domingo, 24 de febrero de 2013

TEMPS

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TEMPS





Entre arcans i fugacitats no hi ha balança, ni pèl que valga
per a repartir-lo sobre la faç de la terra, ni marxes en trams llargs.
Alguns rellotges viatgen en capells soterrats de fam o sofre,
—obra, potser, d’estranyes mans que ens incendien,
des de la floridura habitual dels carrers.
Creua l’ebrietat del llampec les seues mateixes florescències.
De quin plat ens venen les llavors desgastades, el bagàs de queixes
de les sabates, el raig de sol a la gatzoneta?
Entre la boira i la paella de la claredat, la indigència, i aqueixos estranys
vidres d’anar buscant finestres i els semàfors, al bell mig d’hores
lliscadisses, quan sabem que tot es torna joc de fugides.
Deveríem orejar, sense dubte, el miratge per a vendre’l en acabant en el mercat

de puces, enmig de requincalla, quan la gotellera de la gent mossega
cada ombra de la intempèrie.
Temps i persones es perden al carrer: sempre som aprenents
en allò lúgubre, pengem el lligam en l’escriptura del somnambulisme,
ens fascinem en l’encantament de l’olfacte, davant de la transparència
el calendari armat d’òlibes,
el mateix joc del fulgor del pamflet, en les ulleres del corb.
I quan el bulliment puja als quaranta graus Celsius, ai, asfíxia i martiri,
bussos en el cinema mut de la paraula: plou les set cabretes de l’espinada,
l’escriba versàtil de la taulella falsa, la rotació òrfica del Phasianus colchicus,
ai las, el teulat de la follia en un llaüt de mudances irreversibles.
Quan l’ombra es torna possessa, és necessari un lavatori i herbes
aromàtiques, —d’aquesta manera, remullem el gratacels de l’altivesa,
i fins i tot podem respirar, com en una paròdia de déus i semidéus.
En l’estany de les carrosseries, tal volta quede la goteta de sal
fixada al desencert de l’espill: allà els minuts interiors…

Baratària, 24.II.2013






TIEMPO




Entre arcanos y fugacidades no hay balanza, ni pelo que valga
para repartirlo sobre la faz de la tierra, ni andaduras en tramos largos.
Algunos relojes viajan en sombreros soterrados de hambre o azufre,
—obra, quizás, de extrañas manos que nos incendian,
desde el moho habitual de las calles.
Cruza la ebriedad del relámpago sus propias florescencias.
¿De qué  plato nos vienen las semillas desgastadas, el bagazo de quejas
de los zapatos, el chorro de sol en cuclillas?
Entre la niebla y la sartén de la claridad, la indigencia, y esos extraños
güishtes de andar buscando ventanas y semáforos, en medio de horas
resbaladizas, cuando sabemos que todo se convierte en juego de huidas.
Deberíamos orear, sin duda, el espejismo para venderlo después en el mercado de pulgas, en medio de tiliches, cuando el goterón del gentío muerde
cada sombra de la intemperie.
Tiempo y personas se pierden en la calle: siempre somos aprendices
en lo lúgubre, colgamos la atadura en la escritura del sonambulismo,
nos fascinamos en el encantamiento del olfato, ante las transparencia
el calendario armado de lechuzas,
el mismo juego del fulgor del panfleto, en las ojeras del cuervo.
Y cuando el hervor sube a los cuarenta grados Celsius, ay, asfixia y martirio,
buzos en el cine mudo de la palabra: llueve las siete cabritas del espinazo,
el escriba versátil de la tablilla falsa, la rotación órfica del Phasianus colchicus,
ay, el tejado de la locura en un laúd de mudanzas irreversibles.
Cuando la sombra se vuelve posesa, es necesario un lavatorio y yerbas
aromáticas, —de esta forma, remojamos el rascacielos de la altanería,
y hasta podemos respirar, como en una parodia de dioses y semidioses.
En el estanque de las carrocerías, quizás quede la gotita de sal
pegada al desatino del espejo: allí los minutos interiores…
Barataria, 24.II.2013


