jueves, 31 de mayo de 2018

MIRATGE

Imagen: FB de Pere Bessó






MIRATGE




Per a cada peu, una pedra al sender. O el desig esmicolat en la pols, el miratge etern de la ferida.

En la avidesa plural de la roba, agonitza la fúria dels clavells i el revés de la lluna dels cementiris.

Enmig de tanta fermentació continguda a la gola, l’oli balb dels ocells nocturns, alguna porta de taverna prostituïda.

Ningú no pot salvar l’alba sense fàrmacs.

I agregar més abismes a l’espuma o al vestit d’ombres dels caragols.

Poema d’ANDRÉ CRUCHAGA traduït en català per PERE BESSÓ





ESPEJISMO




Para cada pie, una piedra en el sendero. O el deseo hecho añicos en el polvo, el eterno espejismo de la herida.

En la avidez plural de la ropa, agoniza la furia de los claveles y el revés de la luna de los cementerios.

Entre tanta fermentación contenida en la garganta, el óleo aterido de los pájaros nocturnos, alguna puerta de taberna prostituida.

Nadie puede salvar el alba sin fármacos.

Y agregar más abismos a la espuma o al traje de sombras de los caracoles.

De “Poemas del descreimiento”, 2018.
© André Cruchaga

martes, 29 de mayo de 2018

DESANADES

Ellen Deter, Pinterest








DESANADES




Com la fragància que se’n va en l’èlitre, la teua boca en el desanar de l’interminable, comissura discreta en el meu somriure pòstum.

Riu l’obsessió de les sabates, mentre els ulls, si de cas, contemplen l’escuma umbilical de l’íntim.

Així, en reserva, retallant el meu batec.

(Admet que sovint la rauxa es prostitueix en els condons de l’insomni; i que després, només és hipòtesi la lluna al besllum de les randes. Ho saps quan les flassades no són Llàtzer i la demència busca el subsòl.)

En la dissimulació, les falses finestres del rober i l’ombra del nosaltres dolçament escapçada.

Poema d’ANDRÉ CRUCHAGA traduït en català per PERE BESSÓ




DESANDADURAS




Como la fragancia que se va en el élitro, tu boca en lo desandado de lo interminable, comisura discreta en mi sonrisa póstuma.

Ríe la obsesión de los zapatos, mientras los ojos, acaso, contemplan la espuma umbilical de lo íntimo.

Asì, en sigilo, cercenando mi pálpito.

(Admito que a menudo el arrebato se prostituye en los condones del insomnio; y que después, sólo es hipótesis la luna al trasluz de los encajes. Lo sabes cuando las cobijas no son Lázaro y la demencia busca el subsuelo.)

En el disimulo, las falsas ventanas del ropero y la sombra del nosotros dulcemente decapitada.

De “Poemas del descreimiento”, 2018.
© André Cruchaga
© Ellen Deter, Pinterest

domingo, 27 de mayo de 2018

CAVIL·LACIONS

Imagen cogida del FB de Pere Bessó






CAVIL·LACIONS




Cap a quin futur les obliqüitats de la fullaraca i els seus ara mentre discorren en el temps: vaig mut de precipicis quan el vent em persuadeix.

Les fugides sempre fan sagnar l’ànima. Llegiu el testament de les meues cicatrius i els trencs d’alba sense sabates del somriure.

Pel que sembla no ens serveix l’infinitiu dels ulls, ni els embarcaments sordmuts de l’alé.

(Un inventa hores, ulls, fotografies i crisantems. Vivim en l’engany i en la morositat de l’intangible. Després la sal i la seua fogaina de salmorra.)…

Poema d’ANDRÉ CRUCHAGA traduït en català per PERE BESSÓ




CAVILACIONES




Hacia qué futuro las oblicuidades de la hojarasca y sus ahoras mientras discurren en el tiempo: voy mudo de precipicios cuando el viento me persuade.

Siempre las huidas hacen sangrar el alma. Leed el testamento de mis cicatrices y los amaneceres sin zapatos de la sonrisa.

Al parecer no nos sirve el infinitivo de los ojos, ni los embarques sordomudos del aliento.

(Uno inventa horas, ojos, fotografías y crisantemos cercenados. Vivimos en el engaño y en la morosidad de lo intangible. Luego la sal y su fogata de salmuera.)…

De “Poemas del descreimiento”, 2018
© André Cruchaga

jueves, 24 de mayo de 2018

EL GUSANO Y LA ROSA: BREVE ACERCAMIENTO AL ARTE DE MORIR DE ANDRÉ CRUCHAGA*

© André Cruchaga: Ars moriendi






EL GUSANO Y LA ROSA:
BREVE ACERCAMIENTO AL ARTE DE MORIR
DE ANDRÉ CRUCHAGA*




Por Josué Andrés Moz




Porque vivir es morir constantemente
y cada sílaba pronunciada predice
el punto final.
-Eliot Preston-

Todo poema corre el riesgo de
carecer de sentido y no sería
nada sin ese riesgo.
-J. Derrida-

Qué es el hombre
Pregunta la mano que escribe.
-Leopoldo María Panero-





André Cruchaga, uno de los poetas contemporáneos más prolíficos e interesantes de El Salvador, forma parte de aquellos autores que mantienen palpitando la vena surrealista en su producción literaria de los últimos 10 años, mientras que de manera simultánea busca reinventarse sobre la base de su propio código lingüístico y conceptual.

