jueves, 27 de enero de 2011

ENDERROCS/ESCOMBROS: TRADUCCIÓN Y COMENTARIO DE PERE BESSÓ


Cada vegada aquest País és menys cert. El terror i la impunitat
no tenen nom, tampoc no calen els miracles per a eixir
d’aquestes aigües d’albelló.
Només la sal depredadora brilla en les axil•les; ací perdé
la dialèctica la seua mateixa placenta.
Fotografía: Jon Sullivan



ENDERROCS/ESCOMBROS: TRADUCCIÓN Y COMENTARIO DE PERE BESSÓ


Querido André:


Vaya poema! En la mejor línea del texto que se remonta a la Decadencia Barroca española. Aquí Quevedo -no es la primera vez que lo digo- estaría sonriente, aplaudiendo y pidiendo bises. Pero tu cantas tu patria con un poema que recuerda, incluso, las llamas y cenizas de la “Oración Fúnebre”, una nueva ars moriendi…
Sin duda, también tú te acercas con la mirada y la observación interiorizada a los muros de la patria, con una salmodia, que no soneto, que te permite alargar el verso y remontar o cercenar, sajar el ala, el vuelo.

Vivimos encerrados en el resuello de las migajas: migajas de todo;
no puedo amar a un País que sólo deja desposarte con la miseria,
con la destrucción del ala,
con la expropiación de la propia conciencia.

En el poema de resuelta denuncia y lamento cívico hay lugar para enumeración, una tras otra, de las lacras sociales que impiden que el País pueda avanzar, sueñe o tenga futuro. Hay, pues, pesimismo intenso, transido de lirismo. Un poema donde el poeta refleja la imposibilidad, incluso, de la realidad de la creación, en su doble vertiente, la afectivo-sexual y procreadora y la escritura. Un poema cuyo título Ruinas es la metáfora matriz que se desplegará en abanico, linealmente o como las muñecas rusas o matroskas. Lo que permitirá el efecto deseado del poeta por acumulación, en ocasiones, por intensificación en otras, y siempre desde el despliegue de principio a fin de los registros expresivos –fundamentalmente, la metáfora feísta- combinándose con los recursos de la figura de pensamiento que más gusta al poeta: la ironía como instrumento de honda raíz ética…

Pere Bessó
dijous 27 de gener de 2011



ENDERROCS




Matar a un enemigo no es difícil; matar
A un robot es matarse, bien pensado, a sí mismo.
GABRIEL CELAYA





Cada vegada aquest País és menys cert. El terror i la impunitat
no tenen nom, tampoc no calen els miracles per a eixir
d’aquestes aigües d’albelló.
Només la sal depredadora brilla en les axil•les; ací perdé
la dialèctica la seua mateixa placenta.
Crema la sang amb les seues fletxes fantasioses, el magma de l’huracà,
la ventúria muda de l’agonia, la disfressa enllumenant el subsòl.
No hi ha lloc segur per a estroncar els somnis, ni netejar
la respiració enmig d’onades sinuoses;
només hi ha temps i espai per a exaltar les Sumes tribulacions
en aquest camp soterrat d’ossos;
—no hi ha cap altre espill sinó el pedrissot sinistre del sutze
amb els seus tapials foscos: ací la presó és la ciutat o com si ho fóra,
en el missal de la cendra, en les aigües del desordre.
(De sobte es vol renunciar a aquest País on fugen
els ocells, a aquesta naturalesa fúnebre de la pols; ací crema
l’alé de l’escòria en cada voravia, en els carrers desordenats
de la bijuteria, en la febre de l’engany.
Cada ganivet procrea llàgrimes i futur: toquem el fil en cada
sabata; en cada consciència, la por és una altra mamella en secret.)
Vivim tancats en l’esbufec de les engrunes: engrunes de tot;
no puc estimar un País que només deixa desposar-te amb la misèria,
amb la destrucció de l’ala,
amb l’expropiació de la pròpia consciència.
Diàriament servim la boirina a taula: resem per a alimentar-nos
de fantasmes; al capvespre, la llum es converteix en blasfèmia;
en la foscor intensa, la boca respira les creus del dia.
en la llei no caben els descalços, ni el cadàver que construeix
a diari la vexació, ni el castell pintat d’arc del cel pels infants,
ni l’ull que pot veure més lluny certs laberints.
(Les falàcies ens serveixen d’umbrel•la i els aplaudiments, de pinyata:
hem caigut en els tatuatges de la disfressa,
en la pilota dominical de les diversions. L’ofici és tallar l’Esperança,
fins que l’extenuació siga la terra contundent de la misèria.
No puc estimar un País que fa de l’alfabet un balbuceig,
un circ, una porcatera, un llarg atzucac de ruïnes.)
Darrere de cada cos hi ha músiques sinistres, entumits boscos,
Un País escurçat, entranyes putrefactes, costelles delirants,
Trencs d’alba en pous macabres, bartolines on el foc
No dóna treva, morts cansats de morir en les peüngles,
Aigües lentes mossegades pel semen dels gossos, fem que envaeix
La memòria: tot es troba ací en aquesta follia de País que tenim,
Excepte, per suposat, l’alegria ferma del riure, excepte la finestra,
Sinó l’escalfred que repta pels porus…