sábado, 23 de febrero de 2013

DIGRESIONES

Warsztaty fotograficzne Holdena





DIGRESIONES




Me perdonan pero sólo leo libros de poesía, página tras página, la neblina de la tinta. Frente a la ventana se cruzan las historias de la calle, el apetito crudo hacia las bocanadas de aire: luego papel y tinta, la geometría de las palabras, el humo del tabaco torciendo la garganta. El tiempo siempre concluye en la amontonada caligrafía del poema, es el tiempo que pausa y limpia el aliento. Siempre vivo al límite de la madera y el fuego, y ocurre que siempre echo de menos los litorales de las ingles de la letra mayúscula en las páginas de los bolsillos. A diario, —ya como un rito ancestral— ojeo los libros usados que me trajeron los barquitos del invierno,  los de pasta aburrida y los elegantes que asoman como ramas de la estantería hecha al borde del horizonte. Leo cada página con su historia geométrica,  cojo otro y otro: gráciles páginas, el mechón de tinta con aroma a tierra, el polvo que roba mi olfato tras las primeras gotas de lluvia. El mundo es como un mar inmenso;  entre mis pies, Khloe, agachada, con su oscuridad desteñida casi al punto de mi desvarío; con su noble gesto me acompaña en mis largas jornadas de lectura y escritura, jamás dice no cuando paso mi mano por su cuello, centellean los sentidos como luces fluorescentes. Ya hace tiempo que le perdí el rumbo a las distancias, trabajo al ras de la madera como un carpintero empedernido; en realidad, nunca he querido cambiar el rumbo con mi escritura: en ocasiones, las palabras dilatan ese vientecillo que se cuela a través de las ventanas. El poema, después de todo, es como salir a la calle sin ropa y sin zapatos: basta confiar en un uno para proclamar el alfabeto. Lo único que quiebra mi voz son las piedras grises de la noche, las muchachas que florecen alígeras en el polen, el salto rudimentario de una silla al taburete, a la acera o a la piedra. Sé, ahora, que son increíbles los libros de poesía: parecen como peces saltando en mis ojos, me lanzan a voluntad propia hacia cualesquiera de los puntos cardinales: en su ancha dentadura caben los brazos y las adversidades, la llovizna y los cascos encabritados.  Siempre me resulta extraño el tiempo en los libros, extraño por el ritual de la escritura, extraño por el vuelo desenfundado, extraño por el espesor de los verbos, extraño en fin, por el grito humano, refugio de pañuelos y heridas. Al final, siento un avispero encendido, y la boca con estallidos de luz: despierto a la altura del último verso, mientras el sendero reacomoda su propia alegoría…

Barataria, 19.II.2013


jueves, 14 de febrero de 2013

LLINDARS

Imagen cogida de la red




LLINDARS




La Muerte está sentada
a mis umbrales... quien va a morir, va muerto.
JOSÉ MARTÍ




Creue el llindar, allà, a l’escorxador i la contraporta de la llinda.
Els ulls penjats de les mans, les paraules que el vent arrossega
com en un erm, les lletres grises dels reixats, 
ací el vent fred dels taüts, 
el galop de qui ja és mort, la música esvanida
de les ombres.
La fam dels camins em porta cap a aus errants: forceja el dia
i els oblits, nínxols foscos com els rellotges de l’alé.
Qui ja és mort només procura lletrejar la cendra, una espelma que s’obri
entre teranyines, el pouet de l’alba en les ombres.
Ja hi ha cansament i dolència en la brida de les sabates: 
—Serà possible emigrar amb tots els dubtes, el cordell del crepuscle
en les temples, el túnel dels somnis triturats?
Ací al meu costat en el límit del retorn.
La carronya de la tinta en l’escapulari. L’ou sec de l’alegria.
El lliri penjat del rou damunt de les parets, les hores cegues del finestral;
en la set, la falsa mà del jou, el cànem múltiple dels nus.
Consumeix la ràfega del crucifix, la llum violenta de l’identitat que agonitza,
el tràngol en la seua fogassa de claus.
Al capdavall, el manoll d’enderrocs dels somnis i el teixement de la boira.
Cadascú mor amb el seu mateix escalpel en les temples:
sí, bé en els sediments de l’ imant, bé en el puny de la salmorra.
Quan l’hàlit deixa de ser, la perplexitat de l’aprenentatge; quan s’avancen
les portes, es fa visible el corc…
A la meua vora l’aglomeració de les panolles i els cascos, l’èmfasi
De l’esbufec en la crepitació de les voltes de les properes aigües.