Ars Moriendi, libro de reciente factura y el que nos ocupa en esta ocasión, abre con una pareja de epígrafes pertenecientes a dos autores representativos del surrealismo, siendo estos André Bretón, fundador y redactor del manifiesto estético-literario y Pedro García Cabrera, poeta canario coetáneo de la Generación del 27, quien asimiló las raíces de la vanguardia; a través de ellos, el poeta declara el tono pesimista y delirante de su nueva propuesta.

Este poemario, estructurado de manera predominante por poemas escritos en verso libre y únicamente por tres poemas en prosa, resulta –como esboza en su título – un monumento de la visión particular del autor para afrontar la muerte, su concepción de la misma y la forma en que esto se relaciona con sus experiencias vitales, con la memoria y con el proceso creativo. Lo dicho hasta el momento abre paso para explorar el plano del contenido, donde inicialmente el poeta se cuestiona  acerca de la condición humana cuando se está condenado a vivir en un país como El Salvador,  donde declara que nadie saldrá ileso por más amor que le tenga a esta tierra, posteriormente, es posible identificar la infancia como puerta a la soledad, como el génesis de lo terrible tal como ocurre en el poema ‘‘Destino de trenes’’e inmediatamente el pesimismo del  hombre nacido escombro reflejado en el poema ‘‘Puerta amanecida’’, hasta acá, los poemas son enunciados desde la individualidad del ‘‘yo’’, hasta llegar al poema ‘‘Salvación de la armonía’’, en el cual
 se da el cambio a un ‘‘nosotros’’, que se va alternando en el resto del libro.  Más adelante nos encontramos con poemas que datan sobre la vejez,  la negación de la eternidad, la inutilidad de la esperanza y la construcción de la identidad a partir del dolor además de la presencia constante de la pérdida y la derrota. A estos los acompaña un ritmo marcado por estrofas breves o extensas, por ideas que concluyen en un verso, por versos con tono sentencioso y en muchas ocasiones por la enumeración, la cual entrega mayor dinamismo.

De especial atención, resultan los poemas no enumerados y bautizados con el título del libro, hablo de los cinco ‘‘Ars moriendi’’ donde se puede definir al primero como una declaración de desapego a lo terrenal, tanto a lo material como a lo afectivo y se visualiza en su término: la intención de devolver a la tierra el tiempo recibido, luego el segundo que transita por la costumbre hacia la muerte como en las palabras del poeta norteamericano Eliot Preston, el tercero por las virtudes de afrontar la muerte desde el espíritu de niño, el cuarto (y particularmente mi favorito), circula por el aprender a morir a través de la tortura constante y apoyado por el epígrafe de Jacinta Escudos donde la idea principal es aprender a sentir el dolor para recordar que se está vivo, y finalmente, el quinto de la serie resulta más sereno y parco al decir que está listo para morir en cualquier momento.

En el plano de la forma, se revela un recurso que podría definirse como una segunda voz, o como la voz inconsciente que se encarga de entregar leves y esporádicas luces en algunos de los poemas, cumpliendo además con el papel de sacudir al lector en medio del discurso poético. Esta voz se identifica a partir de la letra cursiva encapsulada entre paréntesis y permite (sin ser explicativa) dirigir la atención a ciertos elementos que en primera instancia podrían pasar desapercibidos.

 La lectura que exige ‘‘Ars Moriendi’’ es una lectura cuidadosa y pausada, una lectura donde el interpretante sea capaz de identificar cuando el poeta nombra las acciones, conceptos y sensaciones a través de los objetos que están en función de estas o que poseen características afines, algunos ejemplos de ello son: utilizar la sal en reemplazo del llanto, los relojes en consecuencia del tiempo, los pañuelos por la tristeza, las bóvedas para un pasado oculto y difuso en la memoria, la semillas (la mayoría de las veces) como génesis, los insectos para nombrar las cosas pequeña, la harina equivalente a la ceguera y por supuesto la mutación de estos mismos elementos acordes al contexto del poema ejecutado. Es también interesante, ver cómo algunos de los elementos que oscilan en la obra, son particulares de países centroamericanos, al menos en su forma de ser nombrados, entre estos tendríamos: el talpetate, el guacal, el matorral, el tapial, los cuáles  podrían guardar una intención de adscripción identitaria.

Para cerrar  este breve acercamiento, es necesario recordar que el poemario es dinámico, en el sentido que algunos conceptos como el hecho de lamentar que el poeta no tendrá el tiempo suficiente para escribir todo lo que desearía, cambia radicalmente en el poema que cierra el libro, es decir ‘‘La muerte del poema’’ que a todas luces es una ars poética donde Cruchaga reflexiona más hondamente sobre la edad y aquello que se quedará sin ser dicho en la obra interrumpida por el ciclo natural de la vida, para mí, este es uno de los poemas mejor logrados de todo el libro y el más maduro que contiene en su nómina de escritura automática. La poesía de André, al ser desbordante puede coquetear con la idea de la nada en muchas ocasiones y confundir al lector en sus pasillos herméticos, pero paralelo a ello, nos encontramos con la seguridad de que como aquel que habita El Salvador y no sale ileso, tampoco lo harán quienes transiten por las páginas de este libro.


Josué Andrés Moz,
Poeta salvadoreño,
San Salvador, 23 de mayo de 2018






*Presentación de “Ars moriendi”, en los Tacos de Paco, el día 23 de mayo de 2018. San Salvador.