Baratària.I.2011




ESCOMBROS





Matar a un enemigo no es difícil; matar
A un robot es matarse, bien pensado, a sí mismo.
GABRIEL CELAYA




Cada vez este País es menos cierto. El terror y la impunidad
no tienen nombre, tampoco son necesarios los milagros para salir
de estas aguas de alcantarilla.
Sólo la sal depredadora brilla en las axilas; aquí perdió
la dialéctica su propia placenta.
Arde la sangre con sus flechas fantasiosas, el magma del huracán,
el ventarrón mudo de la agonía, el disfraz alumbrando el subsuelo.
No hay lugar seguro para restañar los sueños, ni limpiar
la respiración en medio de oleajes sinuosos;
sólo hay tiempo y espacio para exaltar las Sumas tribulaciones
en este campo soterrado de huesos;
—no hay otro espejo, que el poyetón siniestro del hollín
con sus tapiales oscuros: aquí la cárcel es la ciudad o como si lo fuera,
en el misal de la ceniza, en las aguas del desorden.
(De pronto uno quiere renunciar a este País donde huyen
los pájaros, a esta naturaleza fúnebre del polvo; aquí arde
el aliento de la escoria en cada acera, en las calles desordenadas
de la bisutería, en la fiebre del engaño.
Cada cuchillo procrea lágrimas y futuro: tocamos el filo en cada
zapato; en cada conciencia, el miedo es otra ubre en sigilo.)
Vivimos encerrados en el resuello de las migajas: migajas de todo;
no puedo amar a un País que sólo deja desposarte con la miseria,
con la destrucción del ala,
con la expropiación de la propia conciencia.
A diario servimos la neblina en la mesa: rezamos para alimentarnos
de fantasmas; en el ocaso, la luz se convierte en blasfemia;
en la oscuridad intensa, la boca respira las cruces del día.
en la ley no caben los descalzos, ni el cadáver que construye
a diario el vejamen, ni el castillo pintado de arco iris por los niños,
ni el ojo que puede ver más lejos ciertos laberintos.
(Las falacias nos sirven de sombrilla y los aplausos, de piñata:
hemos caído en los tatuajes del disfraz,
en la pelota dominical de las diversiones. El oficio es sajar la Esperanza,
hasta que la extenuación sea la tierra contundente de la miseria.
No puedo amar a un País que hace del alfabeto un balbuceo,
un circo, una pocilga, un largo callejón de ruinas.)
Detrás de cada cuerpo hay músicas siniestras, entumecidos bosques,
Un País cercenado, entrañas putrefactas, costillas delirantes,
Amaneceres en pozos macabros, bartolinas donde el fuego
No da tregua, muertos cansados de morir en las pezuñas,
Aguas lentas mordidas por el semen de los perros, estiércol que invade
La memoria: todo está aquí en esta locura de País que tenemos,
Menos por supuesto, la alegría firme de la risa, menos la ventana,
Sino el escalofrío que repta por los poros…

