tal, obliga a ser cautos con la poética etimologista. Juega André con nuestra mala conciencia e, incluso, con los sentidos cruzados. Y en la encrucijada, el lector desvara, se esvara o desvaría, y no sabe si encuentra las varas de medir el poema o la autoridad de la vara capaz de tornarse serpiente para nuestro desliz de lectura. Y la salvación del poema.

Pere Bessó

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