Baratària, 13.II.2013

“Umbrales” [‘Llindars’], poema d’ANDRÉ CRUCHAGA traduït del castellà al català per PERE BESSÓ






UMBRALES





La Muerte está sentada
a mis umbrales... quien va a morir, va muerto.
JOSÉ MARTÍ



Cruzo el umbral, allí, en el madero y la contrapuerta del dintel.
Los ojos colgados de las manos, las palabras que el viento arrastra
como en un páramo, las letras grises de las verjas, 
aquí el viento frío de los ataúdes, 
el galope de quien ya ha muerto, la música desvanecida
de las sombras.
El hambre de los caminos me lleva hacia aves errantes: forcejea el día
y los olvidos, nichos oscuros como los relojes del aliento.
Quien ya ha muerto sólo procura deletrear la ceniza, una vela que se abre
entre telarañas, el pocillo del alba en las sombras.
Ya hay cansancio y dolencia en la brida de los zapatos: 
—¿Será posible emigrar con todas las dudas, el cordel del crepúsculo
en las sienes, el túnel de los sueños triturados?
Aquí junto a mí en el límite del retorno.
La carroña de la tinta en el escapulario. El huevo seco de la alegría.
El lirio ahorcado del rocío sobre las paredes, las horas ciegas del ventanal;
en la sed, la falsa mano del yugo, el cáñamo múltiple de los nudos.
Consume la ráfaga del crucifijo, la luz violenta de la identidad que agoniza,
el trance en su hogaza de clavos.
Al final, el manojo de escombros de los sueños y la tejedura de la niebla.
Cada quien muere con su propio escalpelo en las sienes:
si, ya sea en los sedimentos del imán, o en el puño de la salmuera.
Cuando el hálito deja de ser, la perplejidad del aprendizaje; cuando avanzan
las puertas, se hace visible la carcoma…
Junto conmigo la aglomeración de las mazorcas y los cascos, el énfasis
del resuello en la crepitación de las bóvedas de las próximas aguas.

Barataria, 13.II.2013



viernes, 1 de febrero de 2013

VOREJAT

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VOREJAT




(Tots els dies voregen l’absurd, s’eviten, s’eludeixen. Aigües dolces i amargues, llits dolguts, cegues ombres en les persianes de la intempèrie. Darrere de les velles raneres, el sabor de la pena, el port que mai no a…bastà la llunyania o la dansa macabra de la saliva: la feixuguesa ha tornat foscos els dies com el celler implacable de la cendra. Un acaba descreient perquè tot es dóna en miniatures, després toca anar per les voreres de l’oblit, a ras de terra, sense santificar els rails apocalíptics de l’hidrargir que no poden estroncar-se. Per dissort la insània és pertot i ocupa les més altes jerarquies.)

—Sí, sovint, la pobresa dels somnis és més eloqüent que l’opulència
dels mateixos, diguem-ne, més visible entre reixats de fil d’aram,
al•lucinant en la seua penúria tràgica.
Demane si en la palma d’una mà cap tota la llum, la transparència
o si es fa necessari un costal de iute per tal d’amagar
aqueixos udolaments creixents del crepuscle,

la follia que abriguen amb avidesa certs plats,
la nit que és enllà en la seua demesia de parracs.
(Més val tard que mai.) —Així em parlà el secret i l’al•legoria de l’espill,
i la respiració de certs anatemes.

De tota manera, l’ensopegament acostuma a ser fortuït quan la brasa
s’amaga en el mutisme de la broma.
—Ara trobe que en l’escuma no tenen vigència les intrigues, sinó aqueix
esvaïment, sense pena ni glòria, de l’obediència del ferment.

Poema d'ANDRÉ CRUCHAGA, traduït al català per PERE BESSÓ






ORILLADO





(Todos los días orillan el absurdo, se evitan, se eluden. Aguas dulces y amargas, dolidos cauces, ciegas sombras en las persianas de la intemperie. Detrás de los viejos estertores, el sabor de la pena, el puerto que nunca alca...nzó la lejanía o la danza macabra de la saliva: la pesadez ha vuelto oscuros los días como el tabanco implacable de la ceniza. Uno termina descreyendo porque todo se da en miniaturas, después se hace necesario caminar por las veredas del olvido, al ras del suelo, sin santificar los rieles apocalípticos del azogue que no pueden restañarse. Por desgracia la insania está en todas partes y ocupa las más altas jerarquías.)

—Sí, a menudo, la pobreza de los sueños es más elocuente que la opulencia
de los mismos, digamos, más visible entre alambradas,
alucinante en su penuria trágica.
Pregunto si en la palma de una mano cabe toda la luz, la transparencia
o si es necesario un costal de yute para ocultar
esos crecientes alaridos del crepúsculo,

la demencia que abriga con avidez ciertos platos,
la noche que está allí en su demasía de harapos.
(Más vale tarde que nunca.) —Así me habló el sigilo y la alegoría del espejo,
y la respiración de ciertos anatemas.

De todas formas, el trastabilleo suele ser fortuito cuando la brasa
se oculta en el mutismo de la bruma.
—Ahora creo que en la espuma, no tienen vigencia los cabildeos, sino ese
desvanecimiento, sin pena ni gloria, de la obediencia del fermento.

Barataria, 2013