Barataria, 23.I.2011

lunes, 17 de enero de 2011

"SUBLIMACIÓN DE LA NOCHE" DE ANDRÉ CRUCHAGA-POR CÉSAR RAMÍREZ, CARALVÁ


César Ramírez, Caralvá-escritor salvadoreño



"SUBLIMACIÓN DE LA NOCHE" DE ANDRÉ CRUCHAGA
POR CÉSAR RAMÍREZ, CARALVÁ,




Cuando nos reunimos, usualmente no hablamos de nosotros, puesto que domina la palabra en ese universo diminuto e hipnótico que permanece oculto al mundo material.
Hablamos con un café en la mano, observando y dejando que el mundo observe nuestros extraños ropajes poéticos, así transcurren las horas que pueden ser años. Para algunos el pecado más grave del mundo, el ocio, pero esa condición visible no capta el prolongado tiempo de trabajo en las madrugadas, ni el infinito trabajo en desvelos por investigaciones o una palabra perdida, tampoco explica como nacen los libros después de tanto trabajo, puesto que solo nos ven disfrutando un café…
En su momento intercambiamos libros, esas publicaciones heréticas que se multiplican por miles sin permiso de los obispos literarios y los comisarios ortodoxos que pronuncian anatemas, esos que predican odio por el pecado de escribir, puesto que su objetivo no es publicar, sino el pecado es escribir sin su permiso. Que pena que el mundo lea los manuscritos y nos publiquen en otras naciones, saludando la libertad. Que generosidad tiene el mundo para los poetas, elimina las fronteras para reconocer a uno de los suyos, porque André Cruchaga ha sido traducido al idioma vasco, francés, griego, holandés, rumano, catalán.
Así es nuestro encuentro, con libros en la mano que tienen el sentimiento más humilde del planeta, compartir el ascendente camino de las palabras desde el infierno del silencio a la luz de los lectores.
Así la palabra escrita y publicada, cita elementos esenciales ajenos al desastre del silencio o la desoladora imagen destructiva de nuestra sociedad, pero ahí está nuestra respuesta siempre aspirante a una nueva democracia.
En un momento son ineludibles las acciones conceptuales: caos, razón, temor, combate, cambiar al mundo con una pequeña frase, entonces observar la derrota del abismo, puesto que nosotros sabemos que el abismo habita entre nosotros, por ello nos esforzamos en combatirle desde la poesía. Y no se extrañen, antes de buscar al mal allá en la galaxia, observamos muy bien sino se encuentra entre nosotros. Anotando que los pequeños seres con su séquito profano, no pueden impedir que las naciones lean nuestros poemas más alegres en medio de tanta miseria espiritual.
Por eso la irreverencia de un libro ejerce su propia libertad.
De esa forma al leer el libro de André Cruchaga: Sublimación de la noche, encuentro la vigilia libertaria del amigo que otorga un regalo luminoso a los lectores:

Esperar hace envejecer innecesariamente.. ”

Ya no esperar… que maravillosa respuesta… nosotros no esperamos nada.

Pero como la vida no termina con nuestro café y existe la oportuna secuencia del amanecer, afirma:

“Vos ya no debes pensar en el suicidio ”

Así que el trabajo es la poesía que monta guardia contra sus opresores:

“Detrás de la vida, hay monstruos agazapados y al acecho”

Mientras el reposo de la palabra celebra el encuentro por su triunfo, también existe fuera del combate la tranquilidad de la madrugada al observar la creación constante.

“Toca empezar a escribir los epitafios del perfume”

En cierto momento reconocer: caos, combatir la oscuridad y descubrir el abismo debe ser norma y no excepción.
En otras circunstancias estas arpas dialécticas materialmente claman a diario por hacernos sus prisioneros sobre lo cual meditamos en el presente, con la oportuna acción que nos invita a luchar de nuevo… hora tras hora, porque en ocasiones no basta combatir emotivamente, sino con la frialdad de las madrugadas audaces para conquistar nuevas visiones del universo.

“ Como el remedo curvo de los algoritmos…”

Así se entrega el poeta al trabajo voluntario más allá de un salario, aún con la duda si merece un lector que acompañe su palabra:

“No sé si un día la Santísima Trinidad será con nosotros,
 sin la furia singular de los taladros, sin hacer eterno lo errático..”

La vida capitalista es muy eficiente para recordarnos nuestro sitio en este planeta, también el lugar de ángeles o demonios, cuestión de gustos sin olvidar el poema emergente…

“La escritura es resistencia. Sol ilimitado del surco.”

André es responsable por su don de la palabra y como lo anota:

“Hay jardines que mis ojos no ven.”

Casi al borde del libro, la materia humana se libera:

“ La hojarasca de los muertos, - de mis muertos -, los que amaba en el silencio de la pena.
Hay crímenes al otro lado de los sueños.”

De tal forma que la poesía anuncia la luz liberada, con esa extraña canción de esperanza que habita en sus jardines.
Celebrar el libro de André es compartir el oficio que desnuda al mundo, un libro que acepta el abismo y el caos, acepta la multitud de opiniones, incluso a los opresores instaurados en sus palacios yugulares, pero sin rendirse, afirma su vocación por un mundo diferente y alegre:

“Cantamos, gritamos, soñamos.
La soledad inventa barcos matutinos;
La lluvia cabellos grises sobre el horizonte
Desde ese balcón del tiempo libro mis batallas…”

Y donde Sublimación de la noche construye su amplio horizonte luminoso.
César RamírezCaralvá

sábado, 15 de enero de 2011

EPITAFIS PER A LA CLAREDAT/ EPITAFIOS PARA LA CLARIDAD-COMENTARIO Y TRADUCCIÓN POR PERE BESSÓ


Pere Bessó, poeta y traductor español



EPITAFIS PER A LA CLAREDAT/ EPITAFIOS PARA LA CLARIDAD-COMENTARIO Y TRADUCCIÓN POR PERE BESSÓ



Querido André:

La falsa paradoja está servida. De alguna manera, recordar es morir. Sígase, pues, en el espejismo o en el engaño, que llamamos en el común realidad. Sólo se conoce desde la conciencia de la muerte. Desde el inicio del poema, Epitafios de la claridad, la revelación, iluminación o éclat, trasluz o destello, que sólo el poeta maduro vislumbra en el tratamiento de la memoria. Sagrada palabra que en ti es material inexcusable. Ya te lo he dejado escrito en múltiples ocasiones. Una memoria sensitiva. Tu memoria huele, paladea, toca, escucha y, sobre todo, ve, más allá de la luz y de las sombras. Ve, como una incursión o agazapada, todos los mundos que en tu mundo caben. Una memoria, pues, que incluye el desvelo y el ensueño y, ahí es nada, procesos de acumulación y de azar en la escritura desde la memoria y el viaje a los paraísos perdidos. [Que no artificiales. En la poesía de André Cruchaga nada te es artificial, pero sí artificio, en el más noble y connatural de los sentidos.]

Y sólo me extenderé en un recuerdo propio de infancia parejo: la huella de la madre -raíz de la carne- embutiéndonos un jarabe o medicina, la sopa frente a la enfermedad o inapetencia, con el uso delicado y paciente de la cuchara más nítida y refulgente:

-mira, mira que viene el avión, ahum, mi niño, qué mayor, que lo quiere su mamá...



la raíz de la carne empujando la cuchara
de los azúcares fermentados en la respiración, a ratos, inclemente.

La huella, pues, de la memoria estasiada que revé el paso de trenes y rebailes de trompos. Una mirada nunca ajena al retorno, ay, desde la experiencia. Una memoria, sin embargo, que se traduce en fermento y poso y que nunca evita que el poeta se sepa en el inexorable camino, el tránsito.


Y vuelvo al inicio de esta nota a pie de pecera: la memoria, necesariamente fragmentaria, pero a voluntad, lleva a la pluralidad de textos sobre la piedra. Piedra de los ojos, piedra de la escritura. Epi-tafos. Y luz, claro de bosque en el poema.

Pere Bessó



EPITAFIS PER A LA CLAREDAT




Deixe en la memòria, les darreres monedes de les ombres. El forcat
astral de les guitarres, la voravia de la llengua amb les seues àrdues faenes;
deixe per als arcàngels, aquesta eternitat incompleta,
el mar menor dels mocadors, la gespa àcida de la saliva,
la taxa esberlada dels olors, les aigües de l’odi que tancaren
el meu horitzó, la suma de tot això afonant el meu hàlit.
Deixe que el silenci parle amb l’espessor del celler,
Al cap i a la fi he suportat la guitza de tantes bèsties:
—l’alienació insadollable, l’adusta boca assatjant la seua entumida
Sal entre les ombres del guarumo.
Aguaite la nit davant de les finestres: ací la mort crescuda
de l’Esperança, el fred dels martells,
l’incendi de les remors, les branques soscavades del camí.
Ja no camine apressa, encara que l’ànsia em desvetle:
la bretxa és groga, negra, intensa com els grisos de la veu.
En l’ensomni l’olor als capvespres: el brancall de la pluja,
els llocs que un dia celebraren el meu cor,
el retorn a l’arbitri del paisatge, ara des del fosc de la cova,
des de el crit exhalat del lament.
La credulitat deixà de ser una vaixella transparent, on ara
només cap el refugi caigut de les mirades.
(Deixe cada solitud en els meus llibres. Deixe la sina que em prodigue
d’albes i portes, el llit anunciat de les llavors,
les claus vegetals del vent en el riu blanc dels ulls;
deixe el gos que es sotraga les puces amb la llengua d’ombrel•la,
amb el parpelleig d’ulls contemplatius;
deixe, a banda de les paradoxes, les teranyines com obra d’art
dins dels meus poemes perduts en els porus secs de les parets;
deixe el riure absurd dels balbuceigs, els guspireigs
de les rugues, la meua boca precipitada en el desempar;
deixe que un altres gaudisquen de la seua mateixa careta: evoque uns altres temps
de caminant solitari, de curiosos trens i vaixells en les meues ninetes;
deixe els ossos ofegats en la meua gola, l’alteració
de les esferes, l’arrel de la carn empentant la cullera
dels sucres fermentats en la respiració, a estones, inclement.
Deixe la capçana de la pellofa en el fluir de les sabates,
en l’hemistiqui alterat dels semàfors, en la mort vertadera
que cau en els meus ulls, sense cap altre ara ni demà;
deixe la desaparició forçada de la meua consciència, la mortalitat
mutable del meu present, tots els dies cíclics del trompitxol
en la pols esparsa dels exorcismes: la resta és el deliri
del zodíac en posar-me la mortalla;
deixe, doncs, la pedra en el poema: la llum esgarrifada transcorre
en el pit; la claredat només fou un lloc comú i corrent
on les mosques assaciaren la gana. Sé que el trànsit
pertoca com aqueix ritme consonant de l’aigua en el cànter.)

Baratària, 11.I.2011




EPITAFIOS PARA LA CLARIDAD




Dejo en la memoria, las últimas monedas de las sombras. El arado
astral de las guitarras, la acera de la lengua con sus arduas faenas;
dejo para los arcángeles, esta eternidad incompleta,
el mar menor de los pañuelos, el césped ácido de la saliva,
la tasa quebrada de los olores, las aguas del odio que cerraron
mi horizonte, la suma de todo ello hundiendo mi hálito.
Dejo que el silencio que hable con la espesura del tabanco,
A fin de cuentas he aguantado la coz de tantas bestias:
—la enajenación insaciable, la adusta boca ensayando su entumecida
Sal entre las sombras del guarumo.
Aguardo la noche frente a las ventanas: aquí la muerte crecida
de la Esperanza, el frío de los martillos,
el incendio de los murmullos, las ramas socavadas del camino.
Ya no ando a prisa aunque el ansia me desvele:
la brecha es amarilla, negra, intensa como los grises de la voz.
En el ensueño el olor a los crepúsculos: la ramazón de la lluvia,
los lugares que un día celebraron mi corazón,
el retorno al arbitrio del paisaje, ahora desde lo oscuro de la cueva,
desde el grito exhalado del lamento.
La credulidad dejó de ser una vasija transparente, en donde ahora,
sólo cabe el refugio caído de las miradas.
(Dejo cada soledad en mis libros. Dejo el seno que me prodigo
de albas y puertas, el lecho anunciado de las semillas,
las llaves vegetales del viento en el río blanco de los ojos;
dejo al perro que sacuda sus pulgas con su lengua de sombrilla,
con su parpadeo de ojos contemplativos;
dejo, al margen de las paradojas, las telarañas como obra de arte
dentro de mis poemas extraviados en los poros secos de las paredes;
dejo la risa absurda de los balbuceos, los centelleos
de las arrugas, mi boca precipitada en el desamparo;
dejo que otros gocen de su propia máscara: evoco otros tiempos
de caminante solitario, de curiosos trenes y barcos en mis pupilas;
dejo los huesos ahogados en mi garganta, la alteración
de las esferas, la raíz de la carne empujando la cuchara
de los azúcares fermentados en la respiración, a ratos, inclemente.
Dejo el yagual del pellejo en el fluir de los zapatos,
en el hemistiquio alterado de los semáforos, en la muerte verdadera
que cae en mis ojos, sin otro ahora ni mañana;
dejo la desaparición forzada de mi conciencia, la mortalidad
mutable de mi presente, todos los días cíclicos del trompo
en el polvo dispersado de los exorcismos: lo demás, es el delirio
del zodíaco al momento de ponerme mi mortaja;
dejo pues, la piedra en el poema: la luz desgarrada transcurre
en el pecho; la claridad, sólo fue un lugar común y corriente
donde las moscas saciaron su apetito. Sé que el tránsito
es necesario como ese ritmo consonante del agua en el cántaro.)

Barataria, 11.I.2011

lunes, 10 de enero de 2011

EL FUEGO EN LA RAMA DEL POLEN/EL FOC EN LA BRANCA DEL POL•LEN TRADUCCIÓN Y COMENTARIO: PERE BESSÓ


Muerdo las ramas del polen en cada palabra habitada por el diente
del calendario. En el combustible de la memoria,
agoniza la fruta prohibida de las luciérnagas, los escombros
de la virginidad, los cadáveres con encajes de espuma.
Fotografía de Jon Sullivan



EL FUEGO EN LA RAMA DEL POLEN/EL FOC EN LA BRANCA DEL POL•LEN TRADUCCIÓN Y COMENTARIO: PERE BESSÓ





Mi querido Cru:

Traducirte es un placer. Pero cuando la memoria es trabajo que permite material tan delicuescente como la erótica misma en clave personal del recuerdo ensoñado, entonces traducirte es bálsamo y veneno, mercurio de aves ponzoñosas, fierabrás de los nocherniegos y de los noctámbulos, que, al cabo, no son lo mismo, lo diga Filemón o su mortadela.

Te copio un segmento del poema, muy cohesionado en sí mismo, porque comprendas que dificultad y placer son gestos de doncellez rota con la escarcha de mi lengua:


En el combustible de la memòria,
agonitza la fruita prohibida de les lluernes, els enderrocs
de la virginitat, els cadàvers amb randes d’escuma.



Y así el lector ágil descubre como en pares de opuestos, los elementos significantes de Eros y Tánatos. Pero en síntesis vida que agoniza y muerte que embellece. Y todo ello con el tratamiento de la metáfora surreal que dominas como pocos.

Así pues, si asentimos que la memoria es combustible (a partir de la metáfora de dos planos A de B), necesario para que nuestro cuerpo siga marchando, igualmente podremos aceptar a través de esa metáfora matriz su desarrollo: la fruta prohibida (+) de la luciérnaga (-). Es decir eros y luz falsa, mortecina, sombría, agonizante y, si se quiere, paronomásica (luciérnaga/luz de ciénaga). Lo mismo cabe decir de los despojos, ruinas o derribos (-) de la virginidad (+), con el añadido del morbo. Las vírgenes, ah las vírgenes, que diría el buen salido de Mallarmé...

Y, para culminar, esta secuencia, el derroche festivo de la última metáfora, plenamente connotativa (y contrastiva con las anteriores por lo que se refiere al orden lírico acumulativo de estructuras sintagmáticas paralelísticas en la escritura de lo trans-racional: "los cadáveres con encajes de espuma". Y es acá donde rompes a placer: los cadáveres (-) pletóricos no son ya cadáveres stricto sensu, nada menos que tienen encajes (+) de espuma (+). Es decir, la ruptura de sistema, lo contrastivo de metáforas y símbolos enteramente lexicalizados: el encaje, la randa, tela que pertenece al ámbito de los sentidos explotados en su alta morbosidad, acá léase también el sentido de la suavidad.

Quede dicho: el material memoria, tal cual lo definió José Ángel Valente, combustible imprescindible para el poeta de lujo que sueña versos, como los que acabo de citar, que merecen tratamiento crítico, académico o no, mas de antología insoslayable para averiguar los vericuetos de la poesía salvadoreña de medio siglo.

Pere Bessó.





EL FUEGO EN LA RAMA DEL POLEN




Changez votre âme contre celle de l’agate
Alors vous pourrez goûter au pollen des étoiles
Et dénouer les boucles du mandala…
ELIE-CHARLES FLAMAND




Muerdo las ramas del polen en cada palabra habitada por el diente
del calendario. En el combustible de la memoria,
agoniza la fruta prohibida de las luciérnagas, los escombros
de la virginidad, los cadáveres con encajes de espuma.
Cada quien muere cada día para santificar la vida, o por lo menos
hacerla más digerible: la superpoblación termina en las cacerolas,
y en la calma tempestuosa de los nichos.
El papel higiénico no deja de ser eufemismo en los toilets o restrooms;
el asombro siempre me lo dan los huevecillos de los peces,
la superficie del sueño apretado en algún pubis:
todo el calendario de las linternas está aquí con sus semanas
de sábanas y diversiones colectivas.
Resulta que el polen tomado en cucharas es afrodisíaco: lo dicen
los naturalistas en los libros de botánica;
también lo dicen los estafadores y charlatanes, las muchachas
de la vida fácil que necesitan arrojar el aliento en un solo quejido.
El pocillo de los días de guardar termina siendo reloj oxidado
sobre la piedra pómez de la quijada;
reírse es gratificante cuando todos los días tenemos circo romano:
—por cierto que es buen estratagema para olvidar las hemorroides,
las varices del hambre, la corcholata de la saliva,
la salsa de tomate en el yute de las sienes.
(Nunca he visto que el petate se resista a nuestras manías: brincar
el tálamo de la cordura, quemar el polen debajo de las sábanas,
hasta sacarle brillo a la sal de los poros
en su río creciente de bálsamos.) Sucede que en el sombrero de todas
las aguas de los encajes, caben velas a vapor, pequeños votes,
botellas de mar, arañas de gelatinosas vísceras, relojes de azúcar.
Hemos aprendido del fuego, cuanto el fuego nos quema y consume:
siempre es divertido jugar al sudor de los ojos,
limpiar los lentes sin renunciar a los ecos de la epidermis,
convertir el pubis en respiración de sirenas,
memorizar los colores del frutero,
polinizar la puerta transitiva de los párpados en pleno aguacero.
El fuego siempre nos satura de destinos: —estrechamos las uñas
De la tierra hasta ser humanos en el desatino;
El suspenso es redondo en los dedos: nacemos cuando la rama
De la carne asciende al polen y los hervores, —del árbol desbordado—,
a ese oráculo sin insomnios.
Por cierto que a nuestros ojos asoma la sal en cubitos de hielo.

Barataria, 02.I.2011





EL FOC EN LA BRANCA DEL POL•LEN



Changez votre âme contre celle de l’agate
Alors vous pourrez goûter au pollen des étoiles
Et dénouer les boucles du mandala…
ELIE-CHARLES FLAMAND


Mossegue les branques del pol•len en cada paraula habitada per la dent
del calendari. En el combustible de la memòria,
agonitza la fruita prohibida de les lluernes, els enderrocs
de la virginitat, els cadàvers amb randes d’escuma.
Cadascú mor cada dia per a santificar la vida o, almenys,
fer-la més digerible: la superpoblació acaba en les casseroles,
i en la calma tempestuosa dels nínxols.
El paper higiènic no deixa de ser eufemisme en els serveis o restrooms;
la sorpresa sempre me la donen els ouets dels peixos,
la superfície del somni premut en algun pubis:
tot el calendari de les llanternes és ací amb les seues setmanes
de llençols i diversions col•lectives.
Resulta que el pol•len pres en culleres és afrodisíac: ho diuen
els naturalistes en els llibres de botànica;
també ho diuen els estafadors i xerraires, les xicones
de la vida fàcil que necessiten amollar l’alé en un sol gemec.
El pouet dels dies de guardar termina essent rellotge oxidat
damunt de la pedra tosca de la maixella;
riure’s és gratificant quan tots els dies tenim circ romà:
—per cert que és bon estratagema per a oblidar les hemorroïdes,
les varices de la fam, la xapa de la saliva,
la salsa de tomata en el jute de les temples.
(Mai no he vist que el bolic es resistesca a les nostres dèries:
Saltironar el tálem del seny, cremar el pol•len davall dels llençols,
fins a traure-li brillantor a la sal dels porus
en el seu riu creixent de bàlsams.) Ocorre que en el capell de totes
las aigües de les randes, caben veles a vapor, petits bots,
botelles de mar, aranyes de gelatinoses vísceres, rellotges de sucre.
Hem aprés del foc, quant ens crema el foc consumeix:
sempre és divertit jugar al suor dels ulls,
netejar les lents sense renunciar als ecos de l’epidermis,
convertir el pubis en respiració de sirenes,
memoritzar els colors del fruiter,
pol•linitzar la porta transitiva de les palpebres en plena xafegada.
El foc sempre ens satura de destins: —estretem les ungles
De la terra fins a ser humans en el desencert;
El suspens és redó en els dits: naixem quan la branca
De la carn ascendeix al pol•len i els bulliments, —de l’arbre desbordat—,
a ese oracle sense insomnis.
Per cert que als nostres ulls traspua la sal en glaçonets de gel.

Baratària, 02.I